Daniel Orozco y Chilcuague fusionan diseño y tequila sensorial en piezas únicas de madera, cantera y cerámica. Una colaboración que ritualiza el sorbo con texturas vivas.

El showroom de Daniel Orozco se llenó de texturas vivas el 20 de noviembre, cuando el arte y el tequila se unieron para cuestionar cómo percibimos lo cotidiano. Esta alianza con Chilcuague transforma un destilado en algo más profundo: un llamado a conectar con raíces olvidadas a través del diseño y el gusto.
Objetos que narran la tierra
Orozco desplegó soportes artesanales para las botellas hechos de madera noble, cantera áspera, cerámica terrosa y piedra ancestral que no solo sostienen, sino que invitan a ritualizar cada momento. extendiendo la experiencia sensorial hacia un plano táctil y emocional, donde el objeto se vuelve tu cómplice.





Un viaje por sabores ancestrales
Mariana Torres Landa, alma detrás de Chilcuague, y Orozco lideraron catas que revelaron el secreto de esta bebida: un cosquilleo sutil de raíces guanajuatenses cosechadas por comunidades locales, agave azul de jimadores expertos y un proceso 100% nacional en botellas de vidrio reciclado.






Visiones que convergen
Orozco, maestro en reinterpretar lo cotidiano con texturas obsesivas inspiradas en la naturaleza, dialoga con el legado familiar de Chilcuague, una exploración de lo esencial que destila curiosidad y autenticidad. Juntos elevan el lujo a lo que realmente emociona.


Este tequila sensorial nos deja con una invitación abierta: redescubrir el origen en cada detalle.
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