Por María del Mar Barrientos
Después de meses de silencio tras la polémica que lo colocó en el centro de la conversación digital, Emilio Antún habla por primera vez con un medio. En exclusiva para The Editorial México, el creador de contenido cuenta cómo vivió este tiempo lejos de las redes, qué pasó por su mente, qué aprendió de esta experiencia y cómo piensa enfrentar lo que sigue.

Durante varios meses, Emilio Antún desapareció de las redes sociales. Después de construir una vida prácticamente frente a una pantalla, de compartir relaciones, pensamientos, viajes, aprendizajes y una buena parte de su intimidad con una comunidad que crecía a la par de su carrera, una polémica cambió el escenario. La conversación alrededor de él creció a una velocidad inesperada y su nombre salió de los límites de su propia audiencia para convertirse en tema de conversación.
Con la polémica llegaron también distintos cuestionamientos: su carrera, el personaje público que había construido y, sobre todo, su propia identidad. Hoy, Emilio está de regreso. Después del ruido, de la exposición y de un silencio que se prolongó durante cuatro meses, vuelve para hablar de lo que sucedió desde su perspectiva, pero también de todo aquello que ocurrió cuando las redes se apagaron y tuvo que enfrentarse a preguntas que iban mucho más allá de su carrera.
En exclusiva para The Editorial México, Emilio habla de aquellos meses, de las decisiones que hoy habría tomado de otra manera, de la terapia, de la ansiedad, de sus amigos y su familia, pero también de la compleja línea que existe entre una persona y el personaje que construye frente a miles de seguidores. Hoy, retoma su carrera con una nueva perspectiva y con un proyecto en el que quiere concentrar buena parte de su futuro.
Cuando le preguntamos qué hubiera hecho diferente al enfrentarse públicamente a la situación, su respuesta es inmediata: “Todo. Todo. Absolutamente todo”.
Durante años, hacer pública buena parte de su vida había sido también parte de su trabajo. La frontera entre lo personal y lo que compartía con su comunidad se había vuelto cada vez más pequeña y, cuando estalló la polémica, su primera reacción fue pensar que tenía que responder de la misma manera en la que había construido su carrera: públicamente. “Toda mi vida había sido 100% pública, en mi cabeza pensaba que yo tenía que dar una explicación de algo”.
Con el paso de los días decidió hacer exactamente lo contrario: detenerse. Apagar las redes y alejarse de la conversación para intentar entender primero qué estaba sucediendo fuera de ellas. “Tenía que tomar perspectiva. Fueron varios meses de estar en silencio para estar yo conmigo mismo. Yo no podía salir si internamente no estaba bien”.
Lo que siguió, asegura, fue un proceso personal que incluyó terapia y una revisión de la forma en la que había construido no solamente su carrera, sino también su propia identidad. Al preguntarle en qué momento se encuentra hoy, la respuesta llega en una sola palabra: “Libre. Me siento libre”.
Esa libertad, sin embargo, aparece después de meses en los que la sensación era muy distinta. “Me sentía perdido, creo que perdido es poco. De un día u otro una identidad y un personaje que construí y que yo también creía que era se cayó”.
La frase toca uno de los temas que más aparecen durante nuestra conversación: la diferencia entre Emilio Antún y el personaje público que fue construyendo frente a una audiencia. En el contenido lifestyle, donde la materia prima muchas veces es la propia vida, los límites pueden volverse difusos. Emilio reconoce que durante mucho tiempo no tuvo claro dónde terminaba uno y comenzaba el otro.


Su psicóloga, cuenta, lo ayudó a entender que no todos los espacios necesitan tener acceso a la misma parte de una persona. “Es el saber qué espacio llevo a qué conversación y qué quiero dejar fuera de esa conversación”. Una distinción que ahora busca trasladar también a sus plataformas: lo que comparte en Instagram no necesariamente será lo mismo que lleva a su podcast, y lo que ocurre en su vida privada no necesariamente tiene que convertirse en contenido. “El problema es que yo no era consciente que era un personaje”, reconoce.
