Pagina de inicio The Interview Carlos Alonso: “Apenas estamos viendo una parte de lo que México puede llegar a representar para la alta relojería mundial”
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Carlos Alonso: “Apenas estamos viendo una parte de lo que México puede llegar a representar para la alta relojería mundial”

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En el marco de la nueva edición del SIAR Summer 2026, conversamos con Carlos Alonso, director del Salón Internacional de Alta Relojería y una de las figuras clave para entender la evolución de la relojería en América Latina. Hablamos sobre los cambios que ha vivido la industria, el interés cada vez mayor de las nuevas generaciones por los objetos mecánicos, el papel de México dentro del mercado global y las razones por las que, en una época dominada por las pantallas, un reloj sigue despertando fascinación, esto fue lo que nos contó:

Este año celebran veinte años del SIAR y seis del SIAR Summer. ¿Cómo imaginabas este proyecto cuando empezó y cómo lo ves hoy?

Te voy a decir la verdad, me imaginaba más o menos lo que está ocurriendo porque tengo fama de creer en el potencial de México por encima de todas las cosas. Me dicen que soy muy optimista y yo siempre respondo que soy realista.

Hace veinte años pronosticaba que este mercado iba a crecer: la relojería, los clientes, la economía y todo el ecosistema alrededor. Al final, la realidad me ha ido dando la razón. Desde el principio veía que desarrollar un proyecto como el SIAR en un país como México tenía mucho sentido. Ya conocía a los clientes, entendía el interés que existía por los productos de lujo y por los relojes, y veía que había una cultura importante alrededor de este universo. Siempre pensé que, si el entorno económico acompañaba, esto iba a suceder de manera natural.

El problema nunca fueron los relojes, ni los clientes, ni las marcas. Y así se ha ido dando. Por eso digo que sí, me imaginaba algo parecido a lo que estamos viviendo hoy.

Esta ha sido la edición más grande del SIAR Summer hasta ahora. ¿Cómo ha sido este crecimiento? 

Lo que pasó, y a veces las cosas ocurren de forma accidental, es que la pandemia fue un punto de inflexión muy importante para la industria relojera a nivel global porque sucedieron básicamente dos cosas.

La primera fue que una nueva generación empezó a entrar de forma decidida a la alta relojería. Recuerda que cuando apareció el Apple Watch, alrededor de 2014, mucha gente pensó que los jóvenes dejarían de comprar relojes mecánicos porque preferirían la tecnología. Sin embargo, quedó claro que son dos mundos completamente distintos. La alta relojería representa artesanía, trabajo hecho a mano, herencia histórica y patrimonio. El smartwatch es un dispositivo funcional. No compiten realmente entre sí.

La segunda gran transformación tuvo que ver con las marcas independientes. Venían creciendo desde principios del siglo XXI, poco a poco, pero todavía les costaba alcanzar la rentabilidad. Eran proyectos impulsados muchas veces por auténticos artistas y relojeros, con producciones pequeñas y una enorme pasión por lo que hacían. Lo que ocurrió durante la pandemia fue que esta nueva generación se abrió muchísimo más a las marcas independientes. Y entonces, de forma natural, surgió un salón como el SIAR Summer, dedicado precisamente a ese universo.

Si el SIAR nació en 2007, cuando México comenzaba a entrar en una etapa de madurez dentro de la alta relojería, el SIAR Summer nació en 2021, cuando coincidieron las nuevas generaciones y las marcas independientes. Fueron dos momentos extraordinarios y por eso ambos proyectos siguen creciendo.

Hablando de las marcas independientes, ¿qué crees que aportan a este mundo de la relojería?

Las marcas independientes aportan ante todo, humanidad. Nosotros adoramos también las grandes marcas históricas y legendarias. Piensa en marcas como Vacheron Constantin, que existe desde 1755; Blancpain, desde 1735; o Patek Philippe, desde 1839. No es que haya un problema con ellas, pero llevan siglos creciendo. Han alcanzado una dimensión enorme. Sus manufacturas reúnen a cientos de personas altamente preparadas y han construido estructuras impresionantes durante generaciones.

Son fantásticas, pero inevitablemente entran en una dinámica corporativa de departamentos de marketing, investigación, desarrollo, filiales y estructuras complejas. Con los independientes ocurre algo distinto. Acabamos de tener una mesa redonda con varias microbrands que están comenzando y puedes hablar directamente con el dueño.

Por ejemplo, Remy Cools tiene listas de espera de años porque sus relojes son extraordinarios. Aun así, se toma la molestia de venir a México para conversar con sus clientes, con las nuevas generaciones y con la prensa. Francamente, no tendría necesidad de hacerlo, pero lo hace porque existe una conexión humana. Creo que eso es parte de lo que hace tan atractivo al mundo independiente. Hay trabajo artesanal, producción limitada, cercanía con el creador y una relación mucho más personal. Todo eso resulta enormemente apetecible para los coleccionistas.

¿Qué crees que ven hoy las marcas relojeras internacionales en México?

A veces nos sorprende el interés que existe por México, pero yo siempre digo que no entiendo por qué nos sorprende. México lleva aproximadamente treinta años siendo, desde una perspectiva macroeconómica, uno de los mercados más maduros del mundo. Evidentemente hubo momentos difíciles: la crisis financiera de 2008 y 2009 afectó a todo el mundo; el COVID afectó a todo el mundo. Pero aun así México ha seguido creciendo de manera constante.

Es un mercado que evoluciona orgánicamente, con la madurez de una economía muy desarrollada. Hay países considerados grandes potencias que han tenido fluctuaciones mucho más fuertes. México, en cambio, ha crecido poco a poco, de forma sostenida y con una cultura de coleccionismo muy sana. No es un mercado especulativo. Son coleccionistas reales, que estudian, entienden y compran con conocimiento.

