La música latina siempre ha sido sinónimo de fiesta, verano y canciones que terminan convirtiéndose en parte de nuestra vida. Durante años, gran parte de esa conversación estuvo liderada por Colombia. Desde Carlos Vives hasta Maluma, pasando por JBalvin, Karol G o Sebastián Yatra. El país construyó una de las industrias musicales más influyentes de la región. Al mismo tiempo, Puerto Rico se hizo presente a través del reggaetón y artistas como Bad Bunny, quien resumió mejor que nadie el momento cuando dijo: “Ahora todos quieren ser latinos”. Una frase que refleja cómo la música hecha en español pasó de ocupar un lugar secundario a convertirse en el centro de la cultural mundial. Y aunque Colombia y Puerto Rico siguen siendo referentes absolutos, hay otro país que está logrando que el mundo vuelva la mirada hacia él: Venezuela.
La música venezolana nunca ha sido ajena al éxito. Himnos como Colgando en tus manos de Carlos Baute, las canciones de Ricardo Montaner o el fenómeno global que fue Me Rehúso de Danny Ocean demostraron hace tiempo que el talento venezolano podía conquistar cualquier mercado. Sin embargo, lo que estamos viendo ahora es un crecimiento de manera exponencial. No se trata de un solo artista rompiéndola, sino de toda una generación que está cambiando el sonido latino.



Parte de este fenómeno tiene que ver con que los artistas venezolanos están encontrando una identidad propia. Mientras gran parte del mercado sigue orbitando alrededor del reggaetón tradicional, nombres como Alleh y Yorghaki lograron convertir el merenguetón en uno de los sonidos que más han gustado en los últimos años. Lo que comenzó con canciones virales terminó evolucionando en un movimiento que encontró su punto más alto con La Ciudad. Un álbum que los colocó en el radar internacional y que sigue generando conversación mucho tiempo después de su lanzamiento. Ahora, con el debut en solitario de Yorghaki, Antes de que sea tarde, la historia parece apenas estar comenzando.
Pero el fenómeno venezolano no depende únicamente de las nuevas generaciones. Artistas como Lasso y LAGOS llevan años construyendo carreras que hoy se traducen en canciones que ya forman parte del soundtrack de toda una generación. Temas como Ojos Marrones o Mónaco no solo están en nuestras playlists; se convirtieron en himnos capaces de conectar con los fans dre la música latina sin importar de que país seas.En paralelo, Elena Rose encontró su lugar como una de las voces femeninas más importantes de la música latina actual. Ya sea como compositora detrás de algunos de los mayores éxitos del pop latino o con sus propios hits.
Y luego está Rawayana, probablemente el mejor ejemplo de cómo la música venezolana dejó de ser una promesa para convertirse en una fuerza a nivel global. La banda atraviesa uno de los momentos más grandes de su carrera con una gira que ha agotado distintas ciudades y con una propuesta que mezcla música, y comunidad como pocas bandas latinoamericanas lo hacen hoy.
Lo más increíble de esta nueva ola venezolana no es solo que están haciendo canciones exitosas. Están creando universos completos. Conciertos con dresscodes, conceptos visuales, canciones que definen el verano, comunidades extremadamente activas y una identidad cultural auténtica.
Deja un comentario