“La única puerta azul en calle Tabasco”, esa fue la frase de introducción que recibí por parte del chef cuando me invitó a probar este espacio. Y es que en este espacio no solamente se prueba la comida, sino que se prueba el lugar físico on its own. Con esta pequeña pero contundente frase fue que me introdujeron a este lugar, que al cruzar su tan famosa puerta azul me enamoró perdidamente.

FIN CDMX
Está casona antigua de la colonia Roma fue el lugar perfecto para que los partners de Vigneron dieran vida a un proyecto centrado en lo efímero, pero por efímero no me refiero a algo menos cuidado, porque el diablo vive en los detalles de este espacio. Y, es precisamente eso lo que buscaban los dueños, un espacio dinámico que presentará distintos pop ups perfectamente curados.


TLETL
A cargo del chef Christian Herrera, mejor conocido como el Brujo el Humo, el apodo con el que lo bautizaron en Crania, y el sommelier Arturo Ehecatl. Herrera trae todo el sazón desde Ensenada (arriba Baja California) hasta la CDMX, con el mejor producto y platillos que te regresan a casa. Esa combinación de carbón, fuego, humo y brasas evocan a un lugar que físicamente no he visitado en décadas.

La experiencia
Durante nuestra visita nos sentamos en la mesita de dos que queda justo al lado del ventanal de la casa. El chef hizo magia con las manos en su cocina, como buen brujo, y nuestra experiencia comenzó con unas tostaditas de paté de pescado, que nos hicieron regresar a casita. Seguido, llegó un sashimi de jurel hiramaza con una salsa de chile manzano y ralladura de limón amarillo, y lo único que puedo decir es: wow. Después, llegó un callito de hacha montado sobre elotes tiernos y piri piri. Para seguirle a la comedera nos trajeron la lengua servida con un aligot, y acompañada de chícharos y champiñones, que fue una cosa bárbara, es de esos platillos que tienes que probar para que no te anden contando. Todo esto lo maridamos con coctelería de la casa. Cuando ya la estábamos contando con el botonazo, y para cerrar con broche de oro y echar la sobremesa terminamos con un pastel de mil hojas de crepas con técnica brulee y albahaca morada.






Detrás de la única puerta azul en la calle Tabasco se esconde uno de los mejores proyectos gastronómicos de la CDMX, con una cocina montada en uno de los cuartos de la casona, un horno que calienta machín y carbón que quema durante horas para servir a los que se atreven a cruzar la puerta y sentarse en la casa, su casa.
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