Hablar de Carlos Vives es hablar de uno de los artistas que transformó para siempre la música latina. Durante más de tres décadas, el colombiano ha construido un puente entre la tradición y la modernidad, llevando los sonidos de su tierra a escenarios de todo el mundo y convirtiéndose en una de las voces más influyentes de la música en español. Ahora, con El Último Disco Vol. 1, Vives presenta un proyecto que mira hacia adelante a través de un regreso a sus raíces.
“Cuando empecé a revisar las canciones que tenía para el nuevo álbum, había una canción que había escrito, un vallenato de despecho, que se llama El Último Disco. Ese título me llamó la atención para nombrar el álbum. Creativamente me parecía un nombre muy definitivo, casi como el título de una película”, comparte. Pero el concepto fue tomando una dimensión más profunda conforme avanzó el proceso creativo. Para Vives, el proyecto también representó la oportunidad de recuperar una forma de hacer música que parecía haberse quedado atrás.
“Después empecé a entender que el concepto también tenía sentido por la forma en que lo grabamos: de manera análoga, como se hacía antes. Grabamos en bloque, como trabajaban las bandas antiguamente: escribíamos las canciones, las ensayábamos y luego íbamos al estudio a grabarlas.” El álbum, que tienen dos volúmenes y pensado incluso desde la lógica de un vinilo, responde a algo mucho más emocional que técnico.
“También era una oportunidad para saldar algunas deudas sentimentales con la música”, explica. “Pensaba mucho en cómo distribuir las canciones entre el lado A y el lado B: canciones dedicadas a los hijos, al perdón, a la naturaleza, al amor bonito. Sentía que era el tipo de música que nos enamoró de la música.”
La reflexión llega en un momento en el que la industria musical atraviesa cambios constantes. Lejos de rechazar esas transformaciones, Vives reconoce que hoy los artistas enfrentan una realidad distinta. “Yo vengo de una época en la que componíamos de una forma diferente. Hoy veo que todo ha cambiado y, a veces, no sé si ciertas canciones que hago van a tener la oportunidad de llegar a la gente.”
Sin embargo, más allá de las tendencias, la búsqueda artística de Carlos Vives siempre ha estado ligada a una pregunta mucho más profunda: la identidad.
“Escogí el camino de la música para no salir de mi casa. Sin embargo, esa misma música me llevó por muchos lugares y me permitió entender quién era yo y cuál era mi álbum familiar completo.”
Esa exploración personal se convirtió también en una exploración cultural. A lo largo de los años, Vives ha defendido una visión de Hispanoamérica construida a partir de múltiples herencias que conviven en la música. “Aprendí a valorar nuestra herencia. Es poderosa, brillante y profundamente espiritual. La música indígena era ceremonial y alegre, y esa espiritualidad sigue presente en nuestras cumbias, vallenatos y bambucos.”
Para el artista, la riqueza de la región está precisamente en esa mezcla de influencias.
“De África heredamos la alegría y una enorme riqueza musical. Del Congo recibimos influencias que hoy siguen presentes incluso en géneros contemporáneos. De España heredamos las ganas de contar historias, nuestra lengua y otra forma de alegría.” “Somos el resultado de muchas herencias: de tristezas y alegrías, de encuentros y migraciones. La música nos recuerda que todo eso está ahí, que todo eso somos nosotros.”
Con ese mismo espíritu llega Tour del Sol, la gira con la que recorrerá distintos escenarios y que, según explica, busca ir más allá de un simple concierto. “Esta gira se llama Tour del Sol y es un viaje. Cuando llegas al concierto, es como subir a una nave y emprender un recorrido hacia el sol. Pero no se trata de un viaje físico, sino de un viaje hacia nuestro interior.”
Para Vives, el espectáculo es una celebración de la identidad, la memoria y los afectos compartidos. “Es un viaje al calor de nuestra gente, al territorio donde nace nuestra música, al corazón de nuestra identidad. Es una celebración, una rumba y también un encuentro con la nostalgia.”
A más de 30 años de haber iniciado una carrera que cambió el panorama de la música latina, Carlos Vives sigue encontrando nuevas formas de conectar con el público. Y quizá la prueba más clara de ello sea algo que aún lo sorprende. “Ha sido la gira más cálida que he vivido y estoy feliz porque también ha llegado una nueva generación.”
Porque si algo ha definido su trayectoria es eso: la capacidad de convertir sus canciones en parte de la memoria colectiva de distintas generaciones. Como él mismo dice: “Mi música siempre fue para todos. Vengo de una generación en la que las canciones, los programas de televisión y las películas eran experiencias compartidas por toda la familia.”
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