
A 50 años de Colección FEMSA, conversamos con el equipo curatorial sobre una muestra que rompe con la historia lineal del arte para construir nuevas conexiones entre obras, geografía y generaciones.
¿Cómo se cuenta la historia del arte latinoamericano sin seguir una línea del tiempo?
Esa fue una de las preguntas que dio origen a Constelaciones y derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA, la exposición con la que la colección celebra cinco décadas de historia en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO). Más que organizar las obras cronológicamente, la muestra propone un recorrido construido a partir de afinidades, preguntas y resonancias entre artistas de distintos países y momentos históricos.
“Nos interesaba entender el arte latinoamericano no desde una historia lineal, sino desde las preguntas que atraviesan las obras”, explica el equipo curatorial. “Al contrastar perspectivas de geografías y tiempos distintos podemos comprender mejor las complejidades de habitar América Latina.”
La idea de “constelar” la piezas surgió antes del montaje. Sobre una mesa, cientos de imágenes de las obras fueron reorganizadas una y otra vez hasta encontrar los diálogos que darían forma a la exposición. Sin embargo, fue únicamente al llegar al museo cuando esas conexiones terminaron de cobrar sentido.
“Las sorpresas aparecieron cuando vimos las piezas convivir en el espacio. Trabajar con imágenes es muy distinto a encontrarte con las obras en el museo. Ahí es donde cobran vida, esperando la mirada del visitante.”
Celebrar los 50 años de Colección FEMSA también implicó mirar hacia atrás y preguntarse qué historias se habían contado hasta ahora y cuáles seguían pendientes.
Durante décadas, explican, la colección estuvo marcada por los grandes nombres de la historia del arte latinoamericano. Hoy, el interés también está en recuperar aquellas voces que quedaron fuera del relato dominante.
“Nos interesa reflexionar sobre qué historias se han quedado fuera de ese relato hegemónico. Esta es una historia del arte latinoamericano desde la colección, no la única.”



Una postura que abre una pregunta que abarca toda la exposición: ¿Qué significa hablar de América Latina actualmente?
Para el equipo curatorial, la respuesta no busca borrar las diferencias entre países, sino encontrar aquello que los conecta.
“Compartimos muchas complejidades, pero sin invisibilizar aquello que nos hace distintos. Las fronteras también son construcciones y el arte permite abrir otras formas de entender esos territorios.”
En ese sentido, la colección no pretende representar toda la producción artística de la región, sino ofrecer una lectura posible entre muchas otras.
“No buscamos resumir el arte latinoamericano. Lo potente de América Latina es precisamente la multiplicidad de voces. Intentar reducirla a un solo relato terminaría invisibilizando muchas historias.”
La recomendación para quienes visiten la ciudad va más allá de la propia muestra.
El edificio diseñado por Ricardo Legorreta, la museografía desarrollada especialmente para esta exposición y una selección de 170 obras distribuidas en cerca de 1,800 metros cuadrados convierten la visita en una experiencia poco común. Entre ellas conviven piezas históricas de Diego Rivera, Rufino Tamayo y Remedios Varo con artistas contemporáneos que continúan expandiendo las conversaciones sobre la región.
Al cerrar esta plática, el aniversario de la colección dio paso a una última reflexión: ¿Qué conversación sobre América Latina esperan que estemos teniendo dentro de otros cincuenta años?
“Más que pensar en la conversación, habría que pensar en quiénes están sentados a la mesa. Para tener otra conversación necesitamos escuchar otras voces y construir otros interlocutores.”
Con Constelaciones y derivas, Colección FEMSA no busca ofrecer una respuesta definitiva sobre el arte latinoamericano. Más bien, invita a recorrer sus múltiples caminos, aceptar sus contradicciones y descubrir que una misma obra puede cambiar de significado dependiendo del lugar, el tiempo y las miradas con las que se encuentre.
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