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MARIATINTO: EL VINO QUE PUSO A MÉXICO EN LA MESA

Un proyecto entre amigos, hoy convertido en referente del vino mexicano. Porque si hablamos de vino mexicano, tenemos que hablar de un Mariatinto.

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Mariatinto nace en 2002 en el Valle de Guadalupe, Baja California, como un proyecto enológico creado por el chef Guillermo González Beristáin y el enólogo Humberto Falcón. Un proyecto entre amigos que surge de botellas compartidas, de la intuición y de una profunda admiración por el vino, más que de una ambición de negocio. Hoy, más de dos décadas después, esa misma esencia lo ha convertido en uno de los nombres clave del vino mexicano.

¿Cómo nació su interés por el vino?

Humberto Falcón

Mi acercamiento comenzó en 1998, cuando entré a trabajar a Vinoteca. En 1999 tuve la oportunidad de viajar a Borgoña y lo que más me impresionó fue ver cómo toda la economía, la cultura y la vida social giraban alrededor del vino, particularmente en pueblos como Vosne-Romanée. No tenía idea de que un lugar pudiera vivir de esa manera.

Regresé a México impactado y, poco tiempo después, me invitaron al Valle de Guadalupe. Ahí entendí, que también existía algo similar, una comunidad en la que el vino era parte fundamental de la identidad local. Eso fue lo que me fascinó.

Cuando Guillermo me propuso hacer un vino, no lo dudé ni un segundo. Nunca lo vi como un negocio, sino como un hobby, queríamos hacer poco vino para nosotros, para su restaurante y para compartir con amigos.

Guillermo González Beristaín

En mi caso, el vino también fue una forma de reconectar con Ensenada, donde viven mis padres. Yo estudié gastronomía y trabajé en restaurantes enfocados en vino, pero fue hasta abrir Pangea cuando realmente me apasioné.

La experiencia de comer con vino me parece inigualable. Empecé a descubrir variedades, estilos, regiones. Desde un Merlot chileno hasta uno de Burdeos o California, y toda esa complejidad me intrigó profundamente. Literalmente cambió mi vida.

“El vino en la mesa ofrece una experiencia que ninguna otra bebida puede dar”.

¿Cómo era la industria del vino mexicano cuando nació Mariatinto?

La industria era completamente distinta. Había muy pocas bodegas y el movimiento estaba concentrado en casas tradicionales como Santo Tomás, L.A. Cetto, Freixenet en Querétaro o Casa Madero. Monte Xanic representaba lo boutique en ese momento.

El punto de quiebre llegó a finales de los noventa, cuando Hugo D’Acosta sale de Santo Tomás y crea Casa de Piedra. Paralelamente, impulsa la Estación de Oficios del Porvenir, donde enseña a productores a transformar su uva en vino. Ese proyecto marcó un antes y un después.

Nosotros llegamos justo después, cuando empezaban a surgir nuevas bodegas. Aun así, el mercado estaba muy abierto, pero con poca demanda de vino mexicano. Principalmente se consumía en Baja California y dentro de círculos muy específicos. En ese contexto nace Mariatinto, en un momento ideal para proponer algo distinto.

¿Cómo empezaron Mariatinto?

Guillermo González Beristaín

En esa época, Humberto comenzaba en Vinoteca como director de ventas y yo estaba abriendo Pangea en Monterrey. Nos conocimos, nos hicimos amigos y empezamos a compartir esta pasión por el vino.

Yo viajaba frecuentemente a Ensenada y empecé a ver el auge de nuevos proyectos, tanto enológicos como gastronómicos. Era la época en la que Benito Molina abría Manzanilla, y todo ese movimiento en el Valle de Guadalupe nos emocionaba muchísimo.

En una conversación le propuse a Humberto hacer un vino. No teníamos recursos ni experiencia directa, pero sí cercanía con gente del medio que creía en nosotros. Fuimos al Valle de Guadalupe a tocar puertas y, en la primera añada, en 2002, Hugo D’Acosta nos ayudó a ensamblar el primer Mariatinto con distintos caldos.

¿Qué significa el nombre Mariatinto?

Buscábamos un nombre y originalmente queríamos registrar “María”, pero no fue posible. Así decidimos llamarlo Mariatinto.

El nombre surge como una forma de dignificar a la mujer mexicana. “María” es un nombre profundamente arraigado en nuestra cultura, todos tenemos una mamá, hermana o tía que se llama así. Representa el matriarcado y la identidad del país. Queríamos que el vino transmitiera respeto, cercanía y admiración.

¿Qué momentos fueron clave para pertenecer al mundo del vino?

Humberto Falcón

Algo muy importante fueron las catas que hacíamos entre amigos en Pangea. Cada quien llevaba una botella a ciegas y probábamos vinos de todo el mundo. Cuando llevábamos vinos mexicanos, muchas veces eran subestimados, pero nunca quedaban en último lugar. Eso nos hizo ver su potencial.

El objetivo era claro, estar cerca de una zona que me impactó, hacer un vino que nos gustara y, por supuesto, demostrar la riqueza del vino mexicano y presumirlo.

Guillermo González Beristaín

Para mí fue el descubrimiento del maridaje. Entender cómo el vino transforma una comida fue determinante.
Ese proceso de aprendizaje, de probar distintas uvas, regiones y estilos, me hizo apasionarme profundamente. El vino no solo acompaña la comida, la eleva.

¿Cómo ha cambiado el consumidor de vino en México en estos años?

