
En la Colonia Juárez, Piazza Pasticcio construye algo más que una experiencia gastronómica. Entre pastas hechas en casa, una tienda de productos propios y un bar que invita a alargar la noche, su universo italiano encuentra una nueva dirección en Amici.
Hay lugares que empiezan a conquistarte antes del primer trago o del primer bocado. A veces basta con la manera en la que te reciben, la atención a los pequeños detalles o esa sensación de que alguien realmente quiere compartir contigo lo que ha construido. Eso fue lo primero que me pasó al llegar a Piazza Pasticcio.
Ubicado en una casona de los años treinta en la colonia Juárez, el restaurante tiene una forma muy particular de entender la hospitalidad. El equipo se acercó a saludarnos desde el primer momento y, durante la comida, cada platillo llegó acompañado de una explicación que invitaba a descubrirlo más allá de lo evidente. Pero hubo un detalle que me conquistó incluso antes de sentarme a la mesa: al abrir la carta, encontré en la primera página los nombres de las personas que forman parte del restaurante y del bar. En una industria donde muchas veces el protagonismo se concentra en el chef o en el concepto, reconocer a quienes hacen posible la experiencia se sintió como un gesto pequeño, pero profundamente significativo.
La visita tomó un giro inesperado cuando el chef Matteo Zega nos invitó a recorrer la cocina. Entre los detalles que más me sorprendieron estaba una pequeña biblioteca donde el equipo puede aprender e investigar, el espacio dedicado a la elaboración de pasta fresca y un refrigerador con distintas piezas de carne. Al preguntar por ellas, nos contaron que la pieza más antigua llevaba seis meses ahí. Fue uno de esos momentos que despierta curiosidad y te recuerdan cuánto sucede detrás de un plato antes de que llegue frente a ti.
En Piazza, la producción propia no es solamente un recurso culinario: es parte esencial de su identidad. Bajo la dirección de Zega, la cocina explora una visión contemporánea de la tradición italiana, con una atención especial al producto y a los procesos artesanales. Esa filosofía también se extiende a Alimentari Pasticcio, su tienda de productos italianos, donde es posible encontrar pastas, panes, quesos, conservas y otras preparaciones elaboradas por el equipo, además de una selección de productos cuidadosamente elegidos. Es una manera de llevarse un pedacito de Piazza a casa y prolongar la experiencia más allá del restaurante.
Pero había una última parada que terminaría convirtiéndose en la protagonista de la noche; Amici, el nuevo bar unicado en la planta alta.

Con tres salones y una atmósfera oscura, íntima y absolutamente encantadora, Amici parece diseñada para esas noches que no necesitan demasiadas excusas para extenderse. La iluminación, la decoración y el ambiente construyen una escena con un aire cinematográfico, entre el glamour italiano de otra época y la intimidad de un bar al que quieres regresar. Su concepto, La Dolce Notte, recupera precisamente esa idea de disfrutar la noche sin prisa, con buenos cócteles, música y una buena compañía.
La coctelería parte de clásicos interpretados con un acento italiano, una propuesta que encuentra su encanto en no complicar demasiado las cosas. Los drinks que probamos estaban deliciosos y el servicio mantuvo esa misma calidez que había marcado el resto de la visita: atento, amable y presente sin resultar invasivo. Porque, al final, la diferencia entre un lugar bonito y uno al que realmente quieres volver suele estar en cómo te hace sentir.
El reconocimiento a su equipo, en la curiosidad que despierta su cocina, en la posibilidad de descubrir sus productos y, ahora, en un bar que invita a cambiar la sobremesa por una por una última copa.
Amici tiene todo para convertirse en ese nuevo punto de encuentro en la Juárez al que llegas por un cóctel y terminas quedándote mucho más de lo planeado. Y quizá esa es la mejor forma de entender el universo de Piazza: no como una suma de restaurante, tienda y bar, sino como una invitación a disfrutar la hospitalidad italiana en todas sus formas.
Deja un comentario