Román de Castro ha convertido las palabras en una parte fundamental de su práctica artística. A través de frases, objetos cotidianos e instalaciones, el artista mexicano ha construido un lenguaje visual que invita a detenerse, observar y cuestionar las historias que nos contamos a nosotros mismos.

Del arte a la cancha
Hoy, esa búsqueda encuentra un nuevo territorio en el fútbol. Como parte de La Fiesta Está en El Palacio, la plataforma de experiencias de El Palacio de Hierro que celebra la cultura que existe alrededor del deporte. Román de Castro intervino uno de los símbolos más universales del fútbol: el balón. A través de referencias a momentos históricos del fútbol femenil y varonil, así como a algunos de los nombres más icónicos, el artista transforma la emoción colectiva en una memoria sobre la perseverancia.

Tuvimos la oportunidad de conversar con él sobre esta colaboración, su relación con el fútbol y las preguntas que siguen acompañando su carrera artística.
El arte y el fútbol en un mismo espacio
Gran parte de tu trabajo está centrado alrededor de las conversaciones que tenemos con nosotros mismos. Este proyecto llega a un contexto muy distinto, donde el arte dialoga con algo más universal, como el fútbol. ¿Cómo sientes que ha crecido tu arte a partir de este proyecto y cómo te cambió un poco?
Creo que más allá de cambiarme, para mí fue como llenar un check de una lista que tenía pendiente: poder mezclar el arte con el fútbol. Soy una persona que desde que tiene memoria consume fútbol y me encanta. Jamás había encontrado una excusa para hacerlo porque, aunque sí existe esta mezcla entre arte y fútbol, no es tan común. Y de hecho, siento que incluso en algún punto, en el mundo del arte se menosprecia un poco el fútbol. Es como “¿Cómo te va a gustar el fútbol si eres artista?”. Entonces, me gusta mucho que haya existido esta excusa perfecta para poder mezclar ambos mundos.
También eres aficionado al fútbol. ¿Tienes alguna memoria de cuando te enamoraste de este deporte?
Cuando era chico, mis papás eran muy jóvenes, básicamente embarazo adolescente MTV y me cuidaban mucho mis tíos, mis abuelos e incluso mis bisabuelos. Tenía un tío que le iba mucho a las Chivas y le encantaba el fútbol. Entonces a veces me dejaban con él los fines de semana y yo era así de: “Jugamos o salimos al jardín”. Y él de que: “No. Juegan las Chivas, te vas a sentar y lo vas a ver conmigo y te aguantas”. Yo me acuerdo que al principio era como de: “Yo lo último que quiero es estar viendo la tele, no ver el fútbol”. Hasta que al poco tiempo se volvió un: “Oye, ma, ¿puedo ir a casa de mi tío a ver el fútbol?”.
Entonces como que llegó un poquito ahí de imprevisto el fútbol a mi vida, porque a pesar de que a mi papá le gusta, nunca fue tan aficionado. Y yo creo que el fútbol, una de las cosas más bonitas que tiene, es que es hereditario. Si en tu casa consumen mucho fútbol, tú vas a consumir fútbol. Y si en tu casa le van a un equipo, es muy probable que tú le vayas a ese equipo.
Más allá de la vulnerabilidad
Durante años se ha hablado mucho de las sillas, las frases y la vulnerabilidad que hay en tus obras. ¿Qué conversación te gustaría que empezara a suceder ahora alrededor de tu trabajo?
Yo creo que la gente relaciona mucho mi trabajo con esta parte muy emocional, que entiendo perfectamente por qué lo llevan para allá, pero me gustaría que también se empezara a dejar un poquito de lado esta parte que mi trabajo es muy mindfulness, porque es como muy de estar en conexión con tus emociones y estar presente. Creo que me gustaría quitar un poquito ese velo de que no siempre es emocional. A veces solamente es discursivo, a veces solamente es narrativo. También me preguntan mucho: “¿Todas estas ideas que proyectas son cosas que te han pasado o son cosas que tú sientes?”. Y es como: no. Muchas veces son solo cosas que se me ocurren porque al final me gusta crear historias.
Me gustaría que la gente también dejara de verlo un poquito como experiencia personal de una emoción y más como una historia, porque al final me gusta crear historias”.
Una colaboración basada en la confianza
¿Qué hizo que esta colaboración con El Palacio de Hierro tuviera sentido para ti como artista y cómo lograste encontrar un balance entre tu esencia y los códigos de la marca?
Yo creo que justo ahí entra un acierto muy grande que le voy a dar a El Palacio de Hierro, que es que hay un respeto muy grande por el trabajo del creativo y del artista. De pronto pasa que quieres hacer una colaboración o trabajar con alguna marca y hay muchas trabas, muchos tropiezos porque las cosas tienen que ser de cierta forma. Y creo que algo que disfruté mucho con ellos es que claro que hay un objetivo, sea de venta, de exposición o de lo que tú quieras, y eso no lo podemos dejar a un lado. Sin embargo, también hay otras cosas importantes, como bien lo dijiste es la esencia, la creatividad y el respeto al trabajo. Entonces debo decir que muy alegremente me es fácil trabajar con ellos porque creo que hay un respeto mutuo.
Elegiste una frase que habla de la perseverancia: “El secreto es nunca dejar de intentarlo”. ¿Por qué sentiste que era la frase correcta para encapsular este proyecto?
Pues creo que me fui un poquito por esta parte en donde al mexicano muchas veces nos proyectan, tanto en lo futbolístico como fuera de ello, como personas que rayamos un poco en la mediocridad y yo creo que eso es mentira. Creo que los mexicanos y las mexicanas llega un punto en el que quizás no hemos logrado llegar a donde queremos estar, pero no significa que no lo hemos intentado. Esa parte de la resiliencia para mí era muy importante y por eso el balón tiene esa frase y estas otras en donde pongo derrotas y victorias, hablando futbolísticamente de la Selección Mexicana, tanto la femenil como la varonil.

