“No imagino ningún proyecto propio que no tenga el propósito de ayudar a las siguientes generaciones y dejar algo positivo en la comunidad”.

Hay artistas que interpretan obras. Hay otros que transforman comunidades enteras a través de ellas.
Desde hace más de dos décadas, Alondra de la Parra ha construido una trayectoria excepcional dentro de la música clásica internacional. Ha dirigido algunas de las orquestas más prestigiosas del mundo, se ha presentado en escenarios emblemáticos de Europa, América y Asia, y se ha convertido en una de las figuras mexicanas más influyentes dentro de las artes escénicas contemporáneas.
Sin embargo, detrás de la directora de orquesta existe una visión mucho más amplia. Desde el inicio de su carrera, Alondra entendió que la música podía ser también una herramienta de transformación social. Por ello ha impulsado programas educativos para niños y jóvenes, ha creado oportunidades para nuevas generaciones de músicos y directores, y ha convertido cada uno de sus proyectos en una plataforma para construir comunidad.
Esa filosofía ha acompañado iniciativas como Armonía Social, que hoy brinda formación musical a cientos de niños en México, así como diversos programas educativos que ha desarrollado a lo largo de su carrera en ciudades como Nueva York, Sídney, Madrid y Ciudad de México. Para Alondra, el arte no termina cuando cae el telón; comienza precisamente ahí, en la capacidad de inspirar, formar y abrir caminos para otros.
Quizá ningún proyecto represente mejor esa visión que el Festival PAAX GNP.
Lo que comenzó hace cinco años en Xcaret como una reunión de artistas de talla internacional se ha convertido en uno de los encuentros culturales más relevantes de América Latina. Un espacio donde músicos, bailarines, cantantes y creadores de distintas nacionalidades conviven durante días para compartir conocimiento, generar nuevas obras y demostrar que la excelencia artística también puede construirse desde la colaboración y la cercanía humana.
Más que un festival, PAAX GNP se ha convertido en una familia. Un lugar donde desaparecen las jerarquías, donde los egos se quedan fuera de la sala de ensayo y donde nacen nuevas composiciones, coreografías y formas de entender el arte colectivo.
“Me conmueve mucho ver que PAAX GNP se ha convertido no solo en un festival de referencia internacional a nivel artístico, sino en algo único”.
En su quinta edición, el Festival PAAX GNP celebra no solo un aniversario, sino la consolidación de un sueño que ha logrado unir dos de las grandes pasiones de Alondra de la Parra: la excelencia artística y el impacto social.
Desde Madrid, ciudad donde actualmente reside junto a sus hijos y donde dirige la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid, la directora mexicana mira hacia México con la misma emoción de siempre. Y es precisamente esa emoción la que la trae de vuelta a Xcaret para celebrar los primeros cinco años de un proyecto que parece apenas comenzar.
Conversamos con ella sobre el crecimiento del Festival PAAX GNP, la maternidad, la música, el liderazgo, el arte como motor de transformación y los sueños que todavía le quedan por cumplir.
Este año el Festival PAAX GNP celebra su quinta edición. Cuando volteas a ver todo lo que ha crecido desde aquella primera vez en Xcaret, ¿qué es lo que más te emociona o te conmueve?
Me conmueve mucho ver que se ha convertido no solo en un festival de referencia internacional a nivel artístico, sino en algo único: no hay ningún festival como este en todo el mundo, donde se congregue tal cantidad de talento en un lugar tan paradisíaco como la Riviera Maya, y donde además pueda convivir la audiencia con los artistas de manera tan libre y cercana.
Eso es lo que más me emociona. Y, por otro lado, ver que con el paso de estos cinco años se ha consolidado una familia de artistas, donde han surgido coreografías nuevas, obras nuevas, ballets nuevos y sinfonías nuevas. Estas obras que se han comisionado en el Festival PAAX GNP han comenzado a recorrer el mundo a través de otras instituciones culturales.
Eso me llena de orgullo, así como ver que nuestro programa educativo Armonía Social sigue creciendo. Y pensar que esto es solo lo que hemos logrado en cinco años me emociona aún más por lo que puede venir en la próxima década.
