Karla Farfán atraviesa uno de los momentos más emocionantes de su carrera. Con nuevos estrenos y su primer proyecto internacional, Karla vive una etapa marcada por los retos, la incertidumbre y la satisfacción de ver cumplidos sueños que hace unos años parecían lejanos.
¿Alguna vez soñaste con el momento en el que te encuentras hoy?
Curiosamente, te iba a decir que sí, pero la verdad es que no. Estoy en un punto de mi vida en el que siento que he tenido que romper muchos de esos dibujos que hacía de niña sobre cómo imaginaba que sería mi futuro. Me he dado cuenta de que la vida no resultó como la había pensado, pero afortunadamente ha sido mucho mejor.
Hoy veo muchas cosas y proyectos que estoy alcanzando tanto en lo profesional como en lo personal. Con el tiempo entendí que cuando también logras estabilidad y felicidad en tu vida personal, los proyectos profesionales crecen contigo y se potencializan muchísimo más. Definitivamente no imaginaba estar aquí, pero estoy muy feliz de que la vida me haya sorprendido de esta manera.
Este año tienes varios proyectos importantes. Viajaste a Chile para grabar Políticamente Incorrecto. ¿Qué significó para ti trabajar por primera vez en otro país?
Es muy chistoso porque uno siempre sueña con ciertas cosas y cuando finalmente llegan, a veces no alcanza a dimensionar lo grandes que son. Creo que siempre es importante tocar tierra y recordar esos sueños para disfrutarlos todavía más.
Durante mucho tiempo decía que quería trabajar en España, pero nunca imaginé que mi primera oportunidad internacional llegaría desde Chile. De hecho, fue el primer casting que hice para ese país y me quedé.
Estoy muy feliz porque además es un lugar que desde hace años quería conocer. Lo más emocionante es que pude compartir este proyecto con actores que admiro, en una historia increíble y con un personaje completamente distinto a todo lo que había interpretado antes.
Ser actriz significa estar abierta a lo inesperado. Nunca sabes cuándo llegará el siguiente proyecto, ni de dónde vendrá, así que creo que ya me volví experta en abrazar esa incertidumbre”.
Además de este proyecto, este año estrenas La Ley de Alicia y La Velocidad del Zoom. ¿Cómo llegaron estas producciones a tu vida?
La industria pasó por una etapa complicada, con una especie de pausa donde muchas producciones se detuvieron y las plataformas estaban reorganizándose. En ese contexto, de pronto recibir proyectos con grandes elencos, productores y directoras que admiro fue una confirmación de que seguimos por buen camino.
En el caso de La Ley de Alicia, el proceso de casting fue larguísimo. El proyecto cambió de nombre, pasó por distintas directoras de casting y era de esos proyectos que iban y venían constantemente.
Como actriz aprendes a hacer un casting y soltarlo. Ya no puedes vivir ilusionándote demasiado porque no sabes qué va a pasar.
Un día mi manager me llamó y me dijo: “Esto tenía que decírtelo por teléfono. Te quedaste”. Resultó que tendría una participación protagónica dentro de uno de los episodios. No puedo contar mucho todavía, pero fue muy emocionante porque además es mi primer proyecto para Netflix.
Siempre decía que Netflix era la joya que me faltaba. Afortunadamente he trabajado con prácticamente todas las plataformas, pero todavía tenía esa meta pendiente.
Además compartí escenas con Fernanda Castillo, a quien siempre admiré profundamente. Descubrí que todo lo que se dice de ella es cierto: es una actriz extraordinaria, muy profesional y tremendamente generosa con sus compañeros.
También coincidí nuevamente con Federico Ayos, con quien estudié en el CEA y con quien no trabajaba desde La Candidata. Volver a encontrarnos tantos años después fue muy especial.
¿Y cómo llegó La Velocidad del Zoom?
Fue muy curioso. Mi amiga y compañera de Backdoor, Vero Bravo, me escribió para decirme que estaban pidiendo mi teléfono para una película.
Poco después me escribió el director y productor. Me dijo algo muy chistoso: “Soy fan de tus cejas”. Después me explicó que llevaba tiempo siguiéndome y que pensaba que mi personalidad era perfecta para uno de los personajes.
Me pidió hacer casting y cuando vi el material eran seis cuartillas completas. Le pregunté si tenía que grabar toda la escena y me respondió: “Sí, completa”. Además lo necesitaban prácticamente de inmediato.