La experiencia también modificó la manera en la que mira a los demás. Antes de lo ocurrido, explica, podía ser especialmente exigente frente a las decisiones de las personas que formaban parte de su vida. “Creo que lo primero es, juzgas como te juzgan. Y yo creo que yo tenía una exigencia muy, muy, muy tajante. Que ahora ha cambiado”.
Hoy asegura entender desde otra perspectiva la posibilidad de equivocarse. Durante la entrevista vuelve varias veces a una misma idea: una mala decisión no necesariamente determina para siempre a una persona. “Nunca somos un producto terminado. Siempre estamos en proceso”.
Ese proceso tampoco ocurrió únicamente frente a un terapeuta. Durante los meses en los que estuvo alejado de las plataformas, sus amigos y su familia se convirtieron en una parte fundamental de su entorno. No necesariamente desde la complacencia. “Las amistades son decirte, ‘bro, la cagaste. Estás fatal’ Y también decirte ‘Esto no estuvo bien’”, cuenta sobre quienes permanecieron cerca.
La exposición pública, además, abrió otra conversación para Emilio: la manera en la que las redes sociales pueden amplificar una historia hasta llevarla frente a personas que nunca habían tenido contacto con quien está en el centro de ella. “No estoy en contra de lo que la gente piense. Creo que cada quien puede tener su criterio, creo que es más bien el cómo comunidad ejecutamos esos pensamientos hacia los demás”.
Pero alejarse de las redes no significó que el ruido desapareciera inmediatamente. Durante meses intentó determinar cuándo era el momento adecuado para regresar. Hubo ocasiones en las que creyó estar preparado y poco después entendió que todavía no.
¿Cómo supo finalmente que podía volver? “Cuando empecé a soltar mi ansiedad”.
El proceso, cuenta, estuvo lejos de ser lineal: “ Fueron meses en los que sentía que ya estaba perfecto y luego me daba un bajón terrible, luego me otra vez subía y al día siguiente otra vez un bajón. Luego me di cuenta que tenía un estrés postraumático cada vez que me metía en una red social”.
A la conversación pública se sumaron entonces preguntas privadas: qué sucedería con su carrera, qué relaciones permanecerían y qué partes de la vida que había construido seguían teniendo sentido. Emilio describe ese momento como uno en el que prácticamente todo quedó bajo cuestionamiento: su trabajo, su futuro, sus relaciones y su identidad.
Regresar, por ello, tampoco podía limitarse simplemente a volver a publicar. La pregunta era desde dónde quería hacerlo.
Hoy la respuesta parece estar más relacionada con el largo plazo. “Hoy me estoy posicionando en un lugar donde veo mucho más a largo plazo. No solo como carrera, como persona”.
Parte importante de ese futuro estará en su podcast: Diario de un Humano. Emilio quiere convertirlo en el eje central de los próximos años de su carrera, desarrollar nuevos formatos y eventualmente explorar otros terrenos, entre ellos la escritura. Pero, sobre todo, quiere utilizar esas conversaciones para construir algo distinto a la perfección que muchas veces proyectan las plataformas.
Su intención es buscar historias contadas desde un lugar más honesto y abrir conversaciones alrededor de las experiencias personales de quienes se sienten frente a él. “Y crear espacios libres de juicio. Ese sería mi objetivo número uno. O sea, buscar que la gente pueda sentirse acompañada en su proceso”.
Emilio Antún regresa a una conversación pública que no necesariamente puede controlar, pero a la que ahora dice enfrentarse desde otro lugar. Con mucho aprendizaje de lo sucedido y una mayor separación entre su vida personal y la que decide mostrar, con proyectos nuevos y con una idea que atraviesa buena parte de nuestra conversación: entender que su carrera, al igual que él, continúa en construcción.
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