Después de estos cinco años, ¿cómo este festival te ha cambiado la vida?
Me ha cambiado en el sentido de que, cada año, vuelvo con gran ilusión a mi país para hacer esto. Me encanta tener ese contacto constante con México.
También me ha cambiado porque el nivel de exigencia que me he puesto es altísimo: tengo que resolver una cantidad de música muy grande en muy poco tiempo. Cuando estoy ahí, dirijo en diez días lo que normalmente se haría en una temporada entera.
Para mí es un reto artístico enorme, pero también muy emocionante. Y me llena de alegría ver a tanta gente que regresa año tras año; hay personas que han venido los cinco años, y eso es muy bonito.
El reto principal es siempre hacer un festival mejor que el año anterior. Y como realmente han sido festivales ejemplares, siempre pienso en cómo superarlo. Hasta ahora lo hemos logrado”.
¿Qué experiencias te llevas en el corazón de estos años en el Festival PAAX GNP?
La complicidad entre los músicos, el esfuerzo, la mezcla de talentos y nacionalidades. Siempre tenemos entre 20 y 25 nacionalidades distintas, y al llegar a PAAX GNP todo se neutraliza. Todos se vuelven compañeros. Aunque la mayoría son jefes en sus orquestas o líderes en sus instituciones, aquí se integran como uno más del grupo. El ego se deja en la puerta.
Eso va muy en línea con lo que siempre he creído sobre el trabajo en equipo y el liderazgo, y eso me llena de alegría.
¿Qué retos y satisfacciones te ha demandado el Festival PAAX GNP?
El reto principal es siempre hacer un festival mejor que el año anterior. Y como realmente han sido festivales ejemplares, siempre pienso en cómo superarlo. Hasta ahora lo hemos logrado.
Este quinto aniversario no es la excepción: estamos estirando la liga al máximo.
Introducimos la presencia del coro y orquesta de la Comunidad de Madrid, conciertos corales, una nueva ópera —Carmen de Bizet, en una nueva versión hecha para el Festival PAAX GNP, por el Festival— junto con la Fundación ORCAM y el Festival que dirijo en Madrid, Escena Escorial.
También tendremos otro estreno operístico, además de la participación del Joffrey Ballet de Chicago. En fin, todo crece: la premier mundial de una obra de Gabriela Ortiz. ¡Hay muchísimo que celebrar!
Para mí, el reto ha sido ese: superarnos cada año de alguna manera. Y también ha sido muy gratificante ver cómo mi equipo crece al ritmo del festival; hoy es más sólido y está mejor preparado para una producción de este tamaño.
Hoy parece que cada vez más jóvenes se acercan a la música clásica desde otro lugar, de una manera menos rígida y más emocional. ¿Sientes que estamos viviendo un nuevo momento cultural en la música?
Sin duda. Creo que este es el momento más bonito para la música clásica y para las artes escénicas en general.
Con el exceso de exposición a lo no humano —los aparatos, la inteligencia artificial, lo que se crea con un clic— siento que todos, incluso los jóvenes, nos estamos cansando de eso.
Cuando llegas a una sala de conciertos y te das cuenta de que solo estás rodeado de seres humanos que, con su talento, su inteligencia, su esfuerzo y su capacidad, crean una magia en vivo, única y efímera, entiendes su valor. Es un evento irrepetible que te llevas para siempre.
En contraste con lo que vivimos hoy, eso se vuelve mucho más relevante. Por eso veo que la gente joven se está acercando cada vez más a lo que hacemos.
Después de dirigir en escenarios tan importantes del mundo, ¿qué tiene el público mexicano que lo hace distinto para ti?
Creo que el pueblo mexicano es muy cariñoso, con una calidad humana muy especial.
“El nivel de exigencia que me he puesto es altísimo: tengo que resolver una cantidad de música muy grande en muy poco tiempo. Cuando estoy ahí, dirijo en diez días lo que normalmente se haría en una temporada entera”. Sobre el Festival PAAX GNP.
Ahora que vives gran parte del tiempo en Madrid, ¿cómo ha cambiado tu manera de vivir la música, la maternidad y el equilibrio personal?
