A lo largo de su carrera, Yare Santana ha construido un camino marcado por la curiosidad y las ganas de seguir explorando. Ha dado vida a distintos personajes y contado historias muy diferentes, pero hay algo que permanece: la necesidad de encontrar nuevos retos y formar parte de proyectos que tengan algo que decir.
Para ella, cada historia es también una oportunidad para descubrir algo nuevo. Busca personajes que la reten, que le permitan salir de lo conocido y acercarse a universos que quizá no ha explorado antes. Una muestra de ello es Hotel Todo Incluido, un proyecto que desde el inicio despertó en ella las ganas de formar parte de algo diferente y, sobre todo, de contar una historia que le hacía ilusión.
Después de tantos años de carrera, muchos sueños ya se han convertido en realidad. Sin embargo, Yare sigue mirando hacia adelante con la misma curiosidad de aquella niña que comenzó a subirse a un escenario y que todavía encuentra nuevas razones para querer ser actriz.

¿Qué sueño tenías de niña que todavía no has cumplido?
De niña quería ser bailarina de ballet clásico. De hecho, estuve un tiempo en ballet y creo que siempre tendré esa bailarina frustrada dentro de mí.
Evidentemente, a estas alturas ya no podría dedicarme profesionalmente al ballet, pero como actriz nunca hay nada imposible. Me encantaría interpretar algún día a una bailarina.
Primero, porque representaría un reto físico, pero también porque los pocos años que tomé ballet de niña y las amistades que tuve con bailarinas y bailarines me permitieron conocer de cerca lo complejo que es ese mundo: la disciplina, el esfuerzo, el sacrificio y todo lo que implica psicológicamente.
Es un universo que como actriz me encantaría explorar. Así que sí, es un sueño que tuve de niña y que todavía tengo.
Y si tuvieras la oportunidad de pedir un deseo, ¿sabrías qué pedir?
Creo que sí. Es una pregunta que incluso me hice mientras trabajaba en la serie de Hotel Todo Incluido.
Tengo muchos deseos, por supuesto, pero si pudiera pedir algo que realmente necesito hoy, me encantaría poder compartir aunque fuera un ratito con mis seres queridos que ya no están.
Tener la oportunidad de tomar un café con ellos, platicar sobre todo lo que ha pasado y pedirles consejos. En especial con mis abuelos, a quienes extraño muchísimo. Ellos formaron parte de toda mi infancia, mi adolescencia y también de una parte importante de mi vida adulta.
Sería muy feliz si pudiera tener aunque fuera un pequeño momento con ellos nuevamente.

¿Hay algo que antes pensabas que necesitabas para ser feliz y que hoy ves de manera diferente?
Creo que una de las cosas más importantes que aprendí fue a hacerme responsable de mis decisiones.
Obviamente, cada persona vive circunstancias completamente diferentes y hay situaciones extremas en las que no tenemos el poder de decidir. Pero, en mi caso particular, aprender a hacerme responsable de las buenas y malas decisiones que tomaba cambió mucho mi manera de ver las cosas.
Dejé de poner la culpa o la responsabilidad afuera y empecé a asumirla, cargar con ella y tomar las siguientes decisiones a partir de eso.
También aprendí a no buscar la felicidad afuera. Creo que muchas veces buscamos una felicidad absoluta, como si fuera un estado que pudiéramos mantener para siempre, cuando en realidad los momentos de felicidad son pequeños.
Incluso los momentos tristes forman parte de la vida. Por eso creo que enfocarnos en el presente es tan importante.
Ahora mismo, mientras estamos haciendo esta entrevista, no estoy pensando en una preocupación que tendré en dos horas ni en algo que me pasó ayer. Estoy aquí, escuchando y viviendo este momento.
Quizá si aprendemos a estar realmente presentes podamos vivir pequeños momentos de felicidad que, con el tiempo, se conviertan en una vida mucho más plena.
Ahora voy a hacer todo lo contrario a lo que acabas de decir y te voy a llevar al pasado: ¿cómo recuerdas el inicio de tu carrera, cómo te sientes hoy y cómo te gustaría estar en el futuro?
Empecé muy pequeña, en una compañía infantil, y profesionalmente, alrededor de los 17 o 18 años, comencé a hacer mi primer programa.
Tenía muchísima curiosidad y muchas ganas, pero también un poco de miedo porque estaba entrando en un terreno que no conocía. Aun así, me sentía muy feliz y afortunada de poder iniciar mi carrera en algo que realmente me apasionaba.
Tenía amigos y amigas que estudiaban una carrera y después la dejaban porque se daban cuenta de que no era lo suyo. Yo tuve la fortuna de encontrar mi vocación desde muy pequeña y de poder convertir ese sueño en algo tangible.
¿Cómo me siento ahora? Creo que igual. Con muchísima curiosidad y muchísimas ganas, como si estuviera empezando.
Todavía tengo ganas de seguir aprendiendo, de encontrar nuevas historias y personajes increíbles que pueda contar con todas las herramientas que he adquirido como actriz, pero también desde mi experiencia personal.
Claro que también existen miedos. Es una carrera compleja e inestable y, conforme pasan los años, tienes más responsabilidades. Empiezas a pensar en formar una familia, en temas fiscales y en muchas otras cosas que hacen que este universo se vuelva cada vez más amplio.
Pero en cuanto a la carrera, sigo teniendo las mismas ganas y emociones que esa niña que empezó a subirse a un escenario.
Y en el futuro espero seguir igual. Creo que si algún día se apaga esa chispa, esa curiosidad o incluso ese nervio antes de empezar un proyecto, tendría que preguntarme si quiero seguir siendo actriz.
Esta profesión te permite seguir aprendiendo y sorprenderte todos los días, sin importar la experiencia, el momento de tu carrera o la edad que tengas. Cada personaje y cada historia pueden enseñarte algo nuevo.
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