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Zamia Fandiño y los claroscuros del mundo del arte

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Con una carrera que se ha desarrollado entre el cine, el teatro y la fotografía, Zamia Fandiño presenta Art is Dark and Full of Horror, una película, que se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Guanajuato, que explora los claroscuros del mundo del arte y temas como la ambición, el poder, el ego y la necesidad de reconocimiento.

¿Qué hace tan especial a esta película?

Es una película muy peculiar y profundamente oscura. Está inspirada en experiencias reales del director Artemio Narro dentro del mundo del arte contemporáneo: artistas, curadores, galeristas y coleccionistas. Lo interesante es que, aunque todos los personajes pertenecen a ese universo, en realidad no hablan de arte, sino de lo que pueden obtener a través de él.

La película muestra un engranaje donde predominan el ego, la ambición, el prestigio, el poder y el dinero. Nadie está realmente preocupado por el bienestar de los demás; cada personaje busca su propio beneficio. Y creo que ahí radica su fuerza: revela que muchas veces no llega más lejos el artista más talentoso o creativo, sino el más astuto, el que tiene los contactos, el encanto o los recursos adecuados.

¿Qué puedes contarme de tu personaje, Mara?

Mara es una curadora de arte de un museo importante. Es una mujer con influencia y sabe usar ese poder para obtener lo que quiere y para impulsar a quienes le conviene.

Ella se siente atraída por Daria, el artista más reconocido de la historia, pero él realmente la utiliza para acercarse a una Bienal internacional y conseguir mayor prestigio. Mara cree que tiene el control, pero en realidad su poder es aparente; los artistas terminan usándola o incluso destruyéndola emocionalmente.

Lo más interesante es que ningún personaje sale limpio. Todos muestran sus carencias, sus frustraciones y su lado más oscuro.

¿Qué significó para ti presentar la película ante el público mexicano en el Festival Internacional de Cine de Guanajuato?

La película ya había tenido su estreno internacional en Rotterdam, pero en Guanajuato fue la primera vez que pude vivir la reacción del público mexicano de manera presencial, y eso cambia muchísimo la experiencia.

Además, presentarla en el Teatro Juárez, un lugar tan histórico y simbólico, y siendo la película que abrió el festival en competencia, fue profundamente emocionante. Se me puso la piel de gallina. Sentí muchísima gratitud y una sensación de privilegio enorme por estar viviendo ese momento.

¿Qué esperas que la película genere en quienes la vean?

Me gustaría que provocara reflexión. Aunque habla del mundo del arte, en realidad retrata dinámicas de poder, manipulación, reconocimiento y ambición que existen en muchos otros ámbitos.

Ojalá el público pueda verse reflejado en alguno de los personajes y preguntarse qué haría en su lugar. A veces vemos estas historias y pensamos: “Yo jamás haría algo así”, pero cuando las situaciones nos tocan de cerca, las respuestas pueden cambiar.

Además de actriz, eres fotógrafa. ¿Cómo dialogan esas dos formas de expresión dentro de ti?

De maneras muy distintas. Como fotógrafa estoy detrás de la cámara y, especialmente en la street photography, intento ser invisible para capturar momentos auténticos.

Como actriz y como fotógrafa comparto algo fundamental: la búsqueda de los subtextos. Muchas veces lo que una persona dice no coincide con lo que realmente siente, y eso es lo que me interesa observar y retratar.

La fotografía también me da mucha tierra. Me recuerda la humanidad de las personas y me permite observar sin ocupar el centro de la escena.

¿Qué recuerdas de tu primer festival como actriz?

Fue cuando estudiaba teatro en la ENAT. Yo no tenía experiencia y vivir la reacción del público fue algo muy poderoso. Después hice otros festivales en Colombia y giras teatrales, y confirmé que hay algo muy especial en compartir una historia en vivo y sentir cómo el público se conmueve contigo.

¿Qué hace diferente estrenar una película en un festival?

El contacto directo con la gente. Escuchar sus risas, sentir sus silencios, notar si están incómodos, emocionados o conmovidos.

Después de la función llegan las conversaciones, las preguntas, las fotos, los comentarios. Esa retroalimentación inmediata es algo que no ocurre de la misma manera en otros espacios.

Después de tantos años de carrera, ¿qué te sigue emocionando de un estreno?

La incertidumbre. Nunca sabes cómo será recibido un proyecto.

A veces entras a una película convencida de que será un gran éxito y no sucede nada, y otras veces participas en algo sin expectativas y termina conectando profundamente con el público. Esa incertidumbre sigue siendo una de las cosas más emocionantes de esta profesión.

Si la película pudiera dejar una sola pregunta en el espectador, ¿cuál sería?

¿En qué lugar de esa pirámide estás tú? ¿Y qué estarías dispuesto a cambiar para que las relaciones de poder fueran diferentes?

¿Qué te llevas personalmente de este proyecto?

Muchísimo. Trabajar con Artemio Narro fue un regalo; es un artista muy sensible y profundo. También compartir pantalla con actores como Irene Azuela, Martín Altomaro, José María de Tavira y el resto del elenco fue una experiencia muy enriquecedora.

Y me llevo algo importante: la belleza de participar en proyectos alternativos, íntimos y honestos, que no buscan únicamente vender boletos, sino contar una historia genuina, aunque sea incómoda y oscura.

¿Qué fue lo más complicado de interpretar a Mara?

Hubo una secuencia muy larga y emocionalmente intensa con el personaje de Martín. Además, ese día yo estaba comenzando una crisis de migraña fuerte y físicamente no me sentía bien.

Sabía que no estaba al cien por ciento, pero la escena tenía que filmarse esa noche. Y filmar de noche cambia completamente la energía, el cuerpo y la concentración. Fue un reto muy grande sostener emocionalmente una escena tan compleja cuando físicamente estaba agotada.

¿Qué es lo que más disfrutas de todo lo que has logrado?

Saber que de alguna manera inspiras a otras personas.

Hace muchos años adopté un perro callejero cuando todavía no era algo tan común, y después vi cómo varias personas cercanas también comenzaron a adoptar. Ahí entendí que los actores, nos guste o no, somos referentes para mucha gente.

Eso me parece hermoso, pero también una gran responsabilidad. Por eso intento ser cuidadosa con lo que comparto y con los mensajes que transmito.

Para ti, ¿qué es actuar?

Actuar es reaccionar con verdad a estímulos ficticios.

La situación no es real, pero la respuesta emocional del personaje tiene que ser absolutamente verdadera. Y para lograrlo, hay algo fundamental: escuchar.

No puede existir una reacción auténtica si no estoy escuchando realmente al otro actor. Los estímulos no vienen de mí; vienen del otro. Por eso, para mí, la actuación es escucha, verdad y presencia.

Y si no fueras actriz, ¿qué crees que habrías sido?

De niña quería ser astronauta. Estaba convencida de ello.

También me habría encantado ser fotógrafa documental, como Sebastião Salgado, o alguien que trabajara contando historias de la naturaleza, como David Attenborough.

De hecho, hace algunos años viajé sola por Asia durante tres meses con mi cámara, moviéndome entre hostales y tomando fotografías. Esa parte exploradora sigue muy viva en mí.

Aún sueño con el espacio así que ojalá algún día me toque interpretar a una astronauta. Y si no, al menos seguir explorando el mundo con una cámara en la mano.

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