Para mí, ha sido como llegar a tierra firme luego de haber sido nómada por tanto tiempo. Pues aunque siempre he llevado conmigo a mis hijos desde que nacieron y sin dejarlos en ningún momento, lo cual representó un esfuerzo enorme a nivel físico, organizacional y económico, hoy poder mantener mis compromisos laborales y, al mismo tiempo, ser la mamá que quiero ser, es un logro enorme.
Llegó un momento en el que pensé que ese equilibrio podía romperse. Entonces apareció la oportunidad de dirigir la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid, justo en el momento indicado para encontrar la estabilidad que tanto necesitábamos mis hijos y yo.
Estoy disfrutando muchísimo poder trabajar desde casa y tener ese equilibrio que siempre había anhelado, además de vivir en una ciudad tan bonita.
Madrid es una ciudad profundamente artística y cultural. ¿Qué cosas te inspiran hoy de la vida allá y qué cosas sigues necesitando de México para sentirte completa?
Madrid me encanta porque todos los días ofrece algo distinto: teatro, música, danza, ballet, cine… Hay una oferta cultural impresionante y me encanta vivirla.
Por eso, ahora que también estoy al frente del Centro Cultural de San Lorenzo de El Escorial, me interesa contribuir a que esa vida cultural siga creciendo y ampliándose en toda la Comunidad de Madrid, especialmente en una zona tan hermosa como el municipio de San Lorenzo de El Escorial.
¿Y qué me hace falta de México? Yo siempre tendré un pie en México. Ahora regreso al Festival PAAX GNP para celebrar nuestra quinta edición con muchísima ilusión. De hecho, este año la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid participarán como invitados en el festival, así que de alguna manera en PAAX GNP se unen dos de los proyectos más importantes de mi vida: mis dos familias musicales. Poder lograr eso me inspira y me alegra muchísimo.
Cuando eran pequeños y conocían a un amigo nuevo, solían preguntar: ‘¿Y tu mamá o tu papá qué instrumento toca?’, como si todos los padres del mundo fueran músicos”.
Eres mamá, directora de orquesta, creadora de un festival internacional y además lideras proyectos sociales. ¿Cómo lidias con la presión que muchas veces sienten las mujeres que quieren crecer profesionalmente y también estar presentes para sus hijos?
Todos los días se trata de priorizar. Para mí, mis hijos están por encima de todo. Procuro reservar momentos muy claros del día que sean exclusivamente para ellos y estar verdaderamente presente en esos espacios: cuando los recojo del colegio, cuando hacemos la tarea, cuando estamos juntos. Intento ser yo quien los acueste por las noches y compartir esas pequeñas rutinas que parecen sencillas, pero que, hechas de manera constante, construyen la experiencia de ser mamá.
Muchas veces también me los llevo conmigo cuando es posible e intento involucrarlos en lo que hago. Les cuento qué obra estoy estudiando, las historias detrás de la música y siempre vienen a mis conciertos y a los ensayos.
Creo que para ellos también es bonito ver que su mamá disfruta su trabajo. Y para quienes somos madres, es importante recordar que a los niños les hace bien ver que sus padres tienen pasión por lo que hacen. Ese ejemplo también forma parte de su formación.
Por supuesto, hay momentos de gran presión y decisiones difíciles, pero trato de navegarlo con la mayor conciencia posible.
¿Qué consejo le darías a una mujer que está intentando construir una carrera muy demandante sin renunciar a la maternidad?
Es un reto enorme. Cuando tienes un trabajo tan demandante como el mío y además la maravillosa responsabilidad de ser madre, no queda mucho espacio para más cosas. Hay que entender que durante muchos años ese será el enfoque principal.
También es importante no olvidarse de una misma. Buscar espacios de paz, algún hobby o actividad que permita desconectarse. En mi caso, el tenis es mi escape. Cuando juego tenis, es mi momento para pensar únicamente en la pelota y olvidarme del trabajo, de los niños y de todo lo demás.
Recomiendo mucho encontrar ese espacio semanal para uno mismo, porque esa pausa permite estar más presente en todo lo demás.
¿Tus hijos entienden ya la dimensión de lo que haces? ¿Cómo te observan arriba del escenario?
