Paulina Landa encontró en el sound healing mucho más que una herramienta de relajación: descubrió un propósito. Lo que comenzó como una búsqueda personal para equilibrar el estrés y reconectar consigo misma, hoy se ha convertido en una academia con alumnos de distintas partes del mundo y en un proyecto que busca recordarnos que la calma también se cultiva. A través de los baños de sonido, la meditación y la creación de una comunidad enfocada en el bienestar, ha transformado su propia experiencia en un espacio donde detenerse, escucharse y volver al presente se convierte en un acto de cuidado personal.

¿Alguna vez imaginaste que terminarías dedicándote a esto?
Sí, totalmente. Llevo alrededor de 16 o 17 años meditando. Mi mamá fue quien me introdujo a este mundo y, aunque al principio practicaba únicamente con aplicaciones y meditaciones guiadas, pronto me di cuenta de que era una herramienta que me ayudaba muchísimo a regresar a mí misma, a relajarme y a encontrar un poco más de concentración.
Durante muchos años trabajé en el gobierno, en temas de seguridad, un entorno sumamente intenso y estresante. Había mucha adrenalina y presión constante, y la meditación se convirtió en un refugio para equilibrar todo ese caos.
Más adelante, mientras estaba buscando convertirme en mamá, descubrí el sound healing a través de redes sociales. Encontré a una terapeuta que vivía en Guadalajara y comencé a tomar sesiones virtuales con ella, incluso antes de que las videollamadas fueran algo tan común.
Desde la primera sesión sentí algo distinto. Me relajaba muchísimo y, además, me permitía sentir. Recuerdo que se me salían las lágrimas y me preguntaba por qué estaba llorando. Fue la primera vez que entendí que el cuerpo también necesitaba expresarse y que el sonido podía llevarte a un estado de profunda conexión contigo misma.
¿En qué momento decidiste que querías aprenderlo y compartirlo con los demás?
Empecé a tomar más sesiones y pensé: “Tengo que aprender esto”. Siempre me ha gustado estudiar y entender las cosas a profundidad, así que le pregunté dónde se había formado. Me recomendó una certificación en Los Ángeles y, justo cuando comenzó la pandemia, todo se volvió virtual.
Aprendí inicialmente para mí, para mi familia y para mis amigos”.
Muchas veces creemos que meditar significa dejar la mente en blanco, y eso simplemente no es posible. La meditación tiene más que ver con observar nuestros pensamientos sin aferrarnos a ellos. El sound healing facilita ese proceso porque el cuerpo entero escucha las vibraciones y comienza a relajarse; cuando el cuerpo se relaja, la mente también lo hace.
¿Cómo nació la academia de Sound Healing?
Fue algo muy orgánico. Muchas personas que tomaban mis sesiones me preguntaban dónde había aprendido, dónde compraba mis cuencos o si podía enseñarles.
Al principio me daba muchísimo miedo. Sentía el famoso síndrome del impostor y pensaba que todavía me faltaba mucho por aprender para poder enseñarle algo a alguien más.
Hasta que una noche una alumna me escribió para decirme que iba a inscribirse con otra persona mientras yo me decidía a lanzar mi programa. Ahí entendí que había una oportunidad y le respondí: “En una semana sale mi curso, espérate”.
La realidad es que todavía no tenía nada preparado.
Esa misma noche me senté frente a la computadora, diseñé el temario, armé la página y una semana después lancé el programa. La primera generación tuvo alrededor de 17 alumnos.
Hoy, tres años después, han pasado más de 120 personas por la academia y hemos creado una comunidad internacional con alumnos de países como Chile, Colombia, Ecuador, Estados Unidos y Reino Unido.
¿Qué ha sido lo más retador de este camino?
Muchísimas cosas. Creo que uno de los retos más grandes ha sido dejar de compararme con los demás. Las redes sociales tienen cosas maravillosas, pero también pueden ser muy duras para nuestra mente.
También ha sido un reto aprender a equilibrar mis diferentes roles: ser mamá, emprendedora y empresaria.
Existe una idea muy romantizada del emprendimiento, como si ser tu propio jefe significara tener más libertad y menos responsabilidades, cuando en realidad implica un enorme compromiso contigo misma.
Aprender a delegar, construir un equipo, despedir personas, mantener la disciplina y no tirar la toalla en los momentos difíciles han sido grandes aprendizajes.
Hay días en los que pienso que sería más sencillo regresar a un empleo tradicional, pero entonces recuerdo por qué empecé y todo lo que este proyecto significa para mí.
¿Qué es lo que te motiva a seguir adelante?
La constancia.
Creo profundamente que el compromiso y la disciplina son los que te llevan a alcanzar cualquier meta. Aunque haya días en los que no tengas ganas o sientas incomodidad, es importante levantarte y hacerlo de todas formas.
También me impulsa saber que, gracias a este trabajo, más personas están descubriendo que la calma y el bienestar están dentro de ellas mismas.

¿Qué te gustaría que las personas se llevaran después de vivir una experiencia de sound healing?
Me gustaría que se llevaran la certeza de que tienen dentro de sí mismas la capacidad de transformarse.
El simple hecho de cerrar los ojos y permitirte sentir ya es un acto de valentía.
También quiero que entiendan que el crecimiento personal no siempre es lineal ni cómodo. Muchas veces implica enfrentarte a partes de ti que no conocías o que preferirías no mirar.
Pero justamente ahí es donde ocurre la verdadera transformación.
¿Qué es lo que más disfrutas de todo lo que has construido?
Cuando estoy tocando los cuencos siento que el tiempo se detiene.
También me encanta la comunidad que se ha formado alrededor de este proyecto. Creé un espacio llamado club encalma, donde las personas pueden compartir su interés por la meditación, sentirse acompañadas y encontrar un espacio seguro.
Eso me llena muchísimo.
Hoy, ¿qué significa el éxito para ti?
Para mí, el éxito es sentirme plena haciendo lo que hago.
No significa que no existan retos o momentos difíciles, sino tener esa emoción y esa ilusión de seguir creando, compartiendo y creciendo.
¿Qué representa este proyecto en tu vida?
Representa conexión conmigo misma.
Representa libertad, tanto personal como financiera, y también la posibilidad de compartir con el mundo una parte muy íntima de mí.
Pero, sobre todo, representa mi propio proceso de crecimiento. Es un recordatorio constante de todo lo que he sido capaz de construir y de todo lo que aún puedo seguir creando”.
¿Qué es lo que más te sorprende al mirar hacia atrás?
Me sorprende ver la cantidad de personas que han confiado en mí.
Si hace algunos años me hubieran dicho que tendría más de cien alumnos aprendiendo sound healing conmigo, probablemente no lo habría creído.
Y ahora, siendo mamá, también me conmueve ver a mi hija interesarse por los cuencos y querer formar parte de este mundo.
Creo que eso es algo que me sorprende y me emociona todos los días.
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