Emprender implica mucho más que compartir una visión de negocio. Significa aprender a escuchar, confiar, ceder y crecer juntos. Para Robe Grill, Andrés Morales y Chema Martínez, la gastronomía se ha convertido en el punto de encuentro donde la experiencia y las nuevas ideas conviven para dar vida a proyectos que buscan dejar huella.
Con conceptos como Tacos Paris y el crecimiento constante de Grupo Robegrill, han demostrado que el éxito no se construye únicamente a partir de grandes aperturas, sino de la capacidad de mantener vivos los proyectos a través del trabajo, la pasión y la disciplina.

¿Qué les ha enseñado emprender juntos como padre e hijo?
Andrés: Me ha enseñado a escuchar. A entender que hay personas con una visión diferente a la mía. He aprendido que no siempre mi forma de ver las cosas es la única y que muchas veces las mejores decisiones surgen cuando te permites escuchar otros puntos de vista.
Robe: Yo he aprendido dos cosas fundamentales: paciencia y valoración. Cuando empezamos, tenía 18 años y era muy inmaduro, tanto en lo personal como en lo profesional. No entendía realmente lo que significaba tener a mi papá como socio. Con el tiempo aprendí a valorar muchísimo todo lo que aporta y también entendí que una relación padre-hijo dentro de una empresa solo funciona con paciencia, comunicación y disposición para escuchar al otro.
¿Cuál ha sido la decisión más arriesgada que han tomado como socios?
Sin duda, abrir este proyecto, Tacos Paris, en Ciudad de México.
Es un concepto ambicioso, en un espacio grande y en una ciudad muy competitiva. Además, estamos apostando nuestro propio capital. No tenemos socios externos; hemos construido todo con nuestras propias manos, desde la operación y la cocina hasta la comunicación del proyecto.
Ha sido un riesgo importante, pero también uno de los proyectos más emocionantes que hemos emprendido hasta ahora.
¿Cómo saben cuándo una idea merece convertirse en un restaurante?
Andrés: Creo que realmente no empieza con una idea, sino con una pasión. En nuestro caso, todo surgió a partir del amor por la gastronomía y por cocinar. Así fue como conocimos a Chema y empezamos a construir proyectos juntos.
Robe: También hemos aprendido que las ideas nunca son perfectas. No existe el momento ideal ni la propuesta perfecta. Lo importante es tener la disposición de ejecutar, asumir riesgos y permitir que el proyecto evolucione.
Chema: Además, este proyecto no lo hicimos solamente nosotros. Lo construyó todo un equipo. Cocineros, colaboradores, socios y muchas personas que aportaron algo para que el concepto funcionara. Es un esfuerzo colectivo.
También estamos muy agradecidos con Guadalajara. El apoyo que recibimos allá fue una de las razones que nos dio la confianza para atrevernos a abrir en Ciudad de México.
Con este nuevo concepto, Tacos Paris, ¿qué conversación quieren abrir?
Queremos abrir una conversación basada en la honestidad, la transparencia y la experiencia.
Nos interesaba replantear la forma tradicional de comer tacos, incorporando elementos como el vino y una atmósfera más relajada. Es una propuesta distinta que realmente se entiende cuando la vives.
Nos gusta pensar que es un espacio que invita a vivir el presente. Lo comparamos mucho con un asador. Cuando estás frente al fuego no puedes pensar demasiado en el pasado ni en el futuro; tienes que estar ahí, concentrado en el momento.
Nos gusta imaginar que Paris genera esa misma sensación: un lugar donde las personas pueden detenerse un momento y simplemente disfrutar.

¿Cuál ha sido la lección más valiosa que han aprendido uno del otro?
Andrés: La confianza. Admiro muchísimo la capacidad de liderazgo que tiene Chema.
Robe: Ver cómo coordina equipos tan grandes y cómo logra que tantas personas crean en un mismo proyecto es algo que me impresiona todos los días. Lo que más me gusta es que la gente realmente se siente parte de lo que estamos construyendo.
Chema: Yo aprendo constantemente de ellos, pero algo que siempre me ha sorprendido es la forma en que Andrés logra equilibrar los distintos roles que tiene dentro de la familia y la empresa.
Es padre, mentor y socio al mismo tiempo. Saber cuándo asumir cada papel requiere una inteligencia emocional enorme. Además, toda la familia tiene una dinámica admirable y creo que gran parte de ese equilibrio también se debe a la mamá, que muchas veces no aparece en primer plano, pero es fundamental para que todo funcione.
Robe, ¿te imaginabas todo esto que han logrado?
La verdad, no.
Empezamos hace seis años en medio de la pandemia, en un momento de muchísima incertidumbre. Las redes sociales eran distintas, TikTok apenas comenzaba y no sabíamos exactamente hacia dónde íbamos.
Lo único que teníamos claro era que queríamos construir algo bien hecho, basado en nuestros valores familiares: disciplina, responsabilidad, pasión y trabajo en equipo.
Todo lo demás ha sido consecuencia del esfuerzo colectivo. Nada de esto sería posible sin todas las personas que forman parte del proyecto y eso es algo que siempre tenemos presente.
¿Qué los sigue motivando cuando ya han logrado cosas impresionantes?
Andrés: Siento que más que haber logrado cosas impresionantes, hemos tenido la oportunidad de crear proyectos impresionantes. Son dos cosas muy distintas, porque para mí el éxito no es una meta final ni un punto de llegada. Abrir un restaurante ya es un reto enorme, pero mantenerlo vigente, hacerlo crecer y seguir siendo relevante con el paso de los años es todavía más difícil.
Robe: Para mí, lo más bonito es entender que nunca llegas a un punto en el que puedas decir: “Ya lo logré”. La vida es un proceso y el verdadero éxito está en seguir construyendo, aprendiendo y disfrutando el camino.
Chema: Coincido completamente. Para mí, el éxito no se mide en números, sino en realización personal. Si estoy haciendo algo que me apasiona, lo hago bien y las personas lo valoran, entonces ya me siento exitoso.
La pasión sigue siendo el motor que impulsa todo lo que hacemos.
¿Qué les gustaría aportar a la gastronomía mexicana con todos los proyectos que han construido?
Andrés: La gastronomía mexicana es una joya enorme. Mientras más viajamos, más conscientes somos de ello. Nosotros simplemente intentamos ser un vehículo para compartirla y mostrarla al mundo.
Robe: Gracias a la gastronomía mexicana estamos aquí. No es que nosotros le hayamos dado algo a ella; es al revés. Por eso siento una responsabilidad muy grande con las nuevas generaciones.
Me gustaría que los jóvenes no den por sentado cosas tan simples como una tortilla inflándose sobre el comal o una salsa hecha en molcajete. Esos detalles forman parte de nuestra identidad cultural.
Si las nuevas generaciones abrazan esa riqueza gastronómica, podremos seguir llevándola cada vez más lejos.
Chema: Y, sobre todo, me gustaría que quienes se acerquen a esta industria lo hagan por pasión. La gastronomía exige mucho trabajo, disciplina y compromiso. Si entras pensando únicamente en el dinero, será muy difícil sostener el camino. Cuando existe pasión, todo lo demás encuentra su lugar.
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