Interpretar a un personaje también puede convertirse en una forma de descubrir cosas sobre una misma. Para Darana Álvarez, dar vida a Paula en Chicas tristes significó enfrentarse a un proceso de creación que la llevó a explorar no solo las emociones de su personaje, sino también aquello que permanece oculto y que no siempre encuentra una manera de expresarse.
La historia de Paula aborda las consecuencias de una experiencia traumática y la manera en que esta transforma su relación con los demás. A través de su personaje, Darana reflexiona sobre los prejuicios que enfrentan las mujeres que viven violencia sexual, la presión social por reaccionar de determinada manera y la importancia de reconocer que cada persona atraviesa su propio proceso.
Después de recorrer distintos festivales internacionales, Chicas tristes al fin llega a México para presentarse en el festival internacional de cine de Morelia.

¿Qué fue lo primero que descubriste de Paula que te hizo querer interpretarla?
Me interesó mucho su actitud ante los problemas, especialmente frente a una situación que le cambia la vida de esta manera. Algo que me llamó la atención es que, después de vivir una situación de violencia, lo primero que piensa Paula es que no quiere hablar de ello porque tiene miedo de que la gente la vea diferente.
Me hizo preguntarme qué la lleva a sentirse así. Creo que es muy fuerte que una persona sienta que no puede hablar de algo doloroso por miedo a ser estigmatizada. Esto también refleja un contexto en el que las mujeres suelen ser juzgadas cuando cuentan que vivieron una experiencia así, especialmente en los casos de violencia sexual.
En general, tendemos a definir a las personas no por quienes son, sino por lo que les ha pasado o por aquello que sabemos de sus vidas. Paula no quiere que los demás la conozcan únicamente por lo que vivió, porque sabe que es muchas otras cosas más. Creo que es un área en la que, como sociedad, tenemos que trabajar: aprender a mirar las situaciones de los demás desde otro lugar y dejar de juzgar a las personas por su contexto o por sus experiencias.
La película ya se ha presentado en distintos países y ahora llega a México. ¿Qué significa para ti que el público mexicano finalmente pueda verla?
Justo les decía a Rocío y a Fernanda que estoy demasiado feliz. He tenido un recorrido muy bonito por festivales, he disfrutado mucho viajar con la película y ver cómo conmueve a personas de distintas partes del mundo. Pero, al final, es una película hecha por mexicanos, grabada en México, con humor y referencias mexicanas. Este es mi país y aquí están todas las personas que quiero que la vean.
Ha sido muy lindo que la gente cercana a mí haya seguido el recorrido de la película y se haya emocionado tanto, aunque hasta ahora no había podido verla. Me entusiasma mucho que conozcan nuestro trabajo y todo lo que creamos, pero también me emociona que puedan acercarse a las conversaciones que abre Chicas tristes sobre los procesos personales, el duelo, la amistad y la violencia sexual.
¿Qué te gustaría que una persona se llevara después de ver la historia de Paula?
Me gustaría que las personas se quedaran con la sensación de que su proceso es válido y de que no tienen que reaccionar de una manera determinada solo porque así nos han enseñado que debemos hacerlo.
En la escuela y en las conversaciones sobre la violencia suelen decirnos qué tenemos que hacer ante una situación así: denunciar, alzar la voz y tomar determinadas acciones. Pero detrás de todo eso hay muchas cosas, y el contexto de cada persona influye muchísimo en cómo va a reaccionar. En el caso de Paula, ni siquiera sabe con claridad qué fue lo que le pasó.
Creo que tendemos a generalizar los procesos de los demás y a esperar que actúen de cierta manera. Es importante aprender a no forzar a las personas a tomar decisiones inmediatamente después de vivir algo doloroso, sino respetar que cada proceso es diferente. Si te ha sucedido algo así, tu proceso es válido. Lo más importante es que puedas hacer lo que te haga sentir bien, y no lo que otras personas te digan que deberías hacer.
¿Qué te dejó Paula como actriz? ¿Qué aprendiste de este proyecto?
Aunque no lo digo mucho públicamente, siento que grabar Chicas tristes me enseñó más que toda mi carrera de actuación en la facultad. Aprendí muchísimo sobre la creación de personajes porque nunca había construido uno con tanta profundidad como lo hice con Paula.
Durante ese proceso trabajamos mucho la relación entre Paula y la maestra. Fui construyendo al personaje no solo desde ella misma, sino también desde la manera en que la ven los demás, sus relaciones y el entorno que la rodea. Creo que, cuando creamos un personaje, a veces nos concentramos únicamente en él y dejamos de lado todo lo que lo rodea. Este proyecto me ayudó a darle más importancia a esas relaciones.
También aprendí a darle más peso a lo que un personaje oculta que a lo que muestra. Antes tendía a interpretar las emociones de un personaje haciéndolas muy evidentes, pero en la vida real no estamos mostrando todo lo que sentimos todo el tiempo; muchas veces intentamos ocultarlo.
Fer siempre me decía que es más interesante ver a alguien intentando reprimir las ganas de llorar que ver a alguien llorando. Esa idea me ayudó a entender la importancia de lo que no se expresa y de cómo esos silencios también pueden construir un personaje.

¿Qué significa actuar para ti?
Soy una persona a la que le cuesta mostrar sus emociones y vulnerabilizarse frente a los demás. La actuación me permite atravesar esa barrera: como se trata de un personaje y no de mí, puedo expresar emociones que quizá me cuesta mostrar en mi vida cotidiana.
También es una forma de desahogo. Siento que proceso muchas cosas a través de mis personajes. Cuando creas uno, analizas profundamente qué siente, por qué se comporta de determinada manera y qué lo lleva a tomar ciertas decisiones. A través de ese análisis también puedes descubrir cosas sobre ti misma.
Me he dado cuenta de que he llegado a conocerme y a comprenderme mejor gracias a las cosas que descubro mientras construyo otros personajes. Para mí, actuar es una forma de entenderme a mí misma a través de personas que no soy yo, pero que habitan en mi cuerpo.
¿Cómo te sentiste cuando terminaste la película y la viste por primera vez?
La primera vez que Rocío y yo vimos la película lloramos muchísimo. Vivir un proceso tan intenso con Paula implicó también hacer un cierre con el personaje y aprender a desapegarme de ella. Tuve que recordarme que yo no soy Paula, que a mí no me pasó lo que le pasó a ella y que estaba a salvo. Necesitaba recordar quién era yo y entender que dejar al personaje no significaba abandonarlo.
Durante el rodaje se despertaron muchas emociones que fui procesando poco a poco, pero al ver la película todo volvió de alguna manera. Como actriz, revives parte de ese torbellino emocional al ver las escenas en las que trabajaste.
Fue muy fuerte, pero también muy enternecedor verme en pantalla formando parte de un proyecto artístico tan bonito y con tanto significado, creado junto a tantas personas increíbles.
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