Hay historias que comienzan mucho antes de tener un nombre. Para Violeta Gaytán, VIOGG comenzó con una etapa de cambios, una decisión que implicaba salir de su zona de confort y, sobre todo, con la necesidad de encontrar una manera de hacer espacio para dos de sus grandes pasiones: la comunicación y el teatro.
Lo que empezó como una apuesta por intentar algo propio se convirtió, diez años después, en una agencia desde la que ha acompañado historias, proyectos, actores, directores y festivales.

¿Qué te inspiró a crear VIOGG?
Creo que todo se fue acomodando para que la agencia sucediera. Antes de VIOGG estuve tres años en otra agencia y, previo a eso, ya había tenido un acercamiento con el teatro.
En 2015 ocurrió un suceso muy importante en mi vida, yo ya no la estaba pasando tan bien en el trabajo y, dentro de un momento muy complicado de mi vida, salir de mi zona de confort me ayudó a buscar la manera de volver a tocar tierra y encontrar otra vez mi camino.
Salir de la zona de confort siempre es incómodo y, obviamente, estaba el miedo de pensar: “¿Y si estoy sola? ¿Y si no la voy a armar?”. Pero dentro del teatro encontré una familia. Ya tenía mucho acercamiento con productores que me decían que querían que trabajara en sus obras, pero como estaba en la agencia no podía hacerlo.
Entonces Alan Estrada me hizo una propuesta para irme con él y le dije que sí. También lo vi como una señal. Al mismo tiempo, yo no quería dejar de hacer teatro y Alan me dijo que podía seguir haciéndolo. Así que durante un año estuve acomodando todo: las cuentas, el trabajo, cómo iba a hacerlo y cómo iba a combinar ambas cosas.
En 2016 fue cuando finalmente le puse nombre a la agencia. Me tardé un año en hacerlo. El 8 de septiembre vamos a cumplir diez años, aunque en realidad el proyecto comenzó desde antes.
No quiero decir que todo se me ha dado, porque tampoco quiero caer en el drama de “ha sido dificilísimo”. Simplemente siento que las puertas y las ventanitas se han ido abriendo y yo he sabido aprovechar esas oportunidades.
¿Cómo decidiste llamarla VIOGG? ¿De dónde viene el nombre?
En realidad, el nombre se lo debo a Daniel Delgado, el productor, y siempre quiero darle el reconocimiento porque fue él quien me dijo: “Todo mundo te conoce como VIOGG por tu nombre de Twitter”.
A mí me daba un poco de pena que la agencia llevara mi nombre, pero la realidad es que todo el mundo me dice así. Incluso me ha pasado que me invitan a algún lugar y pregunto por Violeta Gaytán y me dicen: “No, no estás”, y cuando les digo VIOGG me responden: “¡Ah, sí!”.
Entonces pensé: “Bueno, es bueno que se acuerden de mí como una marca”. Y así se quedó. Daniel fue quien propuso el nombre y se lo dejé porque, además, todo el mundo me ubicaba así.
¿Qué significa para ti que la agencia lleve tu nombre?
Tiene mucha responsabilidad. No soy tan creyente de muchas cosas energéticas, pero sí creo que tiene una carga especial, sobre todo por mis apellidos: Gaitán González, así que también fue una forma muy linda de involucrar a mis papás.
Sin ellos yo no estaría aquí ni me dedicaría a lo que me dedico. Desde los 13 años tuve la libertad y las facilidades para hacer lo que siempre quise, así que tener sus apellidos en el nombre de la agencia también me parece una manera de llevarlos conmigo.
Obviamente, si algo sale mal, no hay más que echarme la culpa a mí. Pero la realidad es que somos un equipo y tengo un equipo muy padre. Unos van, unos vienen y otros se suman por proyecto.
A mí me encanta trabajar por proyectos porque soy alguien que se aburre muy pronto. Me gusta que los proyectos terminen, pero también que exista la posibilidad de volver a trabajar con esas personas y hacer cosas nuevas juntos.
Alan, por ejemplo, es la persona con la que más años he trabajado. Llevamos prácticamente los diez años de la agencia, aunque ya habíamos trabajado juntos tres años antes.
¿En qué momento supiste que VIOGG podía convertirse en una realidad?
Cuando empecé a ver que la gente me buscaba. Tenía mucha incertidumbre y miedo de aventarme sola. Yo no vengo de una familia que se dedique al espectáculo ni a la comunicación, absolutamente nada de eso.
Entonces, ver que la gente empezaba a buscarme por mi trabajo, sin conocerme previamente, fue lo que me hizo pensar: “Sí puedo. Sí se puede hacer esto”.
Además, dentro de un área tan específica como el teatro. Si bien ahora llevo festivales de cine, otros proyectos, actores y directores, el teatro sigue siendo lo que más me gusta, con lo que más conecto y por lo que más gente me conoce.
¿Por qué el teatro? ¿Qué significa para ti?
En realidad, eso es culpa de Mario Sepúlveda, el actor y cantante, a quien conozco desde hace 21 años.
