Abrir una cafetería era una idea que llevaba tiempo dando vueltas por la cabeza de Andrea y Luis, pero fue hasta que decidieron comprar su primera máquina de café que el proyecto dejó de ser una posibilidad para convertirse en una realidad. Desde entonces, el reto ha sido aprender, resolver los imprevistos de un negocio que apenas comienza y, al mismo tiempo, construir un espacio que refleje aquello que ellos mismos buscan cuando visitan una cafetería.
Así nació Lattely Café, un lugar que entiende el café como parte de una experiencia más amplia: un punto de encuentro para compartir, descubrir nuevos sabores y llevarse un recuerdo.

¿Cómo han sido estos primeros meses de Lattely Café? ¿Qué tal ha sido cumplir este sueño?
Ha sido retador. Cuando apenas llevábamos un mes, sentíamos como si lleváramos mucho más tiempo. Incluso nosotros mismos nos exigíamos como si el proyecto tuviera más tiempo, pero Luis constantemente me decía: “También date cuenta de que apenas llevamos un mes”.
Afortunadamente, tuvimos mucho éxito durante esas primeras semanas y la respuesta de la gente fue increíble.
¿Cómo construyeron el menú? Hay opciones que se sienten diferentes a las de una cafetería tradicional.
El menú parte mucho de lo que a Andrea y a mí nos gusta. En general, el concepto nace de nuestros propios gustos y de nuestra experiencia como amantes del café y de conocer nuevas cafeterías. Cuando visitábamos otros lugares, pensábamos en aquello que nos gustaría encontrar más fácilmente: un espacio cálido, al que todos quisieran entrar y donde se sintieran cómodos.
Con el menú sucedió algo parecido. Partíamos de ideas como: “Esto estaría bueno, pero estaría mejor si tuviera cierto dulzor”, o “Me gusta este matcha de fresa, pero ¿por qué no le ponemos un foam arriba para que el sabor del matcha y la fresa se encuentren desde el primer momento?”. Son pequeñas ideas que fuimos desarrollando hasta crear las bebidas que tenemos hoy.
¿En qué momento decidieron que era hora de abrir su propia cafetería?
La idea llevaba alrededor de un año en nuestra cabeza. Lo primero que hicimos para dar ese paso fue ir a Expo Café y comprar la máquina. Para nosotros fue una manera de comprometernos: “Ya la compramos, ahora sí, ya no hay vuelta atrás”.
Hasta ese momento nos quedábamos mucho en el “¿Y si hiciéramos esto?” o “Imagínate si tuviéramos aquello”. Buscábamos videos, investigábamos y hablábamos de ideas, pero todo se quedaba en eso. Necesitábamos hacer un compromiso real para empezar a trabajar en serio.
En ese primer mes, ¿qué retos enfrentaron que quizá no imaginaban?
Yo confiaba mucho en el proyecto y sabía que nos iba a ir bien, pero no esperaba que la respuesta fuera tan buena y tan rápida.
Desde la segunda semana empezamos a enfrentarnos a situaciones como quedarnos sin algunos insumos. Por ejemplo, nos dimos cuenta de que a la gente le gusta muchísimo el banana matcha y llegó un momento en el que nos quedamos sin ciertos ingredientes. Incluso hubo un día en el que nos quedamos sin café porque la demanda hizo que se acabara nuestro stock.
Siempre imaginábamos ese momento de tener que decirle a un cliente: “Perdón, ya no tenemos”, pero nunca pensamos que llegaría tan rápido. Afortunadamente, pudimos resolverlo ese mismo día.
También ha sido un aprendizaje porque ninguno de nosotros tenía experiencia previa en alimentos, cafetería o atención al cliente. Nosotros siempre hemos tratado de ponernos en el lugar de quien está del otro lado: ¿qué nos gustaría recibir?, ¿qué esperaríamos de un lugar al que vamos como clientes? Esa es la experiencia que queremos ofrecer.
¿Cómo han aprendido a manejar el estrés que implica emprender?
Una de las cosas que más nos ha enseñado este proceso es la paciencia. Todos los días aparece un problema nuevo o tenemos que resolver algo que venimos arrastrando dentro de esta curva de aprendizaje.
Hemos aprendido a darnos ese minuto de tranquilidad para pensar: “A ver, ¿qué podemos solucionar?, ¿qué hacemos?, ¿cómo nos movemos?”. Y después simplemente encontrar la manera de resolverlo.
¿Cómo surgió el nombre Lattely?
Estábamos haciendo un brainstorming. Pensábamos en combinaciones con nuestros nombres, en cosas que nos gustaban, iniciales, siglas y nombres que sonaran diferentes. Teníamos unas tres opciones, pero ninguna terminaba de convencernos.