El cambio ha sido enorme. Hace 20 años, el consumo per cápita era de aproximadamente 250 ml, hoy supera el litro. Antes estaba concentrado en personas mayores de 35 años, pero hoy se ha ampliado a generaciones más jóvenes. También hay mucho más conocimiento y curiosidad.

Otro factor importante es el orgullo por el vino mexicano. Durante mucho tiempo fuimos malinchistas, pero hoy hay una mayor valoración de lo hecho en México.


“Va cambiando y lo afortunados que hemos sido es que María Tinto siempre ha sido un vino consistente. Hacer vino es bien difícil, cada año tienes condiciones distintas, algunas más favorables que otras, pero creo que el éxito que tiene María Tinto es la confiabilidad que da la etiqueta y saber que año tras año, sí, es un vino distinto, pero es un vino muy consistente.”

— Guillermo González Beristaín

¿Cómo ven hoy el posicionamiento del vino mexicano a nivel internacional?

Aún falta mucho, especialmente en exportación. México sigue siendo más reconocido por su cerveza, tequila y mezcal que por su vino.

Durante años, todo lo que se producía se consumía localmente. Hoy empieza a haber más vino disponible, lo que abre oportunidades para exportar.

También ha ayudado el auge de la gastronomía mexicana en el mundo. A medida que chefs mexicanos ganan reconocimiento, crece el interés por nuestros productos, incluido el vino.

Actualmente exportamos a Estados Unidos, Canadá y Guatemala, y cada vez recibimos más interés de importadores internacionales.

¿El vino mexicano ya tiene un estilo definido?

Con todo y que se hace vino en México desde hace más de 400 años, es emergente aún y es nuevo.

Aún estamos en un proceso de descubrir qué uvas funcionan mejor en qué zona, estamos en un proceso experimental. Cada vez más zonas dedicándose a un estilo o variedad de vino. Querétaro tal vez está siendo reconocido por su vino espumoso o vinos blancos y en su principio también sembraban miles de uva tinta.

Todavía tenemos un periodo de aprendizaje largo y eventualmente saber qué es lo que mejor funciona en cada zona.

¿Cuál es el sello distintivo de Mariatinto frente a otras vinícolas?

La consistencia, definitivamente. Me lo dijo alguien “Llegar con esto como regalo o llegar con esto a la mesa, es garantía.”

Creo que eso nos lo hemos ganado con los más de 20 años que llevamos haciendo vino y sorteando todo tipo de broncas que te pasan al hacer vino. Y que hemos privilegiado la calidad y el estilo que la cantidad de lo que vamos a embotellar, y muchos años hemos hecho menos vino, porque el año fue difícil climatologicamente, no logramos hacer la cantidad de cajas que queremos. Eso ha sido la clave.

Y la otra importante, es que desde el dia 1, hablamos de que queríamos un vino para comer. Siempre hemos tenido muy claro que lo que va adentro de la botella, es un vino que puedes poner en la mesa de comida japonesa, mexicana, italiana, tailandesa, de cualquier tipo, porque siempre queremos que el vino sea muy balanceado en las sensaciones boca.

¿En qué proyectos están trabajando actualmente?

Existen varios proyectos adicionales, y siempre estamos viendo otras cosas. Tenemos la línea que hacemos en Francia, San Blue de Mariatinto, compraños un viñedo en 2009 allá y es un vino destinado a un consumidor un poco más joven, con precios mas económicos. 

En California creamos SinBorder, con un enfoque altruista que apoya a niños migrantes a través de organizaciones como Save the Children, KIND y CASANICOLÁS.

Además, seguimos desarrollando nuevas etiquetas, como nuestro vino natural. O una edición que salió hace un par de años que es el M20 de cuando cumplimos 20 años.

Y uno de los más importantes, un proyecto donde cada año enaltecemos alguno de nuestros proveedores de uva, haciendo un vino de un solo viñedo, estamos trabajando ese proyecto al día de hoy.

¿Qué idea sobre el vino les gustaría cambiar o desmentir?

Humberto Falcón

No es mito, pero sí algo que me gustaría decir. Esta tendencia, sobre todo de las nuevas generaciones, de alejarse del mundo del alcohol por estilo de vida, creencias o moda, genera una confusión, el vino se está poniendo en la misma cancha que los destilados.

“El vino es cultura. El vino te hace comer más rico, te hace disfrutar más la comida y es un gran lubricante social. Es una industria milenaria llena de cultura. Es un arte hacer vino y beberlo te hace descubrir aromas, sabores y ver cómo cambia tu platillo. Y creo que por seguir mucho este camino de no alcohol, se están perdiendo de un placer increíble.”

– Humberto Falcón


“Me molesta cuando la gente desestima automáticamente el vino blanco y en sarcasmo dicen que el mejor vino blanco es tinto.
Yo siempre incito a probar mucho más vino blanco. La diversidad que hay es enorme, la amabilidad que te da y el rango que ofrece para comer es muchísimo más amplio. Puedes empezar y terminar una comida con vino blanco. Hay miles en el mundo que muchas veces pasan desapercibidos porque estamos obsesionados con el vino tinto. No nos damos permiso de probar más allá.”

– Guillermo González Beristaín

Para alguien que quiere empezar en el mundo del vino, ¿qué recomendarían?

Que no se intimiden. Hay que permitirse probar.
El vino transforma la experiencia de comer, estimula el paladar y aporta matices únicos. Si un vino no gusta, hay que seguir explorando hasta encontrar lo que conecta con cada persona.

No se necesita ser experto para disfrutarlo. Hoy hay más información y personas capacitadas que pueden guiar al consumidor. Lo más importante es perderle el miedo y darse la oportunidad de descubrirlo.

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