Seis años que parecieron eternos. Hace seis años el Museo Dolores Olmedo cerró sus puertas, en este tiempo pasaron muchas cosas, rumores, acuerdos, silencios e incertidumbre, pero sobre todo hubo una cosa mucho más grave, una pérdida cultural enorme para Xochimilco. El Dolores Olmedo siempre ha sido mucho más que un simple acervo, ha sido un sitio de reunión comunitaria, tradiciones y celebraciones como la quema de Judas o su legendario Altar de Muertos. Un lugar donde tanto vecinos, como locales y extranjeros podían disfrutar de la cultura mexicana en su máximo esplendor, desde la mayor colección de Frida Kahlo, Diego Rivera, Angelina Beloff y Pablo O´Higgins, hasta arte prehispánico, novohispano y popular, además de la fauna del lugar conformada por Xolos y Pavo Reales.

Fueron años marcados por rumores sobre el destino del acervo, versiones sobre un posible traslado a Chapultepec y una sensación constante de incertidumbre alrededor de una colección que, para muchos, nunca debería abandonar La Noria. Los vecinos de Xochimilco, encabezados por el colectivo “Defendamos el Museo Dolores Olmedo”, se posicionaron a la noble defensa a favor de la memoria viva y cultural que representa este mágico lugar. Durante años insistieron en que el museo era una extensión del barrio, donde la comunidad convivía con el arte, el agua, con los árboles, con los perros sin pelo y con la historia íntima de una población que aprendió a reconocerse en esos muros como era la intención de Doña Lola cuando legó sus bienes al pueblo de México.

La reapertura, anunciada el próximo 30 de mayo en el contexto del Mundial, devuelve al sur de la ciudad una de sus faltantes más visibles. Con un piso de duela nuevo y una remodelación profunda a sus espaldas, no es casualidad que el Dolores Olmedo abra sus puertas en un momento en que la Ciudad de México se prepara para mostrarse ante millones de ojos extranjeros. Pero más allá del escaparate internacional al que se verá sometido, lo verdaderamente importante es que el museo vuelva a mirar hacia su propia gente, hacia quienes durante años pasaron frente a esas puertas cerradas como quien ve una parte perdida de sí mismo, y a quienes esperan, que esta reapertura sea para siempre, y no solo cosa de un mundial.

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