Cuando lo conocí yo todavía estaba en la secundaria y, años después, cuando él debutó en Hoy no me puedo levantar, fui a verlo. Hace 19 años vi esa obra y algo pasó en mí. Estaba en cuarta fila, viendo a Mario interpretar a Colate, y sentí que algo se movió.
Ahí dije: “Algo pasó aquí”.
Yo estudié publicidad, pero después empecé a ir muchísimo al teatro. Obviamente muchas de las obras eran las de Mario porque es uno de mis mejores amigos, pero poco a poco empecé a consumir otro tipo de teatro, no solamente musical.
El teatro me hace vivir en el aquí y en el ahora. No puedes sacar el celular, tienes que estar conectado con lo que está pasando. Siempre me ha movido algo.
No sé cómo describir exactamente lo que siento, pero creo que cuando alguien va al teatro puede salir conectado con algo: con una emoción, con un sentimiento. No necesariamente aleccionado, porque creo que el teatro no va por ahí, pero sí con algo que le provocó una conexión.
Y eso es lo que me provoca a mí el teatro.

¿Cómo recuerdas estos diez años de VIOGG?
La verdad es que apenas hace poco me detuve a voltear hacia atrás.
Hace como dos años fui a una montaña en Argentina y recuerdo perfectamente el momento en el que volteé y pensé: “Wow, todo lo que caminé”. Ni siquiera se alcanzaba a ver dónde había empezado. Todo estaba nevado y pensé: “Qué fuerte”.
Lo relacioné mucho con la vida y también con lo profesional. A veces hay mucho trabajo y a veces hay poco, pero la verdad es que soy bastante afortunada.
En este camino he aprendido que es un privilegio poder decir que no. Los “no” también son muy importantes. Si no conecto con un proyecto o con una persona, soy muy sincera, porque sé que no le voy a meter la misma pasión.
Soy demasiado apasionada y se me nota en la cara, en cualquier gesto y en mi trabajo cuando algo no me gusta o no hago clic.
Entonces, creo que he sido muy afortunada de tener ese privilegio de poder decir que no. Al principio quizá tomaba cualquier proyecto porque pensaba que había que aprender, pero con el tiempo he aprendido a elegir.
Y, viendo hacia atrás, creo que el 98 o 99% de los proyectos que he hecho han sido proyectos que realmente me encantan. He sido muy afortunada.
¿Qué es lo que más disfrutas de todo lo que has construido?
Creo que disfruto mucho ver el resultado final de algo en lo que estuvo involucrada mucha gente.
Primero está la idea, el sueño de una persona, después viene el trabajo de muchísima gente detrás y finalmente llega el momento en el que todo sale a la luz y la gente puede verlo.
Muchas veces no saben todo el mundo que hay detrás, pero que finalmente suceda y que la prensa sea mi aliada para llevar ese mensaje a las personas correctas es de las cosas que más disfruto.
Cuando conecto con algo pienso: “Esto lo tienen que ver”.
También creo que es complicado abrir espacios para el teatro independiente. Hay grandes capitales teatrales como Broadway, Madrid o Buenos Aires, pero el teatro independiente todavía tiene muchos retos.
Hace poco un productor me ayudó a hacer una carta para una aplicación y describió mi trabajo como el de una persona que ha ayudado a la difusión del teatro en el país. Cuando lo leí me hizo consciente de algo que yo simplemente veía como mi trabajo.
Creo que, junto con muchas otras personas, estamos en una lucha para que la gente sepa que el teatro existe y que hay muchas obras que quizá no tienen un gran presupuesto, pero sí muchísimo talento y que también son una gran opción para ver.
¿Qué representa VIOGG en tu vida?
Creo que VIOGG es el resultado de una niña que siempre fue muy apasionada.
De niña yo decía que los sueños no existían porque, si soñaba algo demasiado fantasioso, pensaba que no se podía hacer realidad. Entonces hablaba de metas, aunque en realidad muchas veces tampoco eran metas. Simplemente decía: “Yo voy a hacer esto”, y lo hacía.
Mis amigos más cercanos me dicen que soy muy perseverante y, a veces, yo siento que hasta caprichosa.
Pero creo que VIOGG es el resultado de esa niña apasionada. Suena un poco cursi, pero esa pasión me ha llevado hasta donde estoy.
Así que, para mí, representa mi esfuerzo y mi pasión por lo que hago.
¿Cómo definirías el éxito?
Creo que el éxito tiene que ver con cada persona, pero para mí es poder vivir de lo que hago, de lo que amo, y al mismo tiempo tener tiempo para mí.
Está muy padre emprender y tener tu propio trabajo, pero también quiero crear recuerdos para mí. Me gusta mucho viajar y tener una vida fuera del trabajo, así que para mí se trata de encontrar un equilibrio.
El éxito es tener proyectos que me den una ventana para llegar a más gente, pero también tener paz mental.
Creo que el éxito es encontrar ese equilibrio. A veces un lado pesa más que el otro, pero se puede encontrar.
Y también creo que cuando dejas de sentir esa emoción, ese nervio de empezar proyectos nuevos, ya perdiste un poco. Hay que buscar otra cosa.
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