Hublot celebra el arte de la fusión entre alta relojería y alta cocina en una noche irrepetible en Quintonil.
El tiempo, la precisión y la creatividad se sentaron a la misma mesa. Fiel a su filosofía Art of Fusion, Hublot convirtió una cena en una declaración de principios: cuando la técnica y la visión se alinean, el resultado trasciende disciplinas.

El escenario fue Quintonil, uno de los restaurantes más emblemáticos de la escena gastronómica internacional. Ahí, el chef suizo Andreas Caminada (3 estrellas Michelin) y el chef mexicano Jorge Vallejo (2 estrellas Michelin), juntos diseñaron una experiencia a cuatro manos donde el dominio del tiempo se tradujo en sabor, ritmo y emoción.
Como en la alta relojería de grandes complicaciones, en la cocina el tiempo es un ingrediente esencial. Cada decisión, del origen del producto al gesto final del emplatado, exige precisión absoluta.
Esa sensibilidad compartida ha creado de forma natural el vínculo entre Hublot y la gastronomía: un diálogo creativo donde técnica, autenticidad e innovación conviven bajo una misma visión.

La experiencia tomó forma en un menú degustación de 12 tiempos, un recorrido donde dos universos culinarios conversaron en una sola narrativa.
Caminada, al frente de Schloss Schauenstein, castillo del siglo XVIII con tres estrellas Michelin, ha extendido su creatividad más allá de la cocina, incluso colaborando con Hublot en una pieza conmemorativa por el 20º aniversario de su restaurante.
Vallejo, fundador de Quintonil junto a Alejandra Flores, ha construido durante más de una década un puente entre memoria e innovación en la cocina mexicana.
La noche tuvo además un significado especial: celebró el décimo aniversario de la Fundación Uccelin, creada por Caminada, y marcó su primera edición internacional.

Con un toque especial…
Los fondos recaudados se destinarán a dos becas para chefs o profesionales de servicio mexicanos, impulsando su formación en restaurantes de prestigio internacional con enfoque en técnica, creatividad y sostenibilidad.
En Quintonil, el tiempo no solo se midió: se saboreó. Y una vez más, Hublot demostró que su arte de la fusión no se limita a la relojería. Es una forma de entender el lujo como experiencia compartida, como precisión convertida en emoción.
Porque cuando el tiempo se trabaja con maestría, se transforma en memoria.
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