En una llamada, Luis tuvo la idea. Partimos de que queríamos un nombre que hablara de lo nuevo, de lo fresco, de aquello que la gente está descubriendo, del lugar de moda o del lugar al que todos quieren ir. En algún momento empezamos a pensar en palabras en inglés como “the latest” o “lately”, y de ahí surgió el nombre.
Luis me dijo: “Ya lo tengo”. Y yo le dije: “Perfecto”. Fue un problema menos que resolver.
Además, “latte” es nuestra bebida por excelencia. No importa si hace frío o calor, siempre terminamos tomando un latte. Así que también encontramos ese pequeño juego de palabras dentro del nombre.

¿Cómo describirían Lattely a alguien que todavía no lo conoce, más allá del café?
Yo lo definiría como un lugar de encuentro con la persona con la que quieres compartir un buen momento y llevarte una memoria.
Puede ser con una amiga, un amigo del trabajo, tu familia o tu pareja. Sea quien sea la persona con la que vengas, hay algo que hacer más allá de tomar café. Puedes tomarte una foto, llevarte un recuerdo, comprar un pin o un sticker. Queremos que siempre haya algo que puedas llevarte contigo.
También buscamos que el espacio sea agradable y que nuestro servicio sea esa ancla que haga que la gente quiera regresar.
¿Qué parte de ustedes está presente en el espacio?
Todo. De verdad le pusimos intención a cada rincón.
Por ejemplo, el baño tiene una llave con perritos, que fue una especie de guiño de Luis porque para él todo tiene que ser bonito, incluso el baño. También pusimos algunas monedas para la buena suerte en la caja.
Luis es fan de Star Wars, así que hay algunos detalles relacionados con eso. Yo también tengo elementos que representan mis gustos.
Y desde el principio sabíamos que necesitábamos una cabina de fotos. Cuando viajábamos, además de buscar cafeterías nuevas, yo siempre buscaba dónde había una cabina para tomarnos una foto y tenerla como recuerdo. De hecho, tenemos una foto de nuestra primera experiencia en una cabina de hace siete u ocho años.
Queríamos que Lattely tuviera una propia, pero que no fuera una cabina genérica. Queríamos que la gente realmente quisiera llevársela como parte de su experiencia, que pudiera compartirla y que también fuera un elemento decorativo.
En general, cada espacio y cada rincón del lugar tiene algo de nosotros. Todo lo decidimos en conjunto: las telas de los bancos, los colores, los materiales, la iluminación de la barra… absolutamente todo.
No hay nada aquí que nosotros no usaríamos, comeríamos o compraríamos como clientes.
¿Qué significa este proyecto en sus vidas?
Es una nueva etapa y, sobre todo, un nuevo reto. Es como un compromiso que tenemos como pareja.
No estamos casados, somos novios, pero sentimos que esto es como un bebé que estamos cuidando. Yo estoy aquí todos los días, de lunes a domingo, desde que abrimos. Ya llevamos un mes así y sí ha sido duro, pero me gusta.
También implica poner este proyecto antes que otras cosas. Quizá podríamos habernos ido de viaje, haber comprado un departamento o haber hecho otros planes, pero decidimos que primero iba esto. Entendemos que al inicio probablemente será un sacrificio, pero estamos dispuestos a hacerlo.
¿Qué quieren que sea Lattely en los próximos años?
Vemos una expansión. En un año nos gustaría ser más grandes o incluso tener otra ubicación, quizá en otra zona de la ciudad para llegar a las personas que vienen desde lejos.
A cinco años, nos gustaría incluso estar en otro país. También queremos seguir mejorando y ofreciendo más. Quizá en el futuro podamos ampliar la propuesta y ofrecer un brunch, por ejemplo, si tenemos el espacio adecuado.
Pero antes de pensar en todo eso, queremos que Lattely pueda funcionar por sí solo. Cuando logremos que fluya sin que nosotros tengamos que estar pendientes de cada detalle, podremos poner la cabeza en un nuevo proyecto.
¿Hay algún consejo que hayan recibido durante este proceso de emprendimiento que se hayan quedado con ustedes?
Creo que, sobre todo, confiar.
Antes de abrir, yo estaba muy preocupada. Pensaba: “¿Y si invertimos demasiado tiempo?, ¿y si llega la fecha y no viene nadie?, ¿y si no nos va bien?”. Pero alguien nos dijo: “Eso va a salir solo. La gente va a llegar”.
Y creo que tuvo razón. El mundo del café nos recibió muy bien y sentimos que tomamos una buena decisión al emprender a través de este proyecto.
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