
Después de cerrar el ciclo de Un Paso Hacia Ti, el actor, bailarín y cantante mexicano reflexiona sobre la disciplina, el perfeccionismo y la convicción de que el arte puede cambiar la vida de las personas.
Para muchos actores, un proyecto marca el inicio de una nueva etapa. Para Mateo Trabulsi, Un Paso Hacia Ti significó algo más profundo: la confirmación de que años de formación en danza, teatro, canto y actuación finalmente encontraron un mismo punto de encuentro.
Lejos de hablar únicamente de la serie que marcó su debut en televisión, Trabulsi prefiere conversar sobre el oficio. Sobre las horas de entrenamiento, las audiciones fallidas, el respeto por quienes trabajan detrás del escenario y la necesidad de emocionar en una época obsesionada con la perfección visual.
“Nunca deje que el arte saliera de mi vida”
Mateo comenzó su camino en el teatro musical desde niño. Aunque creció escuchando que dedicarse al arte era un camino incierto, nunca permitió que esas voces definieron su futuro.
“Había etapas en las que uno empieza a crecer y le dicen que el arte es un mundo difícil, que no se gana dinero o que te tratan mal. Pero, a pesar de esos comentarios, me salí con la mía y continué mi camino.”
Esa determinación convivió con otra decisión igual de importante: estudiar Comunicación en la Universidad Iberoamericana mientras seguía preparándose como bailarín, actor y cantante. Durante años, asegura, sintió que llevaba dos carreras al mismo tiempo.
La disciplina también significa aprender a esperar
En una industria donde las oportunidades suelen medirse en audiciones y rechazos, Trabulsi reconoce que hubo momentos en los que dudó de sí mismo. Ver compañeros avanzar o quedarse fuera de proyectos forma parte de un proceso que, con el tiempo, aprendió a entender desde otro lugar.
“Entendí que cada camino es distinto. Hoy estoy logrando cosas que, si se las contara al Mateo de hace unos años, simplemente no las creería.”
Más que obsesionarse con llegar rápido, decidió convertir la constancia en su mayor herramienta.
Cuba le enseñó que el arte es una forma de vida
Uno de los momentos más decisivos de su formación ocurrió durante los cursos que realizó en la Escuela Nacional de Ballet de Cuba. Ahí descubrió una cultura donde la danza se vive con una intensidad casi ritual.
No habla únicamente de técnica, sino de una entrega absoluta.
“No es estar de buenas o de malas: es ir al trabajo. Ellos entregan su cuerpo, su alma y su espíritu al arte, y eso cambió para siempre mi manera de entender un escenario.”
Esa filosofía hoy la traslada tanto al teatro como a los sets de grabación: estar completamente presente y entregarse a cada escena.
Emocionar importa más que la perfección
Cuando se le pregunta qué distingue a un artista completo, Mateo responde sin dudar: la preparación y la capacidad de emocionar.
En su opinión, las redes sociales y la cultura visual han puesto demasiado peso sobre la estética, olvidando aquello que realmente permanece en la memoria del público.
“Hemos perdido un poco el tema emocional. Nos dejamos llevar por la figura perfecta o el movimiento perfecto, pero la gente recuerda a quienes logran mover algo por dentro.”
Es una idea que atraviesa toda su visión artística: dominar la estética es esencial, pero conectar emocionalmente es lo que convierte una interpretación en algo inolvidable.
Hacer las paces con el perfeccionismo
Curiosamente, el mismo perfeccionismo que lo impulsó durante años también lo mantuvo alejado de las redes sociales. Confiesa que prefería no publicar antes que mostrar algo que considerara imperfecto.
Hoy piensa distinto.
“Las redes llegaron para quedarse. Son una puerta abierta al mundo y nunca sabes quién está viendo tu trabajo. Lo importante es integrarlas a tu vida sin dejar que te absorban.”
Más que construir una imagen impecable, busca compartir un proceso auténtico.
Inspirar, antes que impresionar.
Al finalizar la conversación, la respuesta llega con una claridad que resume toda la entrevista. Si alguien viera su trabajo dentro de diez años, Mateo no espera que recuerde un personaje o un escenario específico.
Espera dejar una emoción.
“Me encantaría que sintieran inspiración. Que, aunque no se dediquen al arte, algo se mueva dentro de ellos. Si logró transformar el mundo interno de una persona, eso me haría profundamente feliz.”
Con el teatro como primer amor, la televisión como un nuevo capítulo y el cine como el siguiente sueño por conquistar, Mateo Trabulsi parece tener claro que su verdadera meta nunca ha sido la fama, sino construir una carrera capaz de emocionar.
Deja un comentario