Hay familias que se rompen con un grito. Otras, con años de silencio.

En Fiesta de Compromiso, la nueva propuesta escénica de Clemente Vega en el Foro Shakespeare, nadie dice una sola palabra. En su lugar, los cuerpos cargan con todo aquello que las conversaciones nunca logran resolver: la incomodidad, el deseo, la culpa, el amor y las heridas que sobreviven incluso en medio de una celebración. La puesta prescinde por completo del diálogo y convierte el movimiento en el lenguaje principal para narrar las tensiones de una familia cuya aparente armonía comienza a desmoronarse.
“Pienso que los cuerpos pueden mostrar su incomodidad, el amor verdadero, la tristeza o la soledad. Cuando hablamos, muchas veces banalizamos o censuramos esas emociones. El cuerpo no sabe de esas cosas”, explica el director.
Lejos de ser un experimento formal, la ausencia de palabras responde a una necesidad mucho más profunda. En un presente saturado o discursos, opiniones y explicaciones, Vega no lo entiende como un acto de rebeldía, sino como un ejercicio de empatía.
“Es un acto de compasión. Siempre que escuchamos a alguien decirnos quiénes somos dejamos de escuchar nuestra propia voz. Fiesta de compromiso busca mirar a esta familia con más compasión y entender realmente quiénes son, qué añoran y qué duelos cargan.”
La historia parte de una imagen aparentemente sencilla: una fiesta de compromiso. Pero, conforme avanza la celebración, comienzan a emerger secretos familiares, deseos reprimidos y conflictos que transforman el festejo en un espacio de confrontación emocional.
Cuando le preguntamos si la obra habla del amor o del desconocimiento, su respuesta llega sin rodeos.
“Es una obra sobre la falta de amor. Sobre lo que la falta de amor le hace a una madre, a un padre, a una hermana, a una hija o a un prometido.”
Quizá por eso las grietas familiares ocupan el centro del escenario. Para Clemente, la familia es el primer lugar desde donde aprendemos a entender el mundo, y cuestionarla implica también cuestionar la forma en que hemos aprendido a mirar.
“La familia es nuestra primera sociedad. Lo primero que aprendemos del mundo lo aprendemos ahí. Cambiar esa mirada significa también romper con la idea que teníamos de nuestra propia familia.”
El silencio también transforma la manera en que los actores habitan la escena. Si texto que seguir, aparecen otros elementos que suelen pasar desapercibidos.
“Descubres la verdadera potencia del actor. La profundidad de la mirada, la escucha, la atención hacia sus compañeros. Un actor puede ser mucho más poderoso cuando no habla.”
A lo largo de la función, las apariencias comienzan a caer una tras otras. Pero la máscara que más le interesa cuestionar hoy no pertenece únicamente a los personajes.
“Vivimos intentando convencer a todos de que estamos bien: que nuestra familia está bien, que nosotros estamos bien. Y ese afán por sostener esa imagen termina por alejarnos de la felicidad.”

Cuando le pedimos describir Fiesta de Compromiso con una sola imagen, ríe antes de responder.
“Terapia familiar.”
La definición parece resumir perfectamente una obra donde el silencio deja de ser ausencia para convertirse en una confesión.
Como concluye el propio director:
“Nos quedamos callados cuando ya no encontramos otra forma de expresarnos. El silencio puede decir absolutamente todo.”
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