Ese tipo de cosas casi nunca se cuentan. Muchas veces recibimos un casting para entregarlo al día siguiente. Hay que aprenderse el texto, encontrar quién te dé réplica, resolver la iluminación de tu casa y entregar un trabajo profesional en muy poco tiempo.
Todo ese proceso también forma parte de esta profesión.
¿Cuál ha sido el personaje que más te ha retado?
Creo que todavía no lo estreno: será justamente el personaje que haré en Chile.
Siempre respondía otra cosa cuando me hacían esta pregunta, pero ahora estoy convencida de que este será el reto más grande de mi carrera hasta ahora.
Creo que por eso también estoy tan nerviosa. Es esa mezcla de emoción, miedo y expectativa, como cuando eras niño y ya sabías que estaba por llegar Navidad.
¿Qué disfrutas más interpretar: series, cine, teatro o televisión?
Creo que las series.
He hecho cine, pero todavía no con personajes tan grandes como el que viene ahora. También hice una telenovela el año pasado con Daniela Romo y fue una experiencia maravillosa.
Volví a enamorarme del melodrama. Yo crecí en Televisa y le tengo muchísimo respeto porque pocas personas imaginan lo que significa grabar durante 14 o 16 horas seguidas, sosteniendo emociones intensísimas todos los días. Es un verdadero deporte extremo.
Pero si hoy tuviera que elegir, me quedaría con las series. Ahí siento que encontré un formato donde puedo construir personajes con mucha profundidad y disfrutarlos muchísimo.

¿Qué sientes cuando termina un proyecto?
Muchísimas ganas de irme de vacaciones.
Con el tiempo entendí que esta profesión también está llena de despedidas. Durante meses una producción se convierte en tu familia. A veces ves más a tus compañeros que a tu propia familia o a tu pareja.
Compartes absolutamente todo con ellos y de pronto llega el último día, das las gracias, abrazas a todos y cada quien sigue su camino. Son duelos constantes. Por eso siempre me gusta cerrar un proyecto descansando un poco antes de comenzar el siguiente.
¿Cuál sería tu papel soñado?
Mi sueño más grande sería interpretar a una superheroína de Marvel.
Siempre he querido hacer un personaje completamente distinto a mí, que me obligue a investigar muchísimo y a construir algo totalmente nuevo.
Pero si hablamos de un sueño muy específico, sería ser una versión femenina de Iron Man. Sé que no existe, pero me encantaría una “Iron Woman”.
Me imagino una mujer empresaria, brillante, poderosa, muy femenina, que además sea una superheroína. Es un sueño enorme, pero creo que hay que permitirse soñar así de grande.
Después de todos estos años de carrera, ¿qué es lo más valioso que has aprendido?
A mantenerme fiel a mis valores.
Esta profesión ya es suficientemente difícil como para además competir desde la mala intención. Muchas veces haces casting junto a amigas muy cercanas y una consigue el personaje mientras la otra no. Aprender a alegrarte genuinamente por los demás requiere mucha madurez.
También he aprendido que todos estamos viviendo nuestras propias batallas y que hace falta muchísima empatía.
¿Qué representa cada proyecto para ti?
Cada personaje mantiene viva a mi niña interior, esa que soñaba con actuar sin siquiera saber que esta profesión existía.
Yo crecí en una familia muy tradicional y, cuando era niña, ser actriz no parecía una posibilidad real. Pero siempre hacía shows, bailaba, cantaba, imitaba a Tatiana y nunca tuve vergüenza de presentarme frente a la gente.
Hoy me doy cuenta de que fui muy fiel a esa niña y creo que eso también ha sido una forma de sanar mi propia historia”.
¿Y qué es lo que más te sorprende de todo lo que has logrado?
Haber construido este camino por mí misma.
Me vine de Acapulco a la Ciudad de México siendo muy joven, en una época donde ni siquiera existían aplicaciones como Google Maps o Uber. Desde los 19 años me mantengo económicamente sola y todo lo que he construido ha sido paso a paso.
Claro que tuve una base maravillosa gracias a mi mamá y a los valores que me enseñó, pero profesionalmente cada puerta la he ido abriendo yo.
He cometido muchísimos errores, sigo aprendiendo y también he pasado por crisis, pero justamente eso es lo que me hace sentir muy orgullosa de la mujer que soy hoy.
A veces la gente piensa que las cosas llegan fácilmente o que siempre hubo alguien impulsándote, pero en mi caso no fue así. Por eso miro mi historia con muchísimo cariño y agradecimiento. Todo el esfuerzo ha valido la pena.
Deja un comentario