En La captura, Alfonso Herrera, Noé Hernández y Héctor Kotsifakis comparten una historia que en pantalla está llena de tensión, peligro y acción. Detrás de cámaras, sin embargo, el ambiente fue completamente distinto. Los tres recuerdan un rodaje marcado por las risas, las bromas y una dinámica en la que disfrutar el trabajo fue tan importante como construir cada escena.
“Nos reímos mucho, fue un proceso muy lúdico. Dentro de la patrulla había muchas risas de por medio, pero cuando nos teníamos que poner serios, nos poníamos serios y creo que se nota”, cuenta Herrera sobre una convivencia que terminó trasladándose a la pantalla.
Buena parte de esa libertad surgió de la manera de trabajar del director Chava Cartas. “Es sabio ese señor director porque trabaja con lo que trae cada quien. No se cierra solo a su visión, sino que dice: ‘A ver, ¿tú qué traes?’. Y trabaja con todo, con el material de él, de él, de él”, explica Noé Hernández.
Para Héctor Kotsifakis, esa forma de dirigir permitió que el grupo desarrollara una química especial. “Hace que haya una sinergia tremenda en los equipos de trabajo, ¿sabes? Y aparte le gusta divertirse también”.
Esa diversión comenzaba mucho antes de escuchar “acción”. Antes de entrar a escena se reunían para hablar de lo que iban a hacer, aunque las conversaciones no siempre se concentraban en el trabajo. “Nos juntábamos todos para discutir, para platicar cómo íbamos a filmar y nos dedicábamos, yo creo, como 15 o 20 minutos a contar anécdotas. Era llegar al set y no llegar así de: ‘Bueno, okay, esto es lo que vamos a hacer’, sino llegar, disfrutar, contar cómo estábamos cada uno, contar chistes”, recuerda Kotsifakis.
Noé también recuerda que esos “15 o 20 minutos” podían extenderse bastante más: “Contábamos chistes como una hora. La asistente nos decía: ‘Ya, cabrón, ya, ya, vámonos, ya’”. La respuesta de Kotsifakis resume perfectamente el ambiente que tenían antes de comenzar a trabajar: “Ya pónganse serios, ya”.
Para los tres, esa capacidad de divertirse sin perder la concentración cuando llegaba el momento de filmar fue una de las claves del proyecto. “Disfrutar esto, porque así estábamos todo el tiempo”, recuerda Kotsifakis. “Nos reímos mucho, fue un proceso muy lúdico”.
Más allá de las anécdotas, los tres hablan del privilegio que sienten de poder dedicarse a actuar. Kotsifakis recuerda especialmente una conversación al terminar uno de los días de filmación. “Ya habíamos terminado el rodaje de ese día y estábamos todos ahí en el lobby del hotel, cada quien se estaba echando una cerveza, como platicando, y en eso Chava me dice: ‘Qué afortunados somos’”.
La frase terminó convirtiéndose en una especie de recordatorio durante toda la filmación. “Somos muy afortunados de dedicarnos a lo que nos dedicamos. Y todo el tiempo Chava nos lo recordaba, lo afortunados que somos”, agrega.
Noé lleva esa idea todavía más lejos y encuentra una comparación sencilla para explicar por qué disfruta tanto su profesión: “Nos gusta nuestro trabajo. Es jugar como cuando estábamos chiquitos, como ese juego de policías y ladrones… y aparte nos pagan por eso”.
“Los tres aquí presentes disfrutamos enormemente nuestro trabajo y nos sentimos muy afortunados de contar historias y de que esto nos dé para vivir y un poquito más”, resume Kotsifakis.
Esa es también la mejor manera de entender la química que existe entre Alfonso Herrera, Noé Hernández y Héctor Kotsifakis en La captura: durante el rodaje pudieron jugar, reírse y disfrutar como niños, pero cuando llegaba el momento de ponerse serios, los tres sabían exactamente qué hacer.
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