Hay películas que, con el paso del tiempo, dejan de pertenecer únicamente al momento en que fueron estrenadas. Se transforman en referencias culturales, en imágenes que permanecen y en historias que seguimos recordando. Eso es justamente lo que ha pasado con “El laberinto del fauno”.
Este 2026, Guillermo del Toro regresa al Festival de Cannes para presentar una versión restaurada de la película dentro de la sección Cannes Classics, un espacio dedicado a obras que han marcado la historia del cine.
Más que una simple proyección, el regreso de El laberinto del fauno funciona como una especie de reencuentro con una película que redefinió la manera en la que el cine fantástico podía dialogar con la memoria histórica, la violencia y la infancia.

Una película que cambió el cine fantástico
Cuando se estrenó en 2006, El laberinto del fauno no solo destacó por su universo visual o por la construcción de criaturas fantásticas. La película consiguió algo más complejo: utilizar la fantasía para hablar de la posguerra española, el miedo y la brutalidad desde la mirada de una niña.
Ese contraste entre lo monstruoso y lo humano terminó convirtiéndose en una de las marcas más reconocibles del cine de Guillermo. A partir de ahí, su filmografía consolidó una idea muy particular del monstruo: no como aquello que da miedo, sino como aquello que revela la fragilidad humana.
Cannes y un gran regreso
La sección Cannes Classics suele funcionar como un espacio para revisitar películas que continúan dialogando con nuevas generaciones. Que El laberinto del fauno forme parte de esta edición no solo reconoce su impacto cinematográfico, sino también su permanencia.
En una época donde gran parte de la conversación cultural se mueve rápido y cambia constantemente, resulta significativo que una película, de hace casi veinte años, siga provocando la misma fascinación visual y emocional.
El legado de Guillermo del Toro
A lo largo de los años, Guillermo del Toro ha construido una carrera profundamente ligada a la fantasía, pero también al detalle artesanal, a la oscuridad estética y a las historias atravesadas por sensibilidad emocional.
Su regreso a Cannes con El laberinto del fauno no se siente únicamente como una celebración nostálgica. También funciona como un recordatorio de algo que el propio cine de Guillermo ha demostrado constantemente: las historias fantásticas pueden ser una forma poderosa de hablar sobre la realidad.
Y quizá por eso la película sigue vigente. Porque detrás de las criaturas, los laberintos y los mundos imaginarios, siempre hubo algo profundamente humano.
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