No crecí celebrando Día de Muertos con una ofrenda en casa, pero siempre me ha encantado ver cómo cambia la ciudad cuando se acerca la fecha. El naranja del cempasúchil aparece en las calles, las panaderías se llenan de pan de muerto y hay festivales que dan ganas de salir a recorrerla.
Quizá por eso disfruto tanto estos días. Entre flores, comida y encuentros, una tradición que no he vivido tan de cerca se siente cada vez más cercana. También me despierta curiosidad por las historias detrás de cada ofrenda y por lo que elegimos colocar en ella para recordar a alguien.
Con esa curiosidad, “Volver a la tierra”, el altar de Día de Muertos de Proyectos Públicos en General Prim, se vuelve un plan especialmente atractivo. Una ofrenda colectiva que invita a conocer otras formas de recordar y, si queremos, a sumar nuestra propia historia.
Un altar para volver a nuestras raíces
Con una propuesta que va más allá de lo tradicional la sexta edición del altar de Proyectos Públicos: “Volver a la tierra”. Logra darle vida a la relación entre lo que recordamos y lo que compartimos.
Desde la propuesta del altar parte de un maguey de 350 kilos, rodeado de quiotes, maíces de colores, tejidos de ixtle, flores y esculturas. Cada elemento nos acerca a quienes cultivan la tierra y transforman lo que viene de ella.
Además detrás del altar hay 23 artistas, artesanos, campesinos y colaboradores que comparten sus conocimientos para darle forma. Silvia García Martín lleva la curaduría, mientras Gabriela Salazar, Frida Kim y Wagner Kreusch crean el paisaje botánico que acompaña estas historias.


Yo suelo pensar en el pan de muerto que aparece cada temporada en las panaderías. Por eso me gusta descubrir estas otras versiones: conocer quién lo prepara, cómo aprendió a hacerlo y qué lugar tiene en su ofrenda. Si piensas como yo no te puedes perder es la oportunidad de probar un pan de muerto tan especial como es el de la familia García Anselmo. Su pan de muerto se hace en horno de tierra, con harina, sal y pulque, sin azúcar. Y toma formas de soles, animales y otras figuras que no encuentras en cualquier panadería.
Un plan contemporaneamente tradicional
Durante los cuatro días habrá comida, conversaciones, talleres, danza y música. Pulkenautas mezclará coplas campesinas con sonidos electroacústicos, mientras el Museo del Pulque de la Hacienda Soltepec compartirá conocimientos alrededor de esta bebida.
Cada tarde, de 18:30 a 19:00 horas, se realizará un encendido colectivo de velas. Quienes visiten el altar podrán sumar fotografías y memorias de sus seres queridos.

Vuelvo a pensar en lo que me atrae de estas fechas: la ciudad se transforma y, en medio de su ritmo habitual, aparecen espacios dedicados al recuerdo. Para quienes hemos vivido Día de Muertos más desde las calles que desde casa, una ofrenda colectiva puede ser una forma de acercarnos. De llegar con curiosidad y empezar a encontrar un significado propio.
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