Protagonizar una película musical sobre migración, identidad y el sueño de construir una vida lejos de casa fue, para Mauricio Martínez, mucho más que un nuevo proyecto en su carrera. Brotherhood llegó a él de una manera inesperada.
En la película, Mauricio interpreta a Fabián, un mexicano que llega a Estados Unidos junto a su familia en busca de asilo político. Aunque sus historias no son idénticas, ambos comparten la experiencia de ser migrantes, el orgullo por sus raíces y la necesidad de construir un hogar en un país distinto al propio.

¿Qué fue lo primero que sentiste cuando leíste Brotherhood?
Sentí un gran honor, sobre todo porque el director me ofreció el personaje sin necesidad de hacer casting. Después me confesó que me había estado buscando en redes sociales porque necesitaba encontrar a un actor latino que cantara.
Primero pensó: “Lo voy a encontrar en Broadway”, y comenzó a buscar actores latinos de mi edad. Pero, conforme avanzó con el guión, se dio cuenta de que el personaje tenía que ser mexicano, así que la lista se redujo muchísimo.
Me dijo que yo fui de los primeros nombres que encontró y comenzó a buscar mi trabajo. Vio videos míos interpretando a Emilio Estefan en On Your Feet!, también como Don Quijote en El hombre de La Mancha. Después escuchó mi último disco, grabado en vivo en Studio 54, con canciones de Broadway en inglés.
Me contó que, particularmente, después de escuchar “The Impostor”, decidió: “Este es el actor que necesito para interpretar a Fabián”.
En ese momento yo había estado alejado durante algunos meses porque el cáncer había regresado. Me estaba tomando un tiempo para descansar y recuperarme. Justo en esos días publiqué un video para agradecer todos los mensajes de apoyo que había recibido y explicar que estaba bien y en manos de mis médicos. Le puse subtítulos en inglés para que también pudieran entenderlo mis seguidores de otros países.
El director vio ese video y me dijo que ahí terminó de confirmar que yo era la persona que necesitaba para el personaje.
Nunca en mi vida me había pasado algo así.
Mandó un correo a mi representante y a mis agentes casi, como él dijo, “al universo”. Dos semanas después yo tenía una lectura de un musical en Nueva York y, estando allá, mi agente y mi mánager me enseñaron el correo.
Me dijeron: “Creemos que esto es demasiado bueno para ser verdad. Te quiere como protagonista de su película y está en Nueva York. ¿Puedes verlo mañana?”.
Yo regresaba a los dos días, así que acepté.
Teníamos programada una reunión de media hora y terminamos platicando durante dos horas. Me contó sobre el proyecto, sobre la historia y las canciones.
La historia me pareció profundamente humana y necesaria, especialmente por todo lo que estamos viviendo como mexicanos en Estados Unidos. Me pareció una forma muy honesta y pura de llevar este problema a la pantalla.
Y, además, era un musical.
Ahí fue la cereza del pastel para mí. Pensé: “Un musical en cine sobre migrantes mexicanos y sobre una realidad que estamos viviendo”. Me encantó porque la música no solo acompaña la historia, sino que también la impulsa y abre espacios para hablar de inclusión, respeto y humanidad.
Las canciones son bellísimas y, unos meses después, ya estaba en el set filmando la película. Ahora estamos aquí, promocionándola.
Hablando de Fabián, ¿en qué momento sientes que sus historias se encuentran? ¿Qué tienen en común?
Tenemos muchas cosas en común, aunque, por supuesto, guardando las debidas proporciones.
Los dos somos inmigrantes y compartimos, de alguna manera, el sueño americano. La gran diferencia es que yo no tuve que salir corriendo de México huyendo de la violencia, como le sucede a Fabián.
Él tiene que abandonar México de emergencia debido a la violencia y a las amenazas que recibe en su restaurante. La situación se vuelve muy fuerte y termina escapando junto a su esposa, que está embarazada, y su hermano.
Llegan a Estados Unidos y pasan diez años esperando recibir asilo político, como ocurre con cientos de miles de casos migratorios.
Mi historia es distinta, pero creo que tanto Fabián como yo somos eternos soñadores. Somos personas positivas y profundamente orgullosas de nuestras raíces.
Irte a vivir a un país que no es el tuyo y convertirlo en tu hogar no es sencillo. Tienes que aprender a vivir entre dos idiomas, dos culturas y dos realidades, sin olvidar de dónde vienes.
En ese sentido, Fabián y yo nos parecemos muchísimo.

¿Qué significa para ti poder representar historias mexicanas en escenarios internacionales?
Me llena de orgullo.
En esta película abordamos temas como la migración, la identidad, la solidaridad y el orgullo de ser mexicano. Pero lo hacemos con respeto, dignidad, amor y realidad.
No queríamos caer en el cliché del mexicano que muchas veces vemos, sobre todo en producciones de Hollywood. Queríamos contar una historia con verdad y cuidar cada detalle.
Por eso una gran parte del equipo creativo y de producción está conformado por mexicanos: la diseñadora de arte, la encargada de vestuario, el director de fotografía, los protagonistas y varios integrantes del elenco.