Sí era esta parte para mí de decir: “Quizás perdimos, pero perder significa que jugaste. Perder significa que lo intentaste. Mejor eso que no haberlo intentado”.
¿Cómo fue el proceso de seleccionar esos momentos, referencias y nombres que forman parte de la obra?
Al final creo que sí influye mucho, porque quizás puede que haya gente de otras generaciones que vea el balón y vea los partidos o los personajes que elegí y diga: “Te faltó este de 1970”. Y sí, pero yo no viví eso aunque sí intenté diversificar y poner momentos que no me tocaron a mí. Sin embargo, yo como el artista que está haciendo esta obra, al final voy a trabajar desde mi perspectiva, y mi perspectiva es también mucho de lo que he vivido. Entonces sí fue un poquito más escoger esos momentos que a mí me marcaron en la historia del fútbol mexicano y en los mundiales, pero también sin dejar de lado momentos que sé que son importantes para una generación pasada.

El permiso de hacerlo a tu manera
Has dicho que vivimos en una época en la que pedimos mucho permiso. ¿Qué permiso te has dado o has dejado de pedirte para llegar al punto en el que estás ahora?
Qué bonita pregunta. Yo creo que siendo una persona que no estudió arte plástico en una escuela y que jamás tuvo una introducción formal al arte, cuando empecé también había mucho esto en mí que era como: “Oye, pero esto está mal hecho”. Yo venía de la escuela del cine, me gustaba escribir y de repente empecé a incursionar en una práctica que tenía cero que ver con mi formación: la pintura, la escultura y la instalación. De pronto tenía esta vocecita que me decía: “Si la luz viene de la derecha hacia la izquierda, tu sombra está mal”. Y después me di cuenta de que eso daba igual. Si quisiera que las cosas hicieran sentido seguiría tomando fotografías, seguiría intentando hacer video y seguiría intentando hacer cine.
Entonces creo que el permiso que me he dado es hacer las cosas, entre comillas, mal”.
Dejar de obligarme a que las cosas tengan cierto sentido, porque creo que esa es la parte más bonita de una práctica como la pintura: que hay una libertad racional absoluta. Las cosas pueden no tener ningún tipo de sentido.
¿Qué pregunta sigues intentando responder a través de tu trabajo?
Creo que me sigo intentando conocer a mí mismo un poco a través de mi trabajo. Más allá de una pregunta concreta, creo que es un: ¿quién soy yo y cómo voy evolucionando con el tiempo y cómo lo proyecto en mi trabajo? Tuve un profesor en la universidad que decía que muchas veces pensamos que el arte o crear algo es una manera de expresar emociones. Y sí, pero más allá de eso, el arte es un lenguaje y un filtro para intentar entender el mundo. Entonces creo que la pregunta que me hago es quién soy a través de mi trabajo.
También has hablado mucho sobre aprender a observar y a vivir el presente. ¿Qué es algo que aprendiste a ver demasiado tarde?
Espero que todavía no sea demasiado tarde. Pero creo que sin duda algo que sigo aprendiendo, y espero lograr aprender antes de que llegue ese momento del “demasiado tarde”, es que a veces soy una persona que no disfruta del momento porque ya está pensando en qué sigue. Sigo aprendiendo a poder detenerme un segundo y decir: “Mira, aquí estás, esto es lo que está pasando. Qué chingón”. Lo de después vendrá después. Entonces sigo aprendiendo a poder disfrutar del momento y espero lograrlo antes de que sea demasiado tarde.

La intervención de Román de Castro forma parte de una celebración que va más allá del deporte. Su balón monumental no habla únicamente de fútbol, sino de los intentos, los aprendizajes y la capacidad de seguir adelante incluso después de una derrota.
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