Hace diez años, después de pasar unos meses en París, Shahpary Pulido regresó a México con una idea: crear una marca de moda que reuniera aquello que había descubierto fuera del país con algo que siempre había tenido cerca, la artesanía mexicana. Así nació Palo de Yucca, lo que empezó como una marca enfocada en sombreros se transformó con los años en una propuesta de luxury resort wear que ha llevado el trabajo de artesanas mexicanas a distintos lugares del mundo. De México a Marruecos, India, París y Estambul, Shapi ha construido una marca que también ha evolucionado con su propia historia.
A una década de aquel primer sombrero, Palo de Yucca continúa cambiando.

¿Qué te inspiró a crear Palo de Yucca?
Empecé hace 10 años, en octubre de 2016, así que este octubre la marca cumple una década. Creo que todo empezó porque mi primera hija, Rania, nació en abril y, cuando tenía entre tres y cinco meses, nos fuimos a París. Estuvimos allá durante esos primeros meses de su vida y, cuando regresamos, me quedé con muchas ganas de hacer una marca de moda.
Pasé dos meses viendo cómo se vestían allá. Los hombres son mucho más chic, hay un estilo muy de la Riviera Francesa, con colores blancos, limpios… y los sombreros siempre han estado muy presentes.
Justo en ese momento, hace 10 años, la moda de los sombreros estaba empezando a llegar a México. También estaba creciendo el interés por la artesanía mexicana aplicada a las tendencias actuales. En ese entonces prácticamente no había marcas de sombreros en México. Éramos dos marcas en toda la República; hoy puede haber cientos.
Entonces fui pionera en ese sentido. Después, obviamente, surgieron muchas copias por todo México, pero yo empecé trabajando con moda y artesanía de Chiapas y Oaxaca.
Trabajé con dos fundaciones diferentes. Una de ellas fue Hilando Arte, que me conectó con los tenangos de Tenango de Doria, Hidalgo. Ahí hicimos talleres con artesanas para bordar con hilo metálico dorado sobre seda y desarrollamos una línea de chamarras sobre tafeta de seda.
Después trabajé con otras dos fundaciones: una en Oaxaca, para hacer bandas bordadas con flores para los sombreros, y otra en Chiapas, con bandas chiapanecas. Con estas tres fundaciones empezamos con sombreros y después fuimos evolucionando hacia la ropa.
Sacamos colecciones estilo resort y, con una comunidad de la Sierra Norte de Puebla, trabajé con un colectivo de mujeres que desarrolló para nosotros un bordado llamado pepenado. Es un bordado hecho en repetición, con líneas y figuras geométricas. Es parecido a esos vestidos griegos que tienen muchas líneas repetidas, pero llevado al estilo mexicano.
Sacamos una colección de 50 vestidos sobre manta que fue un éxito, aunque tomó mucho tiempo producirla porque, al ser bordado a mano, las colecciones tardaban mucho en salir.
A partir de ahí fuimos evolucionando. Me fui a Marruecos a descubrir su moda, donde utilizan mucho las palmeras, los bordados y los pompones, y desarrollé una colección de ropa inspirada en los kimonos marroquíes.
Después fui a una feria en Estambul, Turquía, y conocí a unos proveedores de India. La tela que hacen allá es única; tienen algodones impresionantes y colores de hilos neón y metálicos que no encuentras en otros lugares.
Esa feria, que es como un punto de conexión entre Europa, Asia y los países árabes, me hizo darme cuenta de que algunas de las mejores telas que podía utilizar para mis colecciones estaban en India. Así que las últimas dos colecciones han sido desarrolladas con telas de allá.
Ha sido una evolución trabajando con comunidades y colectivos de mujeres en México, después explorando Marruecos y ahora India. Las marcas de moda tienen que evolucionar y así ha evolucionado Palo de Yucca”.
Empezamos con sombreros, pero hoy hacemos principalmente ropa resort: luxury resort wear, con colores muy divertidos y colores de playa. En eso estamos ahora.
¿Por qué decidiste llamarla Palo de Yucca?
Estaba explorando diferentes tipos de paja porque originalmente quería hacer sombreros de paja, Panama hats. De hecho, era el sombrero que quería desarrollar porque es uno de los estilos más elegantes y clásicos, tanto para hombres como para mujeres, desde los años veinte.
Y aunque se llaman Panama hats, en realidad no son de Panamá: vienen de Ecuador. Hace 100 años, cuando se exportaban estos sombreros, pasaban por el Canal de Panamá hacia distintos lugares del mundo, y de ahí surgió el nombre.
Yo empecé a trabajar con sombreros de paja toquilla, que es una de las fibras utilizadas en Ecuador para hacer los Panama hats, además de la paja jipijapa.
Pero, mientras estaba descubriendo diferentes tipos de paja, encontré que también existe una fibra de yuca que crece en México. Yo no quería utilizar un nombre relacionado con Ecuador u otro país; quería algo que tuviera una fibra mexicana.
Aunque no existen sombreros hechos de yuca como tal, la planta sí tiene una fibra que se conoce como yuca. Por eso decidí llamarlo Palo de Yucca.

