Desde hace más de quince años, para Marco Matín el diseño ha sido mucho más que una profesión: es una herramienta para crear experiencias, despertar emociones y transformar la manera en que las personas habitan un espacio. Lo que comenzó como una inquietud creativa durante sus años de formación en arquitectura terminó convirtiéndose en MM Estudio Interior, un despacho que hoy desarrolla proyectos en México, Estados Unidos y España, siempre con una visión centrada en las personas.

¿Qué te inspiró a crear MM Estudio Interior?
Desde que estudiaba arquitectura, me di cuenta de que lo que realmente me apasionaba no era tanto la construcción o la obra, sino el diseño, imaginar espacios y crear experiencias. Después tuve la oportunidad de vivir y estudiar un año en Inglaterra, y cuando regresé comencé a trabajar en hotelería. Ahí descubrí todo lo que tiene que suceder detrás de escena para que un huésped viva una experiencia memorable, y eso me voló la cabeza.
Durante 2009, en medio de una fuerte crisis económica global, ya había comenzado a desarrollar algunos proyectos por mi cuenta y decidí asociarme con una amiga para emprender. Aquel primer proyecto estuvo lleno de obstáculos: nos estafaron los carpinteros y prácticamente todo lo que podía salir mal, salió mal. Pero fue una gran lección.
Entendí que, además de la parte creativa, hacía falta una visión de negocio. Muchos diseñadores y arquitectos son extraordinarios creativamente, pero no necesariamente tienen interés en desarrollar esa parte empresarial. Ahí fue cuando decidí seguir mi propio camino. Han sido más de quince años llenos de aventuras, clientes inesperados y muchísimo aprendizaje, pero siempre confiando en esa voz interna que te dice hacia dónde ir.
¿Cómo cambia el diseño cuando el objetivo no solo es crear algo impresionante, sino también funcional a largo plazo?
Es un reto enorme. En los últimos años hemos trabajado principalmente con marcas, y eso vuelve el proceso todavía más interesante porque ya no solo diseñas un espacio, sino que tienes que traducir la esencia de una marca a una experiencia física.
Hay que lograr que el usuario conecte con el espacio, que entienda la marca y, al mismo tiempo, que el negocio funcione para los inversionistas. Todo eso requiere un análisis muy profundo de las personas: qué buscan, qué necesitan y cómo viven los espacios.
A mí me fascina crear lugares que transporten a otras realidades. Por eso admiro tanto lo que hace Disney. Ves adultos y niños reaccionando con la misma emoción. Esa capacidad de generar asombro me parece increíble. Al final, los hoteles, restaurantes y espacios comerciales son escenarios donde ocurren momentos importantes: primeras citas, celebraciones familiares, reuniones con amigos. Nuestro trabajo es construir lugares que acompañen esas historias.
¿Qué diferencias encuentras entre diseñar para México, Estados Unidos o España?
Lo más interesante es que las diferencias existen incluso dentro de una misma ciudad. Por ejemplo, tenemos proyectos para una misma marca en zonas completamente distintas de Ciudad de México, y cada una requiere un lenguaje diferente.
Lo que me gusta hacer es vivir el lugar. Caminar sus calles, visitar los cafés, observar cómo se comporta la gente y entender qué espera de ese espacio. Recuerdo mucho un proyecto en La Jolla, California. Ahí conviven perfiles completamente distintos, desde empresarios multimillonarios hasta personas con estilos de vida mucho más relajados. Entender esas dinámicas es fundamental.
Al final, el hilo conductor siempre es la convivencia. Lo que cambia es la forma en que cada comunidad la vive y la expresa.
¿Con qué detalles te obsesionas cuando diseñas un espacio?
Podría hacer una lista enorme, pero si tuviera que elegir uno serían los baños.
Me parecen fascinantes porque todos, consciente o inconscientemente, los evaluamos. Cuando visitas un restaurante, inevitablemente terminas preguntándote cómo será la cocina, y el baño se convierte en una especie de reflejo de todo el lugar.
Además, es un espacio muy personal. Ahí la gente se toma un respiro, se retoca, conversa, toma fotografías o simplemente tiene un momento para sí misma. Es como un pequeño refugio dentro de la experiencia general. Por eso nos gusta diseñarlos pensando en el tiempo específico que la gente pasa ahí, lo que también nos permite ser mucho más creativos y atrevidos.
Después de quince años de trayectoria, ¿cuál ha sido una de las lecciones más importantes que has aprendido?
Confiar en mi instinto.
Muchas veces conoces a un cliente o enfrentas una situación y, desde el primer momento, algo dentro de ti te dice cómo va a terminar. Con el tiempo he aprendido a escuchar esa intuición.
También entendí que el diseño no es solamente un negocio. Cada proyecto lleva una parte de ti. Dejas algo de tu visión, de tu energía y de tu forma de entender el mundo. Por eso es tan importante elegir bien los proyectos y tomar decisiones alineadas con lo que realmente quieres construir.

¿Hay algún consejo que haya marcado tu carrera?
Sí. Desde muy pequeño me enseñaron algo que siempre me ha acompañado: no importa qué estudies o a qué te dediques, lo importante es encontrar algo que te guste hacer y desarrollarlo al máximo.
Nunca crecí con la idea de que había profesiones correctas para ser exitoso. Más bien me enseñaron que el éxito llega cuando haces algo que te apasiona. Es un consejo sencillo, pero ha guiado muchas de mis decisiones.
¿Qué es lo que más disfrutas de todo lo que haces?
Que ningún día es igual al anterior.
Me encanta la variedad, conocer personas distintas, enfrentar retos nuevos y viajar. Viajar, especialmente, ha sido una de las experiencias que más me han transformado porque te permite entender que el mundo es muchísimo más grande que la realidad en la que vives.
También disfruto ver cómo el crecimiento personal se refleja en el crecimiento del estudio. Conforme cambias y evolucionas como persona, tus proyectos también lo hacen. Hay una conexión muy directa entre quién eres y lo que creas.
¿Cómo definirías el éxito hoy?
Ha cambiado mucho para mí.
Antes pensaba que el éxito era aparecer en revistas, dar conferencias, ganar premios o generar mucho dinero. Hoy lo veo de una forma completamente distinta.
Para mí, el éxito consiste en ser feliz con lo que haces y que eso tenga sentido dentro de tu vida. También significa tener la libertad de elegir qué proyectos quieres hacer y cuáles no.
Me gusta pensar que el éxito es crear espacios que hagan felices a otras personas, lugares donde la gente viva momentos memorables. Después de tantos años, también significa confiar en tu visión y atreverte a hacer las cosas de una manera auténtica, sin seguir necesariamente las fórmulas establecidas.
¿Qué es lo que más te sorprende de todo lo que has logrado en estos últimos quince años?
La reacción de la gente.
Los espacios influyen directamente en cómo nos sentimos, y ver que alguien entra a un lugar y se emociona, se sorprende o conecta con una experiencia sigue siendo algo que me impresiona profundamente.
Hemos recibido comentarios increíbles de personas que dicen sentirse transportadas a otro país o a otra época al entrar a alguno de nuestros proyectos. Eso es lo que más disfruto.
También me gusta compartir estas historias porque creo que pueden inspirar a otras personas. Si algo de nuestro recorrido sirve para que alguien se anime a perseguir una idea o a confiar más en sí mismo, entonces todo el camino ha valido la pena.
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