Después de casi tres décadas en el entretenimiento, Roberto Carlo atraviesa un momento de pausa consciente. Entre el regreso al teatro, nuevos procesos de entrenamiento actoral y un año decisivo en lo personal. Lejos de la prisa que muchas veces exige la industria, hoy elige habitar cada proyecto con profundidad y cada etapa de su vida con mayor presencia.

¿Soñabas con el momento en el que te encuentras actualmente?
Sí, fíjate que sí, aunque no había dimensionado cuánto deseaba este momento. Y cuando hablo de este momento me refiero a un equilibrio, a un balance real en mi vida. Por primera vez siento que existe una armonía entre lo laboral y lo personal.
Tengo más de 30 años trabajando en el entretenimiento: televisión, teatro, escenarios. Durante mucho tiempo mi vida fue solo trabajar, trabajar y trabajar. Sin embargo, el último año, y el inicio de este, me he permitido bajar la velocidad, detenerme un poco y darme el espacio para atender lo personal. Me he dado cuenta que lo necesitaba profundamente, aunque antes no lo supiera.
¿Qué representa el arte para ti?
El arte representa la posibilidad de conectar con el mundo. Poder interpretar un personaje, tener una voz, contar historias. Eso ha sido mi motor desde que tengo uso de razón. Siempre he tenido esta inquietud de comunicar, de crear, de dar vida a algo. Soy una persona muy creativa, artística y visual.
Para mí, el arte es un puente, me permite conectar con otros y conmigo mismo. No solo desde lo que hago como actor o conductor, sino también desde el disfrute de una obra, una película, una canción. El arte es una forma de descubrimiento constante.
¿Qué mensaje te gusta compartir a través de tus proyectos?
Me gusta invitar a la empatía. La posibilidad de ser moldeables, de adaptarnos. Al interpretar personajes, habitas sus miedos, alegrías, incluso sus patologías, y entiendes que casi siempre el punto de llegada es el entendimiento.
Creo que la vida es movimiento. La acción implica transformación. Me interesa contar historias que lleguen al corazón, a la mente y al alma de quien las ve, y hacerlo a través de alguien que no soy yo. Eso me parece profundamente hermoso.
Mi mensaje es ese, mirar con menos juicio y con más humanidad, hacia nosotros mismos y hacia los demás.
¿Cómo te sientes cuando comienzas un proyecto nuevo?
Siento mucha pasión. Soy una persona profundamente apasionada, pero también muy disciplinada. Me genera mucho respeto entrar a un proyecto, ya sea ficción, conducción, entretenimiento o incluso redes sociales. Me lo tomo con mucha responsabilidad y seriedad.
Busco la complejidad porque creo que la ficción necesita verdad para conectar. También soy muy vulnerable. Hace algunos años hice un podcast llamado “Muchacho Llorón”, porque necesitaba entender mis emociones, todo lo que estaba pasando dentro de mí. Muchas veces, como hombres, no nos permitimos habitar eso.
Cuando trabajo, me gusta profundizar, ir hasta lo más hondo. Creo que eso es lo que merece mi trabajo y también quien invierte su tiempo, y su dinero, en verlo”.
Has trabajado en muchos formatos. ¿Hay alguno que te guste más?
Mi corazón está dividido. En este momento de mi vida estoy muy enfocado en el entrenamiento actoral. Desde el año pasado estoy tomando cursos, leyendo, preparándome para tener más herramientas y poder crear personajes más complejos y vivos.
Estoy regresando al teatro con Afterglow, una obra que estrenamos hace tres años y que sigue en cartelera. Volver a un personaje después de ese tiempo es fascinante, porque tanto él como yo hemos cambiado. Hoy lo cuento desde otro lugar.
Pero también amo la televisión, la conducción, los realities, conducir programas, siento que siempre estoy en el lugar correcto cuando estoy presente en lo que hago.

¿Cuál sería tu papel soñado?
Me encantaría interpretar a un personaje con psicopatía, locura, algo muy complejo, pero también me gustaría contar una historia profunda desde la diversidad, sin caricaturizar. En México solemos banalizar a los personajes LGBT, y creo que hay mucho por decir desde un lugar honesto y humano.
Quiero personajes retadores, oscuros, complejos. Y para eso hay que entrenar mucho, prepararse y tener herramientas para poder darles vida.
Con todo lo que viene, ¿qué sigue para ti?
Este año regreso al teatro, lo cual me emociona muchísimo. Creo que el teatro es el espacio que más te forma como actor. A partir de febrero estaré de vuelta con Afterglow.
También es un año muy importante en lo personal, me caso y cumplo 40 años. Es el cierre de una década de muchísimo aprendizaje y el inicio de otra muy significativa. Quiero encontrar ese balance entre los proyectos profesionales, la vida personal, los viajes, la familia y los amigos.
Después de años de inmediatez, de redes sociales, de trabajo constante, entendí que también es importante parar. Vivir, construir un hogar, tener una vida real. El entretenimiento es una profesión hermosa, pero también muy absorbente.
Este año quiero disfrutarlo, vivirlo y asimilarlo. Es un año de equilibrio, de conciencia y de gratitud.
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