Sí, poco a poco empiezan a darse cuenta. Aunque la verdad es que han crecido dentro de este mundo. Desde que nacieron estuvieron en ensayos, en carriolas y entre músicos. Recuerdo incluso alguna ocasión en la que dirigí un ensayo cargando a mi hijo en uno de esos portabebés que se cuelgan en los hombros.
Para ellos siempre ha sido algo normal. Cuando eran pequeños y conocían a un amigo nuevo, solían preguntar: “¿Y tu mamá o tu papá qué instrumento toca?”, como si todos los padres del mundo fueran músicos.
Ahora que están más grandes empiezan a comprender mejor lo que hago. También han participado en Armonía Social, tocan ahí y comparten la alegría de los proyectos que desarrollo. Eso me encanta.
No ha habido ningún proyecto en toda mi carrera que no haya tenido un componente educativo o social importante”.
En el Festivsl PAAX GNP también existe una intención de comunidad y transformación social. ¿Por qué era importante para ti?
No ha habido ningún proyecto en toda mi carrera que no haya tenido un componente educativo o social importante. Cuando tenía 24 años, en Nueva York, creé el programa Niños dentro de la Filarmónica de las Américas, dirigido a estudiantes de escuelas públicas de Harlem y Washington Heights.
Más adelante, en Australia, desarrollé diversos programas educativos y trabajé mucho con niños. En México impulsé proyectos como Armonía Social y también la Academia de Dirección de Orquesta, que tuvo tres ediciones. Además, he otorgado becas a directores mexicanos para que estudien en el extranjero.
Armonía Social, que hoy cumple cinco años, es probablemente el ejemplo más claro de ese compromiso. Actualmente trabaja con alrededor de 300 niños que reciben formación musical y práctica orquestal semanal.
Ahora también quiero desarrollar una línea educativa importante en El Escorial.
Simplemente no imagino ningún proyecto mío que no tenga el propósito de ayudar a las siguientes generaciones y dejar algo positivo en la comunidad.
Después de cinco años de PAAX GNP y de todo lo que has construido y transmitido, ¿qué sueños te faltan por cumplir como directora, mujer y mamá?
En lo artístico tengo planeado completar un ciclo con todas las sinfonías de Mahler. Me gustaría terminarlo antes de cumplir 50 años, que es justamente la edad que tenía Mahler cuando murió y cuando concluyó su última etapa creativa.
También quiero seguir fortaleciendo el proyecto de la ORCAM, que cada año se consolida más artísticamente. Me interesa trabajar más en ópera, porque me apasiona profundamente, así como seguir desarrollando proyectos interdisciplinarios.
Por ejemplo, me encantaría hacer una segunda parte del trabajo que realicé con Chula The Clown, Gaby Muñoz. Además, el proyecto La vida en azul, basado en la música de Gershwin, ya está listo para emprender giras internacionales.
Y como mujer y mamá, mi sueño sigue siendo cuidar y acompañar el crecimiento de esa hermosa plantita que es la maternidad: ver crecer a mis hijos, estar cerca de ellos y compartir cada etapa de su vida.
¿Qué podemos esperar este año para el Festival PAAX GNP?
Viene el maravilloso Rolando Villazón, lo cual representa un verdadero hito tanto para nosotros como Festival PAAX GNP como para México. Es un orgullo recibir a un artista mexicano tan admirado y reconocido en todo el mundo.
Por primera vez tendremos un coro en residencia: el Coro y la Orquesta de la Comunidad de Madrid. Gracias a ello podremos interpretar obras corales monumentales como la Novena Sinfonía de Beethoven y la Segunda Sinfonía de Mahler, además de ofrecer un concierto de zarzuela.
Presentaremos también una nueva producción de Carmen, inspirada en temas contemporáneos relacionados con las redes sociales. Será una puesta en escena muy interesante dirigida por Bárbara Lluch.
Además, contaremos con bailarines del Joffrey Ballet, por lo que realmente estamos celebrando estos cinco años de una manera extraordinaria.
Como cada año, buscamos superar la edición anterior, y esta vez no será la excepción. Estoy muy emocionada y profundamente satisfecha con todo lo que viene para el Festival PAAX GNP 2026, que nos recuerda que Vivir es increíble.
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