César Costa
Foto: Einar González
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César Costa cumple un sueño: celebra 85 años y presenta libro autobiográfico

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A unos días de cumplir 85 años, César Costa, uno de los pioneros del rock and roll en México y una de las figuras más queridas de la televisión mexicana gracias a series como “Papá Soltero” y “La Carabina de Ambrosio”, presenta su libro autobiográfico “Lo mío fue un sueño, sus memorias”.

Publicada por Editorial Planeta, su autobiografía tuvo su presentación oficial el 5 de agosto en el Centro Cultural Rosario Castellanos. A través de esta publicación, el abogado, cantante, actor y conductor recorre más de seis décadas de carrera.

César Costa hace un ejercicio de introspección poco común entre las figuras públicas: separa al hombre del personaje. En su libro, a lo largo de sus páginas narra cómo César Roel (su verdadero nombre) estuvo a punto de desaparecer detrás del éxito de César Costa, la crisis existencial que ese conflicto le provocó y el proceso de psicoanálisis que le permitió recuperar el equilibrio.

En esta entrevista exclusiva para The Editorial, el propio César Costa platica sobre ese viaje: desde sus primeros pasos con Los Black Jeans hasta las lecciones que espera dejar a las nuevas generaciones.

César Costa
Foto: Einar González

César Costa, joven

César Antero Roel Schreurs nació el 13 de agosto de 1941. Su padre era el reconocido abogado César Roel González y su abuelo, Joseph Schreurs, fue un destacado clarinetista belga. La música estaba en su ADN. No tenía ni 18 años cuando César ya formaba parte de la banda de rock and roll los Los Black Jeans, que luego se llamó los Los Camisas Negras y que, tras desintegrarse, le dio la oportunidad de lanzarse como solista.

Me gustaría que platicáramos del inicio de tu carrera, cuando todavía eras César Antero Roel y no César Costa. ¿Qué sigue vivo de él en ti, como César Costa, ahora?

Todo, todo, todo. No siento una separación, no. Afortunadamente recuperé totalmente a César Roel. Hubo un momento en que no (que son de las cosas que narro en el libro), pero afortunadamente pude recuperar totalmente a César Roel. Al principio era totalmente César Roel, y hubo un momento en que dejó de serlo y fue César Costa.

Regresando a tus inicios, ¿crees que oportunidad de cursar la carrera de derecho y el ambiente universitario, te ayudaron a mantener los pies en la tierra?

Sí, tienes toda la razón. Hubo dos decisiones en mi vida que creo que fueron muy acertadas: una, el no salir de casa de mis padres, y otra, la carrera de leyes, que me mantuvo con los pies en la tierra. Esas dos decisiones me mantuvieron bastante centrado. Fueron dos decisiones muy difíciles, las dos muy duras, pero fueron una muy buena inversión.

César Costa
Foto: Einar González

Si pudieras platicar con el César de 20 años, ¿qué le dirías?

Le diría:

“Lo logramos, lo logramos juntos, hicimos las cosas bien, nos costó mucho trabajo”.

Es una fortuna que no todo mundo podría tener, pero fue muy duro, fue muy, muy duro. Le digo: lo logramos juntos, pero hubo momentos de crisis existenciales muy fuertes.

En el libro narro exactamente ese tipo de problemas, que creo que enfrenta cualquier figura pública, llámese un deportista, un político, un cantante, cualquier figura pública. La frontera entre la ficción y la realidad es muy delgada, y es muy fácil caer en ese problema.

La otra cara del éxito

Siguiendo los pasos de su padre, César estudió la carrera de Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México y tiene el título de abogado; pero, desde muy joven, como nombre artístico y para diferenciarse de su progenitor, adoptó el nombre “César Costa” (en homenaje al músico, arreglista y productor musical estadounidense, Don Costa). Con ese nombre se hizo camino como cantante, actor y conductor de televisión.

Por ahí leí una frase en la que decías que el éxito puede ser una droga muy poderosa.

Sí, la popularidad y el éxito son peligrosísimos. Sin duda, sin duda, fue el haber advertido yo el peligro, y luego un proceso muy fuerte que tuve de psicoanálisis, el haber advertido esa pérdida de realidad y de felicidad.

Había yo cumplido con los requerimientos que la sociedad te dicta para ser feliz, y yo no era feliz. Eso me hizo advertir que algo estaba mal conmigo, o con lo que yo dije que había cumplido, porque no me estaba proporcionando ninguna felicidad. Entonces entré a psicoanálisis y me di cuenta de que las prioridades que yo estaba cumpliendo no eran las que yo quería.

