Elio nace de una señal, de un espacio pequeño que apareció en el momento preciso y que terminó convirtiéndose en un lugar dedicado por completo a la joyería. La tienda marca una nueva etapa, una apuesta por consolidar un universo propio donde la joyería no es solo un ornamento, sino memoria, arquitectura en miniatura y presencia. Elio se construye como un punto de encuentro entre diseño e intención.
¿Qué te inspiró a crear Elio?
Fueron muchas cosas. El espacio tuvo mucho que ver, es un local muy pequeño, en el que prácticamente solