Para Paola “Wera” Kuri, el futbol siempre ha sido parte de su vida. Aunque no creció en una familia particularmente futbolera, encontró en el balón una pasión que con el tiempo se convirtió en profesión, propósito y plataforma de cambio. Hoy, además de ser una de las voces más reconocidas en la conversación sobre futbol femenil en México, ha sido testigo de la transformación histórica que vive este deporte: de una época en la que las jugadoras entrenaban sin sueldo y con recursos limitados, a una realidad donde los estadios se llenan, las audiencias rompen récords y nuevas generaciones pueden soñar con ser futbolistas profesionales.
El crecimiento del futbol femenil, los retos pendientes y las oportunidades que traerán los próximos Mundiales forman parte de una conversación que busca mirar más allá de la cancha y entender cómo el deporte puede transformar vidas, abrir caminos y generar nuevas oportunidades para las futuras generaciones.

¿Qué fue lo primero que te atrajo al futbol?
Juego futbol desde que tengo tres años. Literalmente, desde que tengo memoria, siempre he tenido un balón conmigo. Es curioso porque no vengo de una familia particularmente futbolera. Mi papá era aficionado al Cruz Azul, pero fuera de eso no había una gran tradición deportiva en casa.
Por eso siempre digo que me encantaría tener una máquina del tiempo para descubrir exactamente cómo nació este amor. Lo único que sé es que siempre estuvo ahí. Siento que nací con el corazón en forma de balón.
Hoy en día, ¿qué conversaciones está teniendo el futbol femenil que antes no existían?
Creo que prácticamente todas. El cambio ha sido radical y, afortunadamente, para bien.
Hubo un momento en el que ni siquiera se concebía la posibilidad de que las mujeres jugaran futbol profesionalmente. Era algo por lo que había que luchar constantemente. Hoy la realidad es completamente distinta: una niña que juega futbol o una mujer que sabe de futbol es algo admirado e incluso considerado cool.
Antes generaba rechazo o incredulidad; ahora existe una conversación mucho más abierta y una aceptación que hace algunos años parecía imposible.
¿Qué jugadoras o equipos sientes que están marcando esta nueva era del futbol femenil?
Primero me gusta hablar de México porque nuestra liga está viviendo un momento histórico. Los números de asistencia, inversión y crecimiento son impresionantes.
Equipos como Club América, Tigres, Rayadas y Pachuca han apostado durante años por el futbol femenil y hoy son referentes precisamente por esa constancia.
Ver a un equipo mexicano como el América competir y coronarse campeón de la Copa de Campeones de la Concacaf frente a equipos de la NWSL, una liga con muchísimos más años de desarrollo, habla del enorme crecimiento que está teniendo nuestro futbol.
A nivel internacional, figuras como Alexia Putellas son fundamentales. Es una jugadora que ha logrado trascender el deporte y convertirse en un referente global. Hoy el futbol femenil ya no es una conversación aislada; es un movimiento mundial respaldado por números, audiencias y resultados.
¿Por qué es importante que se siga hablando del futbol femenil?
Porque, aunque hemos avanzado muchísimo, todavía queda mucho camino por recorrer.
Por ejemplo, el próximo año habrá una Copa Mundial Femenina y mucha gente ni siquiera sabe que existe. Todavía recibo preguntas como: “¿Se juega igual que el de hombres?” o “¿Cuenta igual?”.
Eso demuestra que sigue habiendo una brecha importante en la visibilidad y en la conversación pública. No es culpa de la gente; es una señal de que aún falta amplificar estas historias.
Lo emocionante es que estamos frente a una industria en pleno crecimiento, con nuevas audiencias y enormes oportunidades. Lo mejor del futbol femenil todavía está por venir.
Has cubierto distintos Mundiales Femeninos. ¿Cómo has visto esa evolución?
La diferencia ha sido enorme.
En Canadá 2015 conocí de cerca la realidad de muchas jugadoras mexicanas. Algunas utilizaban uniformes prestados, no tenían salarios estables y debían tener varios trabajos para poder seguir jugando. Las condiciones eran muy complicadas.
Después llegó Australia y Nueva Zelanda 2023, donde vimos récords históricos de asistencia, audiencias televisivas y generación de ingresos. La FIFA estima que el Mundial de Brasil 2027 romperá nuevamente esas cifras.
Cada cuatro años el crecimiento es exponencial, y eso demuestra que el interés existe y que tiene un enorme potencial.
¿Qué falta para que el futbol femenil entre definitivamente en la conversación general?
Todavía se sigue viendo como algo de nicho.
Durante mucho tiempo se intentó medir al futbol femenil utilizando los mismos parámetros que al varonil, y eso es un error. Son dos productos distintos.
Comparten el mismo deporte, la misma pasión y la misma calidad competitiva, pero cada uno tiene su propia identidad. No se trata de compararlos ni de que uno le quite espacio al otro.
Pueden coexistir, complementarse y enriquecerse mutuamente. Cuando entiendes eso, descubres que la emoción que genera un partido femenil es exactamente tan intensa como la de cualquier otro encuentro.
¿Qué países están marcando el camino en el desarrollo del futbol femenil?
México está haciendo cosas extraordinarias y merece ser mencionado.
También hay que mirar a Estados Unidos, cuya liga tiene años de ventaja y ha sido fundamental para el crecimiento global del deporte.
En Europa, la liga española ha crecido muchísimo gracias al trabajo de equipos como el Barcelona Femenil, que para mí es actualmente el mejor equipo del mundo. También destacaría la liga inglesa y la alemana, que siguen apostando fuerte por la profesionalización y la inversión.

