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Marina de Tavira y el regreso de un clásico: Un tranvía llamado Deseo 

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Volver a interpretar un personaje nunca significa regresar al mismo lugar. Para Marina de Tavira, reencontrarse con Blanche DuBois en Un tranvía llamado Deseo ha sido una oportunidad para seguir descubriendo los matices de una historia que, décadas después de haber sido escrita, continúa dialogando con el presente. 

Marina de Tavira

Ya habías presentado Un tranvía llamado Deseo hace algunos años y hoy regresas a esta historia. ¿Qué sientes con este regreso y qué significa para ti?

Me emociona muchísimo. Esta es nuestra cuarta temporada en la Ciudad de México y además hemos llevado la obra a Monterrey, Guadalajara y Torreón. En total, es el séptimo teatro que recibe esta puesta en escena. Lo hacemos porque cada vez que presentamos una temporada, la respuesta del público es increíble.

Lo triste es que actualmente las temporadas teatrales suelen ser muy cortas por distintos factores. Por eso, tener la oportunidad de seguir profundizando en una obra como esta y de acercarla a más personas es muy valioso. Al final, es un trabajo que requiere muchísimo ensayo y el teatro también necesita repetición para crecer y profundizar. Stanislavski decía que una obra alcanzaba su mejor momento alrededor de la función treinta, y hoy nos enfrentamos a temporadas que muchas veces ni siquiera llegan a veinte funciones.

¿Sientes que eres tú quien regresa a la obra o que la obra regresa a encontrarte en otro momento de tu vida?

Creo que son ambas cosas. Sobre todo, existe la voluntad colectiva de un equipo que está profundamente enamorado de esta obra y de lo que ha provocado en el público. Todos nos sentimos felices de reencontrarnos con nuestros personajes y de seguir explorando una pieza que sentimos infinita, casi inasible. Cada vez que volvemos a ella descubrimos algo nuevo.

Blanche es uno de los personajes más complejos del teatro universal. ¿Qué fue lo primero que sentiste que tenías que entender de ella antes de interpretarla?

Lo primero fue intentar alejarme de todo lo que ya se había dicho sobre ella. Es un personaje que ha sido interpretado por actrices extraordinarias y que carga con un imaginario enorme. Yo necesitaba acercarme desde otro lugar: no desde las definiciones, sino desde la experiencia de encarnarla, de ponerla en relación con los demás personajes y encontrarla en la vida misma.

¿Qué te ha enseñado este personaje?

Muchísimas cosas, pero sobre todo empatía.

Me ha hecho reflexionar profundamente sobre la salud mental y sobre la certeza de que todos atravesamos batallas complejas en algún momento de nuestras vidas”.

Eso debería unirnos más como personas. Nunca sabemos realmente qué dolores o luchas está enfrentando quien tenemos enfrente, y creo que eso debería despertar más solidaridad entre nosotros.

¿Por qué crees que esta historia sigue resonando décadas después de haber sido escrita?

Porque toca fibras profundamente humanas. Todos los personajes están luchando por conservar su dignidad, y es precisamente la incomprensión la que los confronta y los separa. Además, la obra aborda temas que siguen siendo asignaturas pendientes: la misoginia, la homofobia, el clasismo y el racismo. Mientras esas problemáticas sigan existiendo, esta historia seguirá siendo vigente.

¿Qué te hizo querer volver a contar esta historia?

Cuando terminamos los ensayos nos propusimos llegar a cien funciones, que era algo mucho más común cuando yo empecé a hacer teatro. Con esta temporada estaremos cerca de las setenta y tantas funciones. Hemos decidido que, por ahora, esta será la última porque es el compromiso que todo el equipo puede asumir y es también lo que las condiciones actuales del teatro nos permiten hacer. Por eso aceptamos esta oportunidad: porque es hermosa y porque es lo que tenemos hoy enfrente.

Marina de Tavira

¿Qué esperas que el público se lleve después de ver esta versión de Un tranvía llamado Deseo?

Lo que más me conmueve es ver cómo la obra conecta con personas de distintas edades. Me sorprende especialmente que públicos adolescentes se identifiquen con un texto escrito en 1947. Cada función es única, aunque aparentemente todo sea igual. Cambia el público, cambia la energía y cambia la experiencia. Ahora estamos en un nuevo teatro, el Teatro Xola, y cada espacio atrae espectadores distintos. Para mí, cada función es la oportunidad de encontrarnos con nuevos rostros, nuevas almas y nuevos corazones.

Después de interpretar una historia donde los personajes luchan por sus deseos, sus recuerdos y sus ilusiones, ¿a qué sigues aferrada con esperanza?

Sigo aferrada a la idea de que el teatro nos humaniza. Creo profundamente que mientras exista el teatro seguiremos teniendo la oportunidad de mirarnos a los ojos, reconocernos y empatizar con los demás. En un mundo atravesado por nuevas tecnologías y por formas de aislamiento cada vez más frecuentes, me da esperanza ver que la gente sigue acercándose al teatro. Me recuerda que seguimos necesitando encontrarnos cara a cara y compartir historias que nos permitan comprendernos mejor como seres humanos.

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