A través de “A Family Legacy”, Diez Company presenta una exposición dedicada al diseñador italiano y recibe a su hija, Giovanna Castiglioni, para compartir las ideas, historias y procesos detrás de algunas de sus piezas más emblemáticas.
¿Qué tienen en común un sillÍn de bicicleta, un asiento de tractor y un faro de automóvil? Para Achille Castiglioni, prácticamente cualquier objeto podía convertirse en el punto de partida para una nueva idea. Su manera de entender el diseño estaba en observar lo que lo rodeaba, encontrar nuevas posibilidades en los objetos cotidianos y experimentar sin miedo a romper con lo convencional. Esa forma de pensar es precisamente lo que hoy podemos descubrir en Achille Castiglioni: A Family Legacy, la exposición que llega al Showroom Diez Company.
El espacio recibe una selección de objetos, fotografías, archivos e historias que recorren el trabajo de uno de los grandes referentes del diseño industrial italiano


Achille Castiglioni
Nacido en Milán en 1918, Achille Castiglioni estudió Arquitectura en el Politécnico de Milán y comenzó su trayectoria trabajando junto a sus hermanos Livio y Pier Giacomo. Con este último desarrolló una de las colaboraciones más importantes del diseño italiano, creando piezas que combinaban funcionalidad, ingenio y una buena dosis de humor. Tras la muerte de Pier Giacomo, en 1968, Achille continuó trabajando de manera independiente hasta 2002.
A lo largo de su carrera desarrolló cerca de 290 proyectos de diseño industrial, muchos de los cuales siguen formando parte de nuestra vida cotidiana. Más que objetos decorativos, sus diseños parten de una manera muy particular de resolver problemas y encontrar belleza en lo funcional.

Una historia que merece ser contada
Detrás de cada creación hay una historia, una observación y una idea que demuestra que el diseño puede encontrarse en los lugares menos esperados.
Pero quizás una de las partes más interesantes de esta exposición es la posibilidad de conocer a Achille desde la perspectiva de Giovanna. Desde 2005, ella está al frente del estudio-museo de su padre, en Milán, el mismo espacio donde él trabajó durante más de cuatro décadas y que se conserva prácticamente como lo dejó. A través de recorridos y relatos, Giovanna comparte no solo las piezas terminadas, sino también los experimentos, los errores y las pequeñas historias que dieron forma a cada proyecto.
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