Encontrar un propósito puede cambiar el rumbo de cualquier proyecto. Para Jessica Sarquis, la fundadora de Nudo Común, el diseño dejó de ser únicamente una herramienta creativa para convertirse en un vehículo de transformación social. Lo que comenzó como una red de talleres hoy impulsa un programa que trabaja con mujeres privadas de la libertad, creando oportunidades para aprender, desarrollar nuevas habilidades y generar una fuente de ingresos a través de piezas hechas a mano. Convencida de que los cambios más importantes empiezan desde adentro, su misión es construir nuevas oportunidades a partir del talento, la empatía y el trabajo colectivo.

¿Cómo nació Nudo Común y cuál es el enfoque que tiene hoy?
Lo que estamos haciendo hoy con Nudo Común es un programa de impacto social. Trabajamos con mujeres que se encuentran en prisión y nos hemos especializado en impartir talleres que no solo sean recreativos, sino que también les permitan desarrollar herramientas para generar ingresos.
La intención es que cada taller tenga un propósito. Tenemos uno fijo de autoliderazgo, pero además impartimos talleres de velas, flores, costura, bordado y distintas disciplinas. Después las acompañamos para que, a partir de todo lo que han aprendido, puedan desarrollar una colección propia.
Por ejemplo, ahora vamos a lanzar una línea de manteles de lino bordados a mano. Lo estamos haciendo junto con Nudo Común bajo una nueva marca que se llama Dentro, con la que comercializaremos los productos elaborados dentro de los centros penitenciarios.
Nudo Común ha evolucionado mucho. Al principio era un proyecto enfocado en talleres educativos e informativos; hoy también busca abrir oportunidades económicas a través de la comercialización de las piezas que ellas crean.
¿De dónde nace Nudo Común? ¿Qué viste que te hizo querer aportar ahí?
Nudo Común nació porque tenía una red muy grande de talleristas, pero me hacía falta encontrar una comunidad que realmente quisiera aprender, que tuviera el tiempo y el compromiso para desarrollar estos proyectos.
Fue un proceso de prueba y error. Primero intenté trabajar con comunidades indígenas y con niños. Después recordé que tenía contacto con personas del sistema penitenciario y decidí presentarles el proyecto y toda la red de talleristas que había construido. A partir de ahí surgió la oportunidad de trabajar en los reclusorios.
De hecho, cuando tenía mi marca de moda ya había producido algunas piezas dentro de un centro penitenciario y fue ahí donde nació este interés por desarrollar un proyecto mucho más profundo con esta comunidad.
¿Qué es algo que nadie te cuenta sobre dirigir un programa como Nudo Común?
Creo que nadie te dice que, conforme el proyecto crece, empieza a convertirse en una especie de pulpo. Tú crees que ya tienes muy claro lo que va a ser, pero conforme avanzas aparecen nuevas necesidades que jamás imaginaste atender.
Yo decía que nunca iba a volver a diseñar, y ahora me encuentro otra vez diseñando. No ropa, pero sí ayudando a desarrollar colecciones de joyería, accesorios, objetos para el hogar y otros productos.
Al final entiendes que un proyecto nunca está terminado. Es como una casa: siempre hay algo que mejorar, cambiar o construir.
Por eso ahora queremos especializar mucho más esta nueva etapa. Hoy estamos enfocados en productos para el hogar, aunque quizá dentro de un año y medio el proyecto evolucione hacia otra dirección.

¿Por qué decidieron llamar “Dentro” a esta nueva marca?
El nombre tiene varios significados.
No solamente hace referencia a que las piezas están hechas dentro de un centro penitenciario. También habla de que cualquier transformación empieza desde adentro: dentro de una persona, dentro de una institución o dentro de un hogar.
Queríamos transmitir la idea de que todo cambio verdadero nace primero en el interior antes de reflejarse hacia afuera.
Además, por eso decidimos enfocarnos en objetos para el hogar. Una casa habla mucho de quién eres; cada objeto que eliges cuenta una parte de tu historia.
Bloom y Nudo Común tienen propósitos distintos, pero ambos buscan generar un impacto.
¿Qué significa para ti crear proyectos con ese objetivo?
Me hace sentir muy orgullosa.
Durante mucho tiempo trabajé en moda y disfrutaba muchísimo esa parte creativa, pero con Nudo Común encontré otra dimensión.
Tal vez un proyecto no cambia el mundo por completo, pero sí puede cambiar la vida de algunas personas. Quizá de cincuenta mujeres que toman un taller impactes profundamente a diez, pero esas diez personas ya representan una diferencia enorme.
Creo que los grandes cambios empiezan así: de manera muy pequeña y poco a poco se vuelven algo mucho más grande. Esa posibilidad de generar un impacto, aunque sea gradual, me produce una satisfacción enorme.
¿Qué representa Nudo Común en tu vida?
Representa haber encontrado un propósito.
Mi pasión sigue siendo el diseño y crear proyectos como Bloom, pero Nudo Común va más allá de una pasión. Es el proyecto que me hizo entender cuál es mi propósito: sembrar una pequeña semilla que pueda hacer una diferencia en la vida de otras personas.
¿Qué te gustaría que la gente pensara cuando escucha el nombre Nudo Común?
Me gustaría que entendieran que no es solo un programa que comercializa productos o que imparte talleres.
Es un proyecto completamente colectivo.
Cualquier persona tiene algo que aportar. No necesitas pertenecer a una disciplina específica para participar; cualquier conocimiento puede convertirse en un taller y generar un impacto.
Para mí son fundamentales las segundas oportunidades, la empatía y la posibilidad de compartir el talento.
Quiero que Nudo Común sea una red donde, a través del arte y los oficios, se construyan nuevas comunidades, nuevas formas de pensar y redes de apoyo.
Y ahora, con la comercialización de los productos, también queremos que la gente entienda el valor que existe detrás de cada pieza. No es solo un mantel bonito o un objeto decorativo; es el resultado de una cadena de aprendizaje, colaboración y transformación que permitió que esa pieza llegara hasta tu casa.
Deja un comentario