En 2023 y 2024, sumando ambos años, México fue el mercado de mayor crecimiento para la alta relojería a nivel mundial. Y en 2024 fue el segundo mercado que más creció, únicamente detrás de India.

Estamos viviendo una época compleja, con conflictos internacionales, desaceleraciones económicas y cambios importantes en mercados como China. Aun así, México sigue creciendo año tras año. Creo que muchas marcas están diciendo: “Tenemos que entender qué está pasando ahí porque quizá deberíamos haber prestado atención mucho antes”. Lo que ocurre en México no es accidental. Es el resultado de muchos años de evolución y de un mercado que tiene todos los ingredientes necesarios para seguir creciendo.

¿Y cómo crees que seguirá evolucionando el mercado mexicano?


Lo que veo es que viene evolucionando de una forma muy orgánica y muy sólida. Además, hay algo que México ha hecho muy bien y que creo que seguirá haciendo: no se ha obsesionado con una sola tendencia. A veces ocurre que aparece una moda y todo el mundo corre hacia ella. Si se habla de marcas independientes, entonces parece que todo tiene que ser independiente. Si se habla de micromarcas, entonces todo tiene que ser micromarcas. México no funciona así. Va despacio, pero va bien.

Creo que cada vez más gente joven va a entrar al mundo de la relojería. Dependiendo de su nivel económico, muchos comenzarán con micromarcas o marcas pequeñas, exclusivas y divertidas, como las que tenemos aquí. Conforme aumente su poder adquisitivo y su conocimiento, irán avanzando hacia otras categorías.

México tiene una población muy joven y eso es una enorme ventaja. Esta nueva generación seguirá creciendo, pero no solo en relojería. También lo vemos en el arte, en el cine y en muchas industrias creativas. Cada vez se hace mejor cine, por ejemplo. México es un país muy creativo y los jóvenes tienen una enorme energía para desarrollar proyectos y construir cosas nuevas. La gastronomía ya explotó. Ahí está el ejemplo. La relojería va por un camino similar. La nueva generación ya está aquí y ya está interesándose por este mundo.

Por otro lado, creo que las grandes marcas históricas seguirán ocupando ese lugar de valor refugio. Las piezas más importantes, más demandadas y más cotizadas seguirán teniendo una enorme fortaleza en el mercado y en las subastas.Quizá donde veremos más transformación será en la categoría media tradicional. Ahí las marcas tendrán que preguntarse qué quiere realmente la nueva generación, qué productos busca, qué precios considera atractivos y cómo conectar con este nuevo consumidor.

Hablando de estas nuevas generaciones, ¿qué crees que hace que los jóvenes se interesen tanto por la relojería?


Tengo tres hijos y veo cosas muy interesantes en ellos. Les gustan los vinilos. Compran cámaras réflex de película y salen a tomar fotografías. La relojería crece porque hay una búsqueda de experiencias reales en un mundo cada vez más digital.

Me explico, muchas veces las nuevas generaciones sienten curiosidad por aquello que sus padres les cuentan sobre una época en la que el mundo era más físico y más tangible. Hay una necesidad de tocar las cosas. Lo digital puede desaparecer en una nube de datos de un día para otro. En cambio, un objeto físico permanece.

Por eso creo que el reloj tiene algo muy especial. Si lo piensas, la ciencia que hay detrás de un reloj mecánico prácticamente no ha cambiado desde el siglo XVII. Los principios fundamentales siguen siendo los mismos. Por supuesto, la tecnología ha evolucionado, los materiales han mejorado y la precisión es distinta, pero la esencia continúa intacta. Creo que eso atrae mucho a los jóvenes, descubrir algo tangible, algo construido por un artesano, algo que requiere conocimiento y dedicación.

Y hay otro elemento importante. Cuando observan lo que ocurre en las subastas o ven que un reloj que alguien compró hace décadas por unos pocos miles de dólares hoy puede alcanzar cifras extraordinarias, entienden que están frente a algo que trasciende las modas. Lo perciben de una manera similar al arte. Ven marcas que han sobrevivido generaciones enteras y productos que continúan siendo deseados década tras década. Esa combinación entre artesanía, permanencia y valor a largo plazo resulta muy atractiva para ellos.

Después de veinte años, ¿cómo crees que evolucionará el SIAR en el futuro?
Yo creo que los elementos fundamentales ya están ahí. Están los coleccionistas, están las marcas y existe un interés genuino por la relojería.

México es un país extraordinariamente bien ubicado. Tenemos una población joven y somos vecinos económicos de la mayor potencia del mundo. El mercado de Norteamérica, integrado por México, Estados Unidos y Canadá, es uno de los espacios económicos más dinámicos del planeta.

Mientras continúe existiendo crecimiento económico, oportunidades educativas, desarrollo cultural y una población interesada en aprender y descubrir nuevas cosas, la relojería seguirá evolucionando de forma positiva. Lo mismo ocurre con el arte. Si un país progresa, la cultura progresa. Si la cultura progresa, el interés por disciplinas como la relojería también crece.

Por eso creo que la relojería en México todavía tiene muchísimo camino por recorrer, y algo que me gusta especialmente es que este crecimiento no ha sido apresurado. Ese desarrollo orgánico es precisamente lo que genera bases sólidas, nunca hemos construido una burbuja. Hemos crecido de forma parecida a como ha crecido la economía, la cultura y el propio país.

Por eso soy optimista respecto al futuro. Mirando hacia los próximos diez años, no veo ninguna razón para pensar que este crecimiento orgánico vaya a detenerse. Al contrario, creo que apenas estamos viendo una parte de lo que México puede llegar a representar para la alta relojería mundial.

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