Para Patrique Van Rongen, la moda comienza con la memoria. Sus diseños no nacen únicamente del deseo de crear prendas, sino de la necesidad de traducir historias personales en textiles, siluetas y estructuras. Su primera colección, “Sobre nuestra infancia”, parte de un diálogo íntimo entre dos mundos.

¿Qué te inspiró a crear tu propia marca de ropa?
Principalmente una necesidad de crear y de compartir lo que llevo en la cabeza. A través de la ropa también busco compartir un poco de mí, de mis experiencias y de lo que he vivido, porque gran parte de mis diseños parten de la memoria: de mi historia personal y de momentos que han marcado mi vida.
Intento traducir esas vivencias en textiles, siluetas y acabados. Cada prenda nace de esa intención de transformar recuerdos y emociones en algo tangible. Al final, mi marca surge de esa necesidad constante de crear.
Acabas de lanzar tu primera colección. ¿Por qué decidiste llamarla “Sobre nuestra infancia”?
La colección nace de un paralelismo entre la infancia de mi abuela paterna, que es holandesa, y la mía. Mi abuela vivió su infancia durante la Segunda Guerra Mundial, una etapa marcada por la adversidad histórica. En contraste, yo crecí principalmente en el rancho de mis padres en México, donde tengo la mayoría de mis recuerdos de infancia.
El nombre surge justamente de ese diálogo entre dos infancias muy distintas. Y elegí centrarme en la historia de mi abuela porque fue la primera persona que me enseñó a coser cuando yo tenía ocho años. De alguna manera, esta colección también es un homenaje para ella. Me emociona poder mostrarle, ahora que sigue con nosotros, lo que he construido a partir de todo lo que me enseñó.
¿Cuál fue el mayor reto al comenzar este proyecto y desarrollar la colección?
Uno de los mayores retos fue decidir que este proyecto realmente sería el inicio de mi proyecto de vida. Desde niño siempre me imaginé diseñando y creando ropa, pero tomar la decisión de hacerlo de manera independiente fue un proceso importante.
Antes trabajé dentro de la industria con otros diseñadores y marcas, y en ese camino me encontré con un entorno que muchas veces no coincidía con mis valores, con la ética o con la visión que yo tenía sobre la moda. Eso me llevó a tomar la decisión de comenzar mi propio proyecto.
El desarrollo de esta colección tomó alrededor de dos años. Durante ese tiempo tuve muchas conversaciones con mi abuela, revisé archivos familiares, volví a escuchar historias de su infancia y poco a poco fui traduciendo esas memorias en telas, formas y prendas.
Además, todos los textiles que utilizo provienen de stock muerto, por lo que también fue un reto encontrar materiales que comunicaran exactamente lo que quería expresar con la colección.
¿Qué historias buscas evocar con cada pieza?
Son muchas historias, aunque esta primera parte de la colección es pequeña. Está compuesta por diez piezas, y más adelante saldrá una segunda parte.
Las prendas buscan reflejar dos mundos. Por un lado, la sensibilidad de la naturaleza en la que yo crecí en México; por otro, la parte más estructurada, rígida y disciplinada que aparece en los recuerdos que mi abuela me compartía sobre su infancia durante la guerra.
Hay también historias muy personales. Por ejemplo, mi abuela me contaba que cuando era niña no la dejaban usar pantalones porque se consideraban prendas masculinas. Cuando entró a la academia de moda en la posguerra, antes de salir de casa bajaba las escaleras corriendo, se quitaba la falda y se ponía unos pantalones para ir a la escuela.
Esa historia la reinterpreté en una de las piezas de la colección: un pantalón combinado con una falda tableada, donde conviven una prenda tradicionalmente masculina con otra más femenina.

Hablas mucho de tu abuela. ¿Cuál ha sido el mejor consejo que te ha dado?
Hay algo que siempre me dice y que llevo muy presente. Antes de dedicarme por completo a mi marca, durante dos años hice ropa hecha a medida. En ese proceso me encontré con todo tipo de clientes: algunos que confiaban completamente en mi visión y otros que, por ser un diseñador joven, cuestionaban el valor del trabajo.
Mi abuela siempre me decía algo muy divertido. Cuando alguien intentara regatear el precio de una prenda, debía responder: “Claro, con mucho gusto, ¿quieres que le quitemos las mangas o los botones a la chamarra?”
Lo que quería enseñarme con eso era que debía respetar mi trabajo. El precio de una prenda no es solo el objeto final: son horas de trabajo, experiencia, creatividad y visión. Y nadie debería desvalorizar eso.
¿Qué es lo que más disfrutas de todo este proceso?
Sin duda, el proceso creativo. Todo lo que ocurre antes de llegar a la pieza final.
El público normalmente ve la colección terminada: las prendas bien confeccionadas, las fotografías, el resultado final. Pero detrás de cada prenda hay muchísimo trabajo.
Antes de decidir que un diseño se convertirá en una pieza final, puedo haber hecho treinta o cincuenta versiones distintas en papel. Ese proceso de bocetar, seleccionar telas, probar costuras, decidir botones, elegir forros o pensar cómo se verá la prenda incluso por dentro, todo eso es lo que más disfruto.
¿Qué representa este proyecto en tu vida?
Es un parteaguas. Representa el inicio formal de mi proyecto de vida. A través de la ropa me gusta pensar que creamos una especie de “armadura social”. Son prendas que nos acompañan y que, de alguna manera, nos ayudan a caminar con más seguridad, más firmes, con la cabeza en alto.
Mi intención es compartir esa visión con otras personas a través de las siluetas y estructuras que diseño.
En el futuro, ¿qué legado te gustaría dejar con tu marca?
La verdad es que nunca lo había pensado mucho. Pero si tuviera que decir algo, me gustaría que fuera la idea de seguir mis sueños.
Creo que es importante creer en tu visión y mantenerte firme en ella, incluso cuando hay mucho ruido externo. A veces ese ruido puede hacerte dudar, pero seguir adelante con tu proyecto personal es algo muy valioso.
Si mi trabajo puede inspirar a alguien a confiar en su propia visión, creo que sería un legado muy bonito”.
Hasta ahora, ¿qué es lo que más te sorprende de lo que has logrado?
Tal vez terminar esta colección. Aunque también graduarme de la universidad fue un momento importante. Han sido muchos logros pequeños y grandes a lo largo de estos años.
La verdad es que me cuesta mucho detenerme a reconocerlos, porque siempre estoy pensando en lo que sigue. Soy una persona bastante ambiciosa en ese sentido: siempre quiero dar el siguiente paso.
Pero todos esos logros, incluso los que no comparto públicamente, me han dado la energía y la seguridad para seguir creando.
¿Cómo defines el éxito?
Para mí el éxito se parece mucho a la paz. Sentirme tranquilo, pleno, en calma. No lo relaciono tanto con el reconocimiento externo. Más bien tiene que ver con llegar a un punto en el que puedes concentrarte en tu trabajo sin preocuparte demasiado por el ruido exterior.
También creo que el éxito no es algo constante. Es más bien como una montaña rusa: momentos en los que sientes esa tranquilidad y satisfacción, y otros en los que vuelves a cuestionarte cosas. Pero esos momentos de paz, aunque sean breves, son para mí la verdadera medida del éxito.
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