César Costa
Foto: Einar González

Además de tu familia, ¿qué crees que te ayudó a mantener la brújula?

Empecé a trabajar muy seriamente y a buscar volver a lo básico. Me di cuenta de que la acumulación no era lo que a mí me importaba realmente, no era el dinero en sí; eran las cosas más básicas. No era la parafernalia, no era lo que deslumbraba, sino las cosas más sencillas: el reencontrarme conmigo mismo, no vivir la vida del producto, sino recuperar a César Roel, el creador del producto. Se me había olvidado eso: estaba viviendo la vida del producto que yo mismo había creado.

Ese es uno de los peligros enormes que viven las figuras públicas: los políticos, los deportistas, los artistas. Por eso hay tanto alcoholismo y tantas drogas en el ambiente. No es la droga en sí; es que uno se pierde y empieza a buscar sustitutos.

El legado de “Papá Soltero”

De 1961 a 1971, César tuvo una fuerte presencia en la pantalla grande. Principalmente en películas con tramas que mezclaban comedia y música. El humor hizo buena mancuerna con el músico, quien en las décadas de los años 70 y 80 participó en la pantalla chica en programas como “El Show del Loco Valdés” y “La Carabina de Ambrosio”. Hasta que en 1987 llegó un papel protagónico muy especial con la serie “Papa Soltero”.

A final de los años 80, fuiste el papá de la televisión para muchos, y cambiaste la forma de ver la crianza.

Sí. “El papá soltero” fue muy importante para mí, porque era una familia disfuncional. A mí me dieron nada más el título del programa, y pedí que me dieran una semana para ver qué se me ocurría. Afortunadamente me di cuenta de que era una idea maravillosa, con un contenido que podía ser extraordinario. Y logramos encontrar esa veta.

Entre la música, la actuación y la conducción, ¿qué faceta crees que te define más?

Curiosamente empecé con la música. Mi madre nos dio una estupenda educación musical: empecé con el piano a los 11 o 12 años, estudié dos años de piano y luego cuatro años de violín. Tenía una educación musical muy sólida. Desde la cuna escuché Bach, Vivaldi, Manfredini, Corelli, toda la música de cámara que te puedas imaginar. Mi madre fue concertista y yo viví rodeado de música desde que nací.

Y luego tuve la oportunidad de conocer a gente célebre de la música a través de mis padres. Quiero mencionar que mi abuelo fue un niño prodigio. Nació en Bélgica y a los 11 años daba conciertos. Cuando Estados Unidos empezó a invertir en traer músicos europeos, contrataron a mi abuelo de inmediato, y fue uno de los fundadores de la Sinfónica de Chicago.

Él era clarinetista, uno de los doce fundadores de la orquesta de Teodoro Thomas, que dio origen a la Sinfónica de Chicago. Ahí murió, como concertista, clarinetista y jefe de la sección de clarinetes. Así que mi familia es muy musical.

Claro que, a los 14 años, el violín no era un instrumento cómodo para acercarme a las muchachas, así que lo cambié por la guitarra; con ella me era más fácil. Con la guitarra empecé a cantar, y de ahí me acerqué al grupo de Los Black Jeans, que no tenían cantante. Empecé a cantar y a tocar guitarra con ellos, y cuando el grupo se desintegró, me lancé de solista. Y así hasta la fecha, hasta ahora.

César Costa
Foto: Einar González

Tu libro se titula Lo mío fue un sueño. ¿Por qué elegiste ese título?


Es un sueño que se ha prolongado hasta ahora: un sueño maravilloso. Yo nunca he trabajado realmente lo que la palabra “trabajo” significa, que es una maldición bíblica; para mí ha sido maravilloso. Siento que nunca me ha costado trabajo lo que he hecho; al contrario, ha sido un disfrute constante. Y pensar que, además, me pagaban… bueno, ha sido maravilloso. Así que estos 68 años de carrera que tengo han sido un disfrute constante.

Ahora ya viene la celebración de tus 85 años, ¿lo celebras con tu libro?

Sí, caray. Es un regalo, un trabajo de introspección sobre lo que he venido haciendo en estos 68 años de carrera, y una transmisión de experiencias que espero le sirva a las nuevas generaciones; que les sea útil, que les sirva para saber lo que deben y no deben hacer en sus nuevas carreras.

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