Fátima Molina
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Fátima Molina: la importancia de la empatía dentro y fuera de la pantalla

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Desde niña, Fátima Molina soñaba con hacer películas y hoy ese sueño se ha convertido en una carrera construida a partir de la constancia, la sensibilidad y el amor por las historias que merecen ser contadas.

Fátima Molina

Con No Tengo Miedo, ¿qué fue lo que te atrapó de esta historia?

Fueron muchas cosas. Desde que me llamaron para el callback me enviaron todos los guiones y supe que estaba basada en una novela de Nicola Ammaniti, uno de los escritores italianos más importantes de nuestra época. Es una de sus obras más queridas y exitosas.

Leí los seis capítulos y me parecieron maravillosos. No podía creer la historia que estaba leyendo ni la forma en la que estaba contada. De hecho, en ese momento todavía no había leído el libro y aun así me fascinó.

Creo que es una historia muy digna de contar y, además, profundamente atemporal. Aunque está situada durante el Mundial de 1986, realmente no habla sobre futbol, sino sobre las personas y las circunstancias que viven en ese contexto. El Mundial funciona como un telón de fondo muy nostálgico y ahora resulta aún más significativo porque México volvió a ser sede.

Por otro lado, trabajar con Ernesto Contreras, Alba Gil y Alejandro Zuno, además de hacerlo para Netflix, fue un gran incentivo para decir que sí al proyecto.

Sobre Teresa

Teresa es la madre de Miguel y María. Miguel es el niño que vemos en el tráiler y en las imágenes promocionales. Su esposo, Pino, es interpretado por Luis Alberti.

Son una familia que vive del trabajo en el campo, específicamente de la recolección de café. Eso implica una serie de condiciones muy particulares, porque son personas que dependen completamente de la tierra y viven prácticamente al día.

La serie presenta dos perspectivas: la de los niños y la de los adultos. En los primeros tres episodios vemos cómo Miguel presencia un acontecimiento muy fuerte desde su mirada infantil. En los últimos tres capítulos conocemos la misma historia, pero desde la perspectiva de los adultos.

Ante esa situación tan compleja, Teresa y los demás adultos deben tomar decisiones muy difíciles. Evidentemente no siempre toman las mejores, pero eso es precisamente lo interesante de la serie: nos invita a preguntarnos qué haríamos nosotros en una situación similar.

Cuando leí los guiones, constantemente me preguntaba: “¿Qué haría yo si estuviera ahí?”. Son personajes que viven en un contexto de abandono y desprotección, y eso abre la puerta a muchas reflexiones.

¿Cómo ha cambiado tu manera de elegir proyectos desde que comenzaste hasta hoy?

Al principio, siendo completamente honesta, lo que quería era trabajar. Venía de fuera y abrirse camino en una ciudad tan grande es complicado. Quería que me vieran, tener oportunidades y que mi trabajo estuviera bajo la lupa.

Creo que eso le sucede a la mayoría de los actores al inicio de sus carreras.

Con los años eso ha cambiado. Hoy intento, dentro de lo posible, apostar por las historias que realmente quiero contar. Evidentemente no todas las historias están a tu alcance, pero sí trato de elegir proyectos con los que conecto más profundamente.

También hay decisiones que se toman en equipo con mi mánager, pensando en el momento profesional que estoy viviendo. Pero definitivamente ya no estoy en esa etapa de decirle que sí a todo únicamente por trabajar.

¿Qué te llevas de Teresa después de interpretarla?

Me llevo una conciencia todavía mayor sobre la empatía.

Siempre he creído que como actores no podemos juzgar a nuestros personajes, porque de lo contrario sería imposible interpretarlos. Pero este proyecto me hizo reflexionar mucho sobre el hecho de que nunca sabemos realmente lo que está viviendo la persona que tenemos enfrente.

También me llevo una profunda reflexión sobre la infancia. Los niños son la etapa más vulnerable del ser humano y los adultos deberíamos sentirnos responsables de todos ellos, los conozcamos o no.

Esta serie me recordó la importancia de proteger a la niñez y de entender que los niños depositan su confianza en nosotros.

Fátima Molina

¿Qué sientes cuando terminas un proyecto?

Mucha emoción y muchísima satisfacción.

Los rodajes suelen ser procesos muy exigentes y esta serie no fue la excepción. Hubo jornadas complicadas, factores climáticos que estaban fuera de nuestro control y momentos muy demandantes.

Pero al mismo tiempo fue un proceso muy gozoso. El elenco, el equipo técnico, los directores, las locaciones… todo contribuyó a que fuera una experiencia muy especial.

Cuando termina un proyecto también llega el cansancio acumulado, pero sobre todo queda la satisfacción de haber construido algo juntos.

¿Qué sigue emocionándote del primer día de rodaje?

Me pasa algo muy parecido a lo que sentía de niña el primer día de clases.

No sé si era por la emoción de estrenar cuadernos o simplemente por comenzar algo nuevo, pero sigo teniendo esa misma sensación cuando llego a un primer llamado.

Ver a mis compañeros, descubrir el vestuario, el peinado y finalmente escuchar el primer “acción” sigue siendo algo muy emocionante.

Normalmente los primeros días de rodaje están llenos de ilusión y energía, y eso es algo que todavía disfruto muchísimo.

¿Qué legado te gustaría construir a través de tus personajes?

La palabra legado es muy fuerte, pero creo que me gustaría que todo lo que haga esté atravesado por la honestidad y el amor”.

Que, al final, las personas puedan ver que cada personaje fue construido desde un lugar genuino y con un profundo respeto por las historias que se cuentan.

¿Cuál ha sido uno de los momentos más importantes de tu carrera?

Me han sucedido cosas muy hermosas, aunque a veces uno debería detenerse más a celebrarlas.

Uno de los momentos que más atesoro fue cuando filmé Sueño en otro idioma. La película recibió múltiples nominaciones al Ariel, ganó como Mejor Película y yo obtuve mi primera nominación como actriz.

Fue una sorpresa maravillosa y un regalo que hasta hoy sigue trayéndome cosas muy bonitas en mi vida profesional.

¿Qué significa la actuación para ti?

Actuar significa, antes que cualquier otra cosa, cumplir el sueño que tenía desde niña.

Desde que tengo memoria soñaba con hacer películas. Hoy poder vivir de esto me recuerda constantemente que los sueños sí pueden convertirse en realidad.

Pero también entiendo que el cine y la actuación van mucho más allá. Son una forma de construir memoria, identidad y de aportar algo a la conversación social.

Cada proyecto deja un pequeño granito de arena para la reflexión y, de alguna manera, también forma parte de la historia de nuestro país.

¿Qué sigue para ti?

Después de No Tengo Miedo viene una nueva serie llamada Julia Pastrana, de la que espero poder platicar muy pronto.

Por ahora, lo más importante es que la gente vea No Tengo Miedo. Espero que conecten con la historia y que se permitan hacerse todas las preguntas que la serie plantea.

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