Alex de la Madrid desde muy pequeño supo que quería dedicarse a actuar, no solo por el escenario o la cámara, sino por el ritual que implica construir una historia: leer un guión al amanecer, investigar, imaginar, jugar. Hoy entiende su profesión como un espacio de exploración y aprendizaje. Reflexionando sobre el arte como autoconocimiento, la disciplina detrás de cada proyecto y la importancia de no perder nunca la capacidad de asombro.

¿Soñabas con el momento en el que te encuentras actualmente?
Sí, aunque suene cliché. Desde muy chiquito supe que quería ser actor, pero no solo por actuar, sino por todo lo que conlleva: despertar, leer guiones, tomar un café mientras investigas, construir personajes, inventar historias.
Hay algo que nunca ha cambiado en mí: la diversión. En inglés, to play significa actuar, pero también jugar, y yo sigo jugando hasta la fecha. Me divierte muchísimo crear personajes.
¿Qué representa el arte para ti?
El arte es conexión con tu creatividad, pero también es autoconocimiento. Es una experiencia muy personal e individual: el arte de cada persona es único. A través de él vas descubriendo qué te gusta, cuáles son tus virtudes y cuáles son tus defectos. Y lo interesante es que esos defectos, cuando los trabajas, pueden convertirse en grandes virtudes.
El arte es un proceso constante de descubrimiento”.
Más allá de tu profesión, ¿cómo vives el arte?
Me gusta involucrarme con lo que veo afuera. Disfruto mucho ser espectador, algo que no siempre es común en quienes nos dedicamos a esto. A mí me inspira el trabajo de los demás, me encanta ver lo que está pasando, las nuevas generaciones, las ideas frescas, pero también la conexión con el pasado. Lo vivo como algo cotidiano, de todos los días.
Como artista, ¿qué mensaje te gustaría transmitir a tu público?
No pienso que nuestro papel sea enseñar o corregir a los demás, pero sí somos un reflejo de lo que sucede. Tenemos cierta responsabilidad al tener un micrófono o una exposición. A mí me gustaría no perder nunca las ganas de seguir jugando y creando. Desde la trinchera que sea, lo importante es inspirar a otros a ser mejores personas. Creo que cualquier carrera, al final, va de eso: aprender a ser mejores.

¿Cómo te sientes cuando haces un proyecto?
Paso por muchas etapas. Soy muy exigente conmigo mismo, y eso a veces me lleva a ser exigente con los demás. Me gusta la puntualidad, la preparación, el profesionalismo. Intento poner el ejemplo para que el trabajo sea recíproco. Claro que eso también genera frustración o desesperación en ocasiones, pero con los años he aprendido a equilibrarlo. Llevo mucho tiempo trabajando y he encontrado una forma que me funciona y que me permite seguir disfrutándolo.
Dentro de todos los formatos, ¿qué disfrutas más: teatro, televisión o cine?
Empecé muy pequeño en el teatro, así que le tengo un cariño muy especial. Siempre que puedo regreso. He hecho muchísimo teatro. Después entré al mundo de la televisión y las series, que han sido una parte fundamental de mi carrera. El cine es lo que menos he hecho, aunque me gusta mucho.
La televisión y las series son espacios de mucho movimiento: todo es rápido, necesitas muchas herramientas y tienes que estar en constante entrenamiento. Pero lo disfruto muchísimo. La verdad es que todas las etapas y todos los formatos me gustan.
¿Cuál sería tu papel soñado?
Me lo he preguntado varias veces, pero he tenido la fortuna de hacer personajes muy distintos. Cuando tu carrera es tan versátil, no te obsesionas con uno en específico. Creo que los personajes que llegan tienen que ver con tu historia, con algo que estás viviendo o necesitas aprender. Así que no hay uno en particular que diga: “Ese es”. Todavía no.
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