¿Cómo le describirías un partido femenil a alguien que nunca ha asistido a uno?
Es una experiencia intensísima, emocionante y muy familiar.
Hay una energía muy especial. La afición vive los partidos con mucha pasión, pero también con un profundo sentimiento de apoyo hacia las jugadoras y hacia todo lo que han tenido que recorrer para llegar hasta ahí.
La gente conecta muchísimo con ellas porque conoce sus historias y entiende todo lo que significó abrirse paso en un espacio que antes no existía.
¿Qué sientes cuando ves un estadio lleno para un partido femenil?
Se me han salido las lágrimas muchas veces.
Ver estadios llenos representa mucho más que una cifra. Significa que hoy las niñas que sueñan con ser futbolistas tienen un camino real para lograrlo.
Durante mucho tiempo ese sueño parecía imposible. Hoy es una realidad tangible y eso me llena de felicidad.
Con el Mundial varonil llegando a México y el Mundial Femenil en Brasil el próximo año, ¿qué te gustaría que sucediera?
Me gustaría que entendiéramos que la conversación no termina cuando acaba el Mundial varonil.
Tenemos una oportunidad increíble para seguir hablando de futbol, generar contenido, construir audiencias y darle al Mundial Femenil la misma relevancia mediática.
Además, el futbol hoy es mucho más que deporte. También es cultura, estilo de vida, moda y entretenimiento. Hay muchísimas historias que contar alrededor de él.
¿Qué conversaciones pueden surgir rumbo al Mundial Femenil?
Creo que debemos aprovechar el momento para visibilizar referentes, abrir espacios y generar más contenido.
Los medios tienen un papel fundamental. Mientras más se hable de las jugadoras, de los equipos y de las historias detrás del deporte, más crecerá la audiencia.
Estamos frente a una oportunidad enorme y todavía hay mucho espacio para seguir construyendo.
¿Qué es lo que más te emociona de un Mundial?
La capacidad que tiene para unir personas.
Un Mundial no solo mueve al futbol; mueve culturas, emociones y comunidades enteras. Durante unas semanas, personas de distintas partes del mundo encuentran un lenguaje común a través de un balón”.
Eso es lo que más me gusta del futbol: la manera en la que conecta a la gente.
Además del futbol, también impulsas proyectos sociales a través del deporte. ¿Cómo nació esa iniciativa?
Antes de dedicarme de lleno al futbol tenía una feria de arte para impulsar artistas emergentes. Cuando llegó la pandemia, ese proyecto se detuvo y empecé a buscar nuevas formas de generar impacto.
Participé en un programa internacional donde debía presentar una iniciativa que combinara comunidad, deporte y transformación social. Así nació BlueWomenPinkMen, la idea de recuperar una cancha abandonada y convertirla en un espacio seguro y atractivo para niñas y niños.
Ganamos el apoyo para hacerlo realidad y desde entonces hemos intervenido cerca de 200 espacios.

¿Qué sientes cuando terminan una cancha?
Felicidad absoluta.
Lo más emocionante es ver llegar a los niños y las niñas para apropiarse del espacio. Además, trabajamos con ellos desde el diseño para que se conviertan en coautores del proyecto.
Hemos comprobado que estos espacios aumentan significativamente la participación de las niñas en el deporte. Muchas veces ellas no juegan porque no se sienten representadas o porque los espacios ya están ocupados por niños. Cuando transformamos una cancha, también transformamos la manera en que ellas se relacionan con el juego.
Y para mí, eso lo cambia todo.
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