¿Qué es lo que más disfrutas de Palo de Yucca?
Creo que lo que más disfruto son mis clientas y ver la evolución de la marca junto con ellas. Me encanta ver cómo han ido evolucionando conmigo y cómo muchas han permanecido fieles a Palo de Yucca.
Cuando empecé, estaba solamente en Ciudad de México. Después comenzamos a vender al mayoreo en hoteles y resorts de lujo en todo México. Luego llegamos a Estados Unidos: Vail, Key Biscayne, San Antonio, Nueva York…
En 2018 fui a una exposición de moda en París y empecé a vender en Le Bon Marché, que es una de las tiendas departamentales de lujo más importantes de Europa.
También conocí a una marca coreana que comenzó a comprarme y terminamos vendiendo en Corea del Sur.
Esa exposición de 2018 fue muy importante porque me ayudó a expandir la marca a Europa y Asia. Antes solamente vendía en América, en México, Estados Unidos y Guatemala. Ese momento fue un verdadero boom para la marca y me permitió cruzar el océano.
También he tenido momentos que han sido muy importantes para mí. Por ejemplo, cuando Dolce & Gabbana presentó su alta moda en México, utilizaron dos de mis sombreros en su desfile.
Fue muy especial porque ni siquiera sabía que los habían comprado para el desfile. Ellos se estaban hospedando en el Four Seasons de Reforma y habían conocido mis sombreros en la boutique. Les gustaron, los compraron y los utilizaron en el desfile. Yo me enteré después, cuando unas amigas que estaban ahí me mandaron fotos y me dijeron: “Estos sombreros son tuyos”.
He tenido muchos momentos así. Incluso hubo una temporada en la que estuve en Vogue y clientas que viajaban a París me mandaban fotos diciéndome: “¡Mira, tus sombreros están aquí!”.
Para mí ha sido muy bonito ver una marca mexicana presente en otros lugares del mundo”.
¿Qué significa para ti poder llevar el nombre de México a otros países?
Es muy importante. Por eso siempre he buscado participar en exposiciones internacionales, como las de Estambul y París.
Es muy cómodo quedarse en México, vender aquí y estar solamente en bazares, pero creo que la artesanía mexicana es tan apreciada fuera del país que es muy importante enseñarle al mundo cómo puede aplicarse a la moda actual.
A mucha gente le encanta la artesanía, pero no necesariamente sabe cómo incorporarla a su vestimenta cotidiana de una manera moderna. Para mí, lo interesante es hacer esa combinación y crear algo que la gente quiera usar.
Esa es la forma en la que entiendo la moda: encontrar cómo aplicar la artesanía a algo actual.
¿Qué representa Palo de Yucca en tu vida?
Palo de Yucca ha sido mi bebé. Lo empecé cuando mi primera hija tenía cinco meses y después nació mi segunda hija. Mi hija grande tiene 10 años, la chiquita tiene ocho y Palo de Yucca tiene 10 años.
Ha sido como mi tercer bebé. Ha crecido junto con mis hijas y ha sido parte de sus vidas desde que eran bebés.
Ahora estoy en un momento en el que estoy viendo hacia dónde puede evolucionar la marca. Me estoy tomando un pequeño descanso para tener nuevas ideas creativas y pensar qué puede venir después.
Estoy preparando nuevas colecciones que se van a presentar en Bazar Gilberto, en octubre, en Hacienda de los Morales. Estoy trabajando con nuevas telas de India que van a estar muy padres.
Después de eso voy a ver hacia dónde quiero llevar Palo de Yucca. Nada está escrito.
Probablemente siempre voy a tener una colección de sombreros porque con eso empecé. Ahora están muy de moda los western hats y tengo una colección que puedes personalizar a tu gusto con chiffon, sedas, plumas y dijes. Incluso puedo quemar tus iniciales en el sombrero.
La moda va cambiando, y Palo de Yucca también ha evolucionado con ella. Cada año tienes que estar lista para esos cambios. Los sombreros siempre van a ser una base de la marca, pero con la ropa tengo que seguir creando y haciendo cosas diferentes.

¿Qué parte de ti está en Palo de Yucca?
Todo. Es 100% mío, 100% mi marca. La hice desde cero y nunca tuve socios, inversionistas ni nadie detrás.
Yo investigaba en qué hoteles podía estar, cuáles eran los hoteles de lujo en México, qué exposiciones había… todo lo hacía yo.
Ha sido completamente self-made. Me acuerdo de que escribí a unos 50 o 60 hoteles con mi presentación y los sombreros. Me contestaron dos.
Pero así empecé. Hasta que la marca se dio a conocer y la gente empezó a saber quién era Palo de Yucca. Al principio tienes que tocar puertas hasta que alguien te las abra.
¿Qué dirías que es el éxito?
Creo que el éxito es no aceptar un “no” como respuesta final. Tienes que seguir tocando puertas. Si no es por un lado, será por otro.
Siempre va a haber una puerta abierta y siempre alguien va a decir que sí. Entonces, para mí, es no aceptar el no.
También es saber qué quiere la gente y poder desarrollar un producto que responda a eso. No se trata solamente de algo que te guste a ti. Tiene que gustarle a tu mercado.
Y no solamente a tu mercado local: tiene que funcionar internacionalmente. Tienes que entender a las estadounidenses, a las europeas, a las asiáticas y saber diversificarte de acuerdo con las necesidades y gustos de cada mercado.
Es un panorama mucho más amplio que tú y tus amigas. Y creo que eso es algo que muchas veces se les olvida a las personas que están empezando una marca.
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