Desde Wimbledon al Abierto de Los Cabos, el tenista veracruzano, Santiago González demuestra que la edad es solo un número cuando se tiene garra, pasión y una meta clara: seguir ganando.
Apenas unos días después de competir en Wimbledon, Santiago González aterrizó en Baja California para disputar una nueva edición del Abierto de Tenis de Los Cabos. El calor no intimida al veracruzano. Al contrario, lo motiva.
“Es un torneo muy especial para mí; hace dos años lo gané y siempre jugar en México es muy importante”, dice con la serenidad que solo se gana después de años en el circuito.
Con 42 años y una trayectoria impecable en dobles, González sigue soñando en grande. “Tengo 42 años, pero me sigo sintiendo competitivo. Todavía puedo ganar torneos”, afirma con convicción. Esa fe en sí mismo ha sido clave para mantenerse vigente, aferrado al ranking y a sus propios estándares de excelencia. “Hay semanas buenas y malas, pero la constancia es lo que marca la diferencia”, agrega.

El público mexicano, sin duda, ocupa un lugar especial en su historia. Jugar en casa no solo representa una motivación extra, sino una responsabilidad emocional. “En México, ya sea en Los Cabos o en Acapulco, se siente el apoyo desde la grada. Eso te obliga a dar el ciento diez por ciento”, cuenta. “El público en Los Cabos ama el tenis. No solo vienen a ver a los jugadores, sino que realmente conocen el deporte”.
A pesar del entorno paradisíaco, Santiago González sabe separar el placer de la concentración. La clave, cuenta, es la familia. “Entreno dos o tres horas al día, y el resto trato de disfrutar con ellos. Eso me da balance. Acá en Los Cabos, con la alberquita y el calor, se disfruta”, dice entre risas. Esa fórmula de equilibrio lo ha mantenido fuerte tanto en lo físico como en lo mental.
¿Y antes de cada partido? Nada de supersticiones, pero sí una rutina firme. “No tengo rituales raros antes de jugar. Caliento media hora y me concentro en estar al 100% desde el primer punto”.
Fuera de la cancha, su energía no se detiene.
“Cuando vuelvo a México después de una gira, lo que menos hago es tenis. Juego golf, pádel, fútbol… lo que sea. También paso tiempo con mis hijos, vamos al cine o nadamos. Eso me ayuda a mantenerme fresco mentalmente”, comparte. La vida fuera del deporte es tan importante como el entrenamiento.
También están los pequeños placeres. “Después de una gira larga, lo primero que hago es ir por unos tacos al pastor”, admite. “Extraño la comida mexicana todo el tiempo: los chilaquiles, las gorditas, el guacamole… aunque hay que tener cuidado, si no en la cancha no rindo”, dice con una sonrisa.
Sobre moda, admite que no es de seguir marcas por tendencia, pero sí ha encontrado su estilo. “Uso Lululemon desde hace tres años. Me gusta su ropa porque es cómoda, se ve bien y me la pongo incluso fuera del tenis”. ¿Lo que no puede dejar de comprar? “Me encantan los relojes y los tenis. Son las dos cosas que más compro cuando tengo tiempo”.
Con la segunda mitad del año por delante, sus objetivos están más claros que nunca: seguir subiendo en el ranking, ganar más títulos y llegar fuerte al US Open. Y aunque la carrera ha sido larga, la ilusión se mantiene intacta.
“Sueño con ganar un Grand Slam. ¿Por qué no? Hay que seguir creyendo”.
Santiago González es ejemplo de longevidad, pasión y autenticidad. Un deportista que entiende que los títulos son importantes, pero también lo es mantener los pies en la tierra, disfrutar a la familia y nunca dejar de soñar.
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