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BLUM: donde la belleza vuelve a la tierra

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Hay proyectos que nacen de una idea, y otros que surgen de una necesidad urgente de replantear lo que damos por hecho. Más que un proyecto de florería, BLUM es una forma de entender la relación entre naturaleza, ciudad y comunidad; un recordatorio de que la belleza no solo se contempla, también se devuelve.

En una industria donde lo efímero ha sido la norma, Jessica Sarquis y Andrea Guzmán con BLUM proponen un cambio de lógica: que cada flor, cada planta y cada montaje no terminen en el olvido, sino que continúen su ciclo. Lo que comienza como un gesto estético en un evento, se transforma en un acto de restauración y oportunidad.

¿Qué las inspiró a crear BLUM, de dónde nace?

BLUM nace de una inquietud compartida por transformar la manera en la que entendemos la belleza y su relación con el entorno. Por un lado, el trabajo en restauración ecológica nos permitió identificar la falta de recursos para llevar a cabo estos procesos; por otro, surgía una pregunta constante: ¿cómo hacer que algo estético también tenga un impacto real?

A partir de ahí, volteamos a ver la industria de la florería, tradicionalmente ligada a lo ornamental y a lo efímero, nos dimos cuenta de que todo eso que se usa en eventos, flores, plantas, decoraciones, podía tener una segunda vida.

Así, BLUM se construye como un modelo que une belleza, conciencia ambiental e impacto social: un proyecto donde lo que decora también regresa a la tierra.

BLUM

¿Por qué decidieron ponerle BLUM?

El nombre BLUM proviene de la idea de blooming, de florecer. Más allá de su significado literal, representa una intención: la de ver florecer no solo a las plantas, sino también a las ciudades, a las comunidades y a la conciencia individual.

Nos gusta pensar que todo empieza desde adentro, como una semilla. Una vez que florece en ti, puede expandirse hacia los demás y hacia el entorno”.

¿Cómo integran el impacto social dentro de sus proyectos?

Para nosotros, el proyecto no se queda solo en lo estético o en la restauración del espacio, que por supuesto es importante, sino en todo lo que hay detrás.

Una parte fundamental, cerca del 70% del valor del proyecto, está en la cadena de producción. Muchos de los elementos, como los arreglos florales, se realizan dentro de centros penitenciarios. Esto genera una activación económica real y, sobre todo, un impacto social muy importante.

Lo que buscamos es que cada proyecto tenga un trasfondo, que no solo transforme espacios, sino también vidas. Por eso nos consideramos una empresa socioambiental: porque entendemos el diseño como una herramienta que puede generar valor mucho más allá de lo visible.

¿Cuál ha sido el mayor reto que han enfrentado?

Uno de los principales retos ha sido introducir un modelo completamente nuevo. Explicar que un evento puede ir más allá de lo estético implica cuestionar hábitos profundamente arraigados.

Al principio era difícil que los clientes entendieran que no solo se trataba de decorar, sino de todo lo que pasa después: el cuidado, la recolección y la replantación.

A esto se suma la logística, que es fundamental para el proyecto. Cada planta debe mantenerse en condiciones óptimas desde su instalación hasta su destino final.

Para nosotras, es tan importante que el evento se vea increíble como que esa planta llegue viva al lugar donde va a seguir creciendo.

¿Qué valores son fundamentales para ustedes?

La responsabilidad, la conciencia y la accesibilidad son pilares clave.

BLUM busca cuestionar la relación que tenemos con la naturaleza y, al mismo tiempo, democratizar su acceso. Hoy en día, quienes tienen mayores recursos suelen ser quienes más acceso tienen a espacios verdes, y eso es algo que queremos transformar.

También existe un fuerte compromiso social: trabajamos con comunidades que históricamente han estado alejadas de estos espacios, como zonas urbanas marginadas o incluso centros penitenciarios.

¿Cuál ha sido el mejor consejo que han recibido?

Más que un consejo específico, lo que más nos ha impulsado ha sido confirmar que el proyecto responde a una necesidad real.

Cada vez que lo compartimos, la gente conecta de inmediato. Hemos descubierto que existe una conciencia colectiva que está despertando, y esa respuesta ha sido una validación constante para seguir adelante.

¿Qué es lo que más disfrutan de BLUM?

Lo que más disfrutamos es el impacto emocional y tangible que genera el proyecto.

Es muy especial ver cómo algo que comienza como un arreglo para un evento se transforma en un espacio vivo, en un lugar que alguien puede habitar y disfrutar.

También valoramos profundamente el contacto con la naturaleza y con todas las personas involucradas en el proceso, desde los productores hasta las comunidades que reciben estas plantas.

¿Qué legado les gustaría dejar con BLUM?

Aspiramos a contribuir a la construcción de ciudades más verdes, más habitables y más equitativas.

Nos gustaría que cualquier persona, sin importar dónde viva, tenga acceso a un espacio natural cercano; que la naturaleza deje de ser un privilegio.

Además, buscamos que nuestro modelo sea replicable, generando un cambio sistémico en la forma en la que se conciben los eventos y el consumo.

¿Qué representa este proyecto en sus vidas?

BLUM ha transformado profundamente nuestra forma de vivir.

Nos ha hecho más conscientes, más empáticas y más conectadas con lo esencial. Trabajar con la naturaleza cambia tu ritmo y tu manera de ver el mundo.

También lo vemos como un espacio creativo y espiritual, donde podemos conectar con una versión más intuitiva y sensible de nosotras mismas.

¿Cómo definen el éxito?

Para nosotras, el éxito no se mide únicamente en resultados tangibles, sino en una sensación de plenitud.

Es sentir que lo que haces tiene sentido, que genera bienestar tanto en ti como en los demás. Y, sobre todo, que ese impacto trasciende:

Si puedes crear algo que inspire, transforme y deje una huella positiva en otras personas, entonces eso ya es éxito.

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