Después de casi tres décadas en la industria de la moda, Alejandro Carlín atraviesa uno de los momentos más importantes de su carrera: el de reinventarse. Convencido de que un diseñador nunca deja de buscar su voz, hoy intenta explorar nuevos caminos creativos, construir una propuesta distinta y demostrar que el verdadero lujo también se crea desde México.

¿Quién es Alejandro Carlín hoy?
Hoy soy un curioso de la vida. Un curioso de las cosas, de la belleza, de descubrir, de observar, de sentir y de disfrutar. Creo que esa curiosidad es la que me mantiene creando y buscando constantemente nuevas formas de expresarme.
Después de casi tres décadas en la moda, ¿cómo ha evolucionado tu diseño?
Es curioso, porque ya son casi 30 años trabajando en esto. Tengo un archivo enorme de todos estos años y, evidentemente, mi esencia siempre está ahí; mi autorreferencia sigue viva. Pero también siento que todavía me falta mucho por crear y descubrir.
De hecho, estoy atravesando un momento muy interesante. Durante un tiempo me sentí un poco atorado creativamente, pero hoy lo veo como un nuevo comienzo. Es un renacer.
Las piezas que ya había diseñado van a seguir existiendo, pero para la próxima colección quiero crear algo completamente distinto. Quiero alejarme de lo establecido, incluso de lo que la gente identifica como “Alejandro Carlín”. Me interesa reinventarme por completo y presentar una propuesta totalmente diferente.
¿Cómo te diste cuenta de que era momento de abrir ese nuevo capítulo?
Porque esa necesidad ya estaba ahí, latiendo desde hace tiempo. Lo más sencillo siempre es regresar a la zona de confort, a lo que ya conoces y sabes hacer, pero entendí que era momento de explorar.
Incluso tenía pensado irme a Roma a estudiar sastrería. Probablemente ese viaje se posponga, pero también me di cuenta de que en México tenemos extraordinarios sastres. Quiero acercarme a ellos, aprender directamente de quienes dominan el oficio y explorar esa parte del diseño.
Me interesa desarrollar una propuesta de sastrería tanto femenina como masculina. Creo que el mercado masculino tiene muchísimo potencial y durante mucho tiempo ha estado un poco olvidado.
¿Qué te gustaría que sintiera alguien cuando usa una de tus prendas?
Lo que más he escuchado durante todos estos años es que las personas se sienten únicas y especiales. Ese siempre ha sido el mejor cumplido.
Mi intención es seguir creando piezas que hagan sentir eso. Cuando alguien llega con nosotros, muchas veces ni siquiera sabe exactamente qué necesita, pero sí sabe lo que quiere transmitir. Y cuando encuentra esa pieza, sucede una conexión muy especial.
Además, son prendas hechas para durar. Tienen una calidad extraordinaria y evolucionan con quien las usa. Tengo clientes que siguen utilizando un pantalón básico que compraron en 2011. Tal vez han cambiado de talla o necesitan algún ajuste, pero la prenda sigue formando parte de su vida. Eso habla de piezas que trascienden el tiempo.
¿Qué sigue emocionándote del mundo de la moda después de tantos años?
Más que la industria de la moda como tal, me emociona seguir construyendo una marca.
En México somos pocos los diseñadores realmente comprometidos con crear, desarrollar empresa y generar una propuesta propia. Lo que me entusiasma es seguir aportando ideas, conceptos y una visión de diseño que evoluciona junto conmigo.
¿Qué significa para ti representar a México a través de tu trabajo?
Me encanta.
Aunque mi trabajo no está enfocado en colaboraciones con comunidades artesanales, nuestro proceso también es profundamente artesanal. Cada prenda está hecha con ese nivel de cuidado y detalle que permite competir con cualquier marca internacional.
Me gusta pensar que llevamos esa artesanía a un nivel de lujo y demostramos que desde México también se pueden crear piezas de altísima calidad.
¿Recuerdas el momento en que encontraste tu voz como diseñador?
La sigo buscando.
Creo que encontrar tu voz nunca termina. Siempre está evolucionando”.
¿Qué parte de Alejandro existe dentro de cada colección?
Toda.
Hay algo mío en cada diseño, en cada costura, en cada puntada, en cada bordado y en cada detalle. No solamente participo en la parte creativa; también estoy involucrado en el desarrollo, la construcción, la selección de materiales y prácticamente en todo el proceso.
Ahora también estamos reconstruyendo el equipo para crecer, abrir nuevas puertas y llevar la marca a otro nivel.

¿Qué sigue despertando tu ilusión cuando empiezas una colección?
El proceso creativo.
Por ejemplo, para la colección de crochet las primeras muestras las tejí completamente yo. Hice cada cuadro, cada puño, cada suéter.
Después tuve algunos temas personales que hicieron que pausara ese proceso, pero todo sigue ahí. Las ideas están listas y siento que todo se está acomodando para llegar hacia esa expansión que estamos buscando.
¿Qué son la moda y el arte para ti?
Son mi vida. Son mi forma de comunicarme, de expresarme y de plasmar lo que siento.
Cada colección refleja quién soy en ese momento y cómo voy cambiando con el tiempo”.
Cuando miras hacia atrás y ves todo el camino recorrido, ¿qué sentimiento te provoca?
Una alegría enorme.
Ha sido un camino de muchísimo trabajo. En México no existe una industria consolidada para los diseñadores independientes; muchas veces cada quien va construyendo su camino por separado.
Eso hace que esta profesión pueda ser bastante solitaria. Por eso es tan importante encontrar equipos, alianzas y personas con quienes puedas compartir ideas, desarrollar proyectos y crecer.
Al final, esas relaciones son las que te permiten evolucionar y convertirte en el diseñador que quieres ser.
¿Qué legado te gustaría dejar más allá de la ropa?
Me gustaría dejar una mayor conciencia sobre el consumo y sobre el valor de los materiales y de los procesos.
No creo que existan respuestas simples. Muchas veces pensamos que ciertas soluciones son completamente sustentables, pero detrás también existen procesos complejos. Lo importante es ser conscientes y tomar mejores decisiones.
También quiero construir una comunidad donde la gente disfrute trabajar. Mi equipo funciona desde la confianza y el respeto. Muchos colaboran de forma independiente y lo hacemos desde una relación muy humana.
Al final, me interesa rodearme de personas que sepan, que aporten, que cuestionen y que me ayuden a llegar mucho más lejos.
Después de tantos años, ¿qué significa seguir aquí?
Mantenerse es probablemente lo más difícil.
Hubo un momento en el que cerré la empresa durante cinco años y volver no fue sencillo. Sin embargo, poco a poco he logrado reencontrarme con mis clientes, recuperar mi lugar y volver a posicionar la marca.
Hoy siento que todo empieza a hervir otra vez. Y eso me emociona muchísimo, porque significa que todavía queda mucho camino por recorrer.
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