Luis Alberti habla de No tengo miedo, la paternidad, la masculinidad y los personajes que han transformado su carrera. En una conversación honesta, Luis reflexiona sobre la actuación como un espacio para cuestionarse, descubrir nuevas posibilidades y mirar de frente aquello que nos hace humanos.

Una historia que deja huella
Para Luis, No tengo miedo representa mucho más que un nuevo proyecto. La serie, dirigida por Ernesto Contreras y centrada en las infancias, llegó a la audiencia como una historia profundamente querida por todo el equipo. En ella, Luis interpreta a Pino, un padre que, pese a tener las mejores intenciones, se enfrenta a sus propias limitaciones y termina convirtiendo esas intenciones en una tragedia. El personaje significó para Luis un punto de inflexión en su carrera y una oportunidad para explorar la paternidad desde un lugar incómodo. Pino es un padre fallido y errático, pero también profundamente humano. Como explica Luis: “No es justificable, pero es humano. Y eso lo hace profundamente bello y conmovedor.”
Cuestionar lo que significa ser hombre
A través de Pino, Luis también se acerca a una conversación más amplia sobre la masculinidad. Ser proveedor, padre, líder, valiente o responsable son ideas que durante años han definido lo que se espera de un hombre, pero que no siempre corresponden con las herramientas emocionales que realmente tiene para enfrentar una crisis. “¿Qué nos define como hombres?”, se pregunta Luis al hablar del personaje. Para él, la paternidad y la masculinidad son conceptos que vale la pena cuestionar, analizar y desnudar. Pino representa a ese padre que quiere cumplir con todas las expectativas, pero descubre que querer hacerlo bien no siempre significa tener las herramientas para conseguirlo.

Luis también habla de una figura presente en muchas familias: “Tenemos padres ausentes, ausentes incluso estando presentes.” Desde ahí, No tengo miedo plantea una reflexión sobre la adultez y las responsabilidades que asumimos sin necesariamente estar preparados para ellas.
La actuación como espejo
Después de años de trabajar en cine, televisión y teatro, Luis reconoce que su manera de acercarse a los personajes ha cambiado. Hoy lo hace con mayor conciencia, respeto y humildad. “Los personajes me han ido formando. Algunos me confrontan, otros me abrazan y todos dejan algo detrás.”
Para Luis, actuar significa experimentar otras versiones de sí mismo. Los personajes pueden convertirse en amigos, maestros, mentores, padres o enemigos que dialogan con su propia verdad. “Los personajes son una versión de mí mismo que se convierte en una especie de mejor amigo, maestro, mentor, padre, enemigo”, explica. Esa búsqueda de honestidad es algo que permanece desde sus comienzos: encontrar aquello que considera verdadero y compartirlo con los demás. Para Luis, la actuación también funciona como una forma de liberación: “Te libera de ti mismo, te libera también de estructuras que vienen de fuera”.

Personajes que transforman
Entre los personajes que han marcado su trayectoria, Luis recuerda especialmente el de El diablo en el camino. Describe la película como uno de los procesos más complejos, profundos, honestos, humildes y místicos de su carrera.
“Para mí esa película es un poema”, afirma Luis. La historia de un hombre que atraviesa su propio purgatorio y regresa con una posibilidad de esperanza conecta con una idea que también define su manera de entender la vida: la capacidad humana de crearse, recrearse, generarse y regenerarse. “La conciencia de la posibilidad humana de crearte, recrearte, generarte, regenerarte es algo que busco conservar y fomentar a través de la voluntad, el compromiso, la disciplina, el amor y la acción.”
Más allá de lo doméstico
Lo que viene para Luis apunta hacia territorios todavía inexplorados. Después de interpretar personajes relacionados con la familia y las relaciones amorosas, le interesa acercarse a mundos de fantasía, surrealismo y ciencia ficción.

“Me gusta mucho la fantasía, me gustan mucho las posibilidades más allá de lo doméstico”, cuenta. Luis quiere explorar historias que amplíen los límites de lo cotidiano y de la denuncia social. No porque esas historias hayan perdido valor, sino porque considera que la creatividad también puede abrir otras puertas. El cine de acción, el terror, los personajes alegóricos, los seres fantásticos y la ciencia ficción aparecen entre los territorios que más le entusiasman. “Todos estos lugares épicos donde todo es posible” son, para Luis, una oportunidad para llevar la imaginación más allá. México, además, se encuentra en un momento que Luis percibe como especialmente interesante para estos géneros. El actor reconoce que el país está desarrollando cada vez mejor su propio cine de acción y también encuentra posibilidades en la ciencia ficción, un terreno que ya exploró recientemente en un proyecto de David Gaitán relacionado con la pandemia, el futuro y la realidad virtual.
Para Luis Alberti, todavía queda mucho terreno por explorar. Su carrera parece avanzar con la misma inquietud que define su relación con la actuación: experimentar, descubrir y dejar atrás la comodidad de repetirse.
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