La mesa es el lugar donde se cuentan historias, se crean recuerdos y las tradiciones encuentran una forma de permanecer vivas. Para María Elena Torruco y Annette Arrellano, fundadora de Huakal, vestir una mesa también significa rendir homenaje al trabajo artesanal mexicano, reconocer a quienes preservan estos oficios y convertir cada reunión en una celebración de identidad.
Por esta razón, “Bienvenidos a mi mesa” de María Elena Torruco, habla del valor de compartir, el lujo entendido como hospitalidad y la importancia de llevar un pedazo de México a cada encuentro.

Para ustedes, ¿qué representa una mesa más allá de su función práctica?
María Elena: Para mí, la mesa es mucho más que un mueble. Es un punto de encuentro, un espacio donde se construyen recuerdos y se crean momentos que permanecen en el alma. Si lo pensamos, muchos de los momentos más importantes de nuestra vida suceden alrededor de una mesa.
La mesa representa inclusión, amor y una forma de expresar afecto. Poner una mesa bonita va mucho más allá de lo estético; es una manera de decirle a alguien: “Eres importante para mí, eres bienvenido”. Es una forma de conectar con las personas desde el corazón.
¿Cómo se relaciona esa visión con las piezas de Huakal?
Annette: Precisamente porque las piezas de Huakal están llenas de tradición, historia y significado. Cuando las llevas a una mesa, también llevas contigo una parte del arte popular mexicano y de las historias que existen detrás de cada creación.
Es una manera de incluir un pedazo de México en esos espacios de convivencia y celebración.
María Elena: Coincido totalmente. También es una forma de honrar nuestras costumbres, a nuestros artesanos y a nuestros ancestros. Detrás de cada pieza hay personas que han dedicado su vida a aprender y preservar tradiciones extraordinarias.
Poder llevar ese trabajo a nuestras mesas es dignificarlo, reconocerlo y compartirlo con el mundo. Muchas veces confundimos la elegancia con el lujo. Para mí, la verdadera elegancia está en incluir, en amar y en reconocer el valor de las personas. Por eso creo que los artesanos merecen ocupar ese lugar de prestigio y reconocimiento.
También han hablado de la gastronomía y el servicio mexicano. ¿Qué valor encuentran ahí?
María Elena: Entre más he leído para mi libro, más convencida estoy de que México tiene algo extraordinario: su gente.
La gastronomía mexicana es Patrimonio Cultural de la Humanidad, pero también creo que el servicio mexicano tiene un valor enorme. Viajas por el mundo y pocas veces encuentras la calidez, la atención y la hospitalidad que ofrece un mexicano.
Queremos reconocer y agradecer a todas las personas que hacen posible que estas tradiciones lleguen a nuestras mesas. Detrás de cada pieza hay horas, meses e incluso años de trabajo. Es un orgullo poder representar a México y mostrar al mundo la autenticidad de nuestro arte.
¿Qué convierte a una mesa en un verdadero espacio de convivencia?
María Elena: Las personas. Los invitados, las historias y la intención con la que preparas ese encuentro.
Hace poco montamos una mesa inspirada en el Mundial y recibimos comentarios muy bonitos porque las personas entendieron que detrás había una intención: crear recuerdos.
Además, una mesa conecta los cinco sentidos. Cuando los sentidos están despiertos y presentes, los momentos se vuelven memorables”.
Todo parte de la emoción. La emoción es la que genera la conexión entre las personas. Si a eso le sumas los sentidos, la experiencia se vuelve inolvidable.
Annette: Y muchas veces esa emoción viene de objetos cargados de historia. Puede ser una vajilla heredada, unas copas de los abuelos o cualquier pieza que tenga un significado especial.
El lujo no tiene que ver con el precio. El verdadero lujo está en compartir tiempo con quienes quieres, en comer algo delicioso y en disfrutar la compañía.
María Elena: Exactamente. Hoy vivimos con demasiada prisa. Para mí, un lujo enorme es sentarte a la mesa sin prisas, disfrutar la comida y dedicar tiempo a quienes tienes enfrente.
Hablando de recuerdos, cuando piensan en una mesa familiar, ¿qué imagen les viene a la mente?
Annette: Las reuniones familiares. Mi abuela tenía días específicos para reunir a la familia y esos encuentros terminaron creando vínculos que permanecen hasta hoy.
La convivencia transforma las relaciones. Personas que quizá no son familia por sangre terminan convirtiéndose en parte fundamental de tu vida gracias a todos esos momentos compartidos.
María Elena: En mi caso, el libro está lleno de recuerdos familiares. Lo concebí como un homenaje para mis hijos y para mis abuelos, tanto paternos como maternos.
Quería dejarles una memoria de quiénes fueron las personas que nos formaron, los valores que nos heredaron y el orgullo de nuestras raíces.
Uno de los capítulos está dedicado al Día de Muertos. Tuve la oportunidad de crear un altar en honor a mi abuela, quien fue actriz de la Época de Oro del cine mexicano y trabajó junto a figuras como Jorge Negrete, Pedro Infante y Cantinflas.
También rendí homenaje a mis abuelos maternos, pioneros en la ganadería del norte del país. Quise que mis hijos conocieran esas historias y sintieran orgullo de sus raíces.
¿Qué les gustaría transmitir a través del libro?
María Elena: Que la elegancia no está en lo ostentoso. Está en los detalles, en las flores, en la hospitalidad y en pensar en los demás.
Para mí, el protocolo es un acto de generosidad. Es una herramienta para hacer sentir bienvenidas a las personas y construir puentes entre ellas.

¿Cómo surgió la colaboración con Huakal?
María Elena: Porque compartimos valores muy similares. Más allá de los objetos, ambas creemos en la importancia de preservar tradiciones, generar comunidad y reconocer el trabajo de quienes hacen posible estas piezas.
Detrás de este proyecto hay mucho fondo, mucha historia y una intención genuina de celebrar lo que somos”.
Si pudieran invitar a alguien a sentarse hoy en su mesa, ¿a quién sería?
Annette: Sin duda a mi mamá.
Mi familia llegó a México desde Cuba y, al vivir el exilio, crecimos lejos de gran parte de nuestros familiares. No tuve la experiencia de convivir constantemente con abuelos, tíos o primos como muchas otras personas.
Por eso la mesa siempre fue muy importante para mi mamá. Ella insistía en mantener a la familia unida porque sabía lo valioso que era conservar esos vínculos.
También me gustaría reunir algún día a todas las personas que han marcado mi vida. Gente que quizá no veo desde hace veinte años, pero que dejó una huella importante en mí.
María Elena: Yo invitaría a mis abuelos. Al final, la mesa siempre termina siendo un lugar para volver a encontrarnos con quienes han sido importantes en nuestra historia.
Porque, como sucede alrededor de una mesa, las conexiones más valiosas son aquellas que nos permiten ver más allá de lo evidente y descubrir todo lo que existe en el corazón de las personas”.
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