Hay muchísima autenticidad en el proyecto y creo que eso le da otro nivel de verdad a la historia.
Además, me parece especialmente significativo que millones de familias puedan verse representadas en una película como esta.
Y que sea un musical lo vuelve todavía más especial. La música invita a la reflexión de una manera distinta. Cuando las palabras ya no son suficientes, los personajes recurren a la música y a la danza, y eso vuelve la historia mucho más poética.
Una canción de cuatro minutos puede contar algo que, de otra manera, tomaría muchísimo más tiempo explicar. La música ayuda a avanzar la historia de una manera más dramática y poderosa.
¿Qué te gustaría que el público se llevara o entendiera después de ver esta historia?
Creo que tengo un compromiso con participar en historias que tengan un impacto social y emocional.
Para mí, el arte puede convertirse en un puente para generar conversaciones sobre comunidad, empatía y el lugar que tienen las familias migrantes dentro de la narrativa contemporánea”.
Y Brotherhood representa perfectamente ese compromiso que tengo como artista, pero también como ser humano, mexicano, migrante, latino, cantante, actor y creador.
Todo se unió en este proyecto y eso me llena de orgullo, aunque también representa una gran responsabilidad.
Me gustaría que el público se quedara con muchas preguntas.
La película se estrena primero en Estados Unidos y después llegará a México. Creo que para el público estadounidense puede ser una oportunidad para conocer una realidad que muchas personas desconocen: familias que están siendo separadas, personas que viven durante años con la incertidumbre de no saber qué pasará con su futuro.
La película invita a reflexionar sobre la convivencia, la empatía y el verdadero significado de ser buenos vecinos. Por eso se llama Brotherhood.
La historia presenta a una familia mexicana que lleva diez años viviendo en Estados Unidos, trabajando, pagando impuestos y esperando recibir asilo político. Al lado vive una familia estadounidense que, de alguna manera, da por sentada una realidad completamente distinta.
Son vecinos, pero realmente no se conocen.
Y creo que eso ocurre muchísimo.
La película busca abrir los ojos sin entrar en discusiones políticas. Lo hace de una manera humana, respetuosa y emotiva, que me parece muy necesaria y urgente.
Después de una carrera tan amplia, con proyectos en teatro, televisión y Broadway, ¿qué sigue representando un reto para ti como actor?
El reto sigue siendo encontrar personajes que me llenen y que pueda representar con orgullo, como Fabián.
Pero también estoy en una etapa de mi vida en la que quiero crear.
Acabo de terminar de escribir un libro autobiográfico en el que he trabajado durante dos años y que esperamos lanzar hacia finales de año. También tengo otro proyecto enfocado en impulsar talento nuevo.
Siento que estoy comenzando a explorar el otro lado de la industria. No solamente quiero estar frente a la cámara o sobre un escenario como actor y artista, sino también involucrarme como creador.
Ya me adentré al mundo de la escritura y me gustó muchísimo. En un futuro no muy lejano también me gustaría dirigir.
Quiero seguir expandiendo las alas dentro del arte.
Y, por supuesto, mantenerme abierto a las posibilidades, entendiendo que esta carrera cambia constantemente. Pero sí tengo claro que quiero involucrarme en proyectos que generen un impacto y tengan un mensaje.
Creo que los seres humanos estamos hambrientos de historias que nos llenen de esperanza y positivismo. Hay demasiada violencia y demasiada división allá afuera.
Necesitamos historias que nos permitan reflexionar, que nos inspiren y que nos recuerden que todavía podemos aspirar a ser mejores.
¿Cómo ha cambiado tu idea del éxito desde que comenzaste tu carrera hasta hoy?
La definición del éxito cambia constantemente y creo que tiene mucho que ver con la madurez.
Lo que para mí significaba el éxito a los 18 años, cuando me mudé a Nueva York para estudiar artes y quería comerme el mundo, no era lo mismo que significaba a los 24, cuando estaba participando en un reality.
Después llegaron los musicales, el teatro, Broadway y uno de los sueños más grandes de mi vida.
Pero también llegaron momentos muy difíciles.
Hoy, después de todo el camino recorrido, de los altos y bajos, de las experiencias personales y profesionales, mi definición del éxito es completamente distinta.
Para mí, hoy el éxito significa seguir vivo. Poder estar rodeado de personas que me suman y no que me restan. Tener salud, vivir de lo que amo y poder dedicarme a aquello que realmente me apasiona.
También significa poder dormir tranquilo por las noches, sabiendo que trato de ser una buena persona.
Ya no se trata únicamente de alcanzar una meta profesional.
Y estoy seguro de que esa definición seguirá cambiando. Probablemente cuando tenga 50 o 60 años volveré a entender el éxito de una manera diferente.
Creo que eso tiene mucho que ver con la edad, con las experiencias y con la madurez.
Hoy puedo mirar hacia atrás y pensar: “Wow, qué camino recorrido”.
Y, para mí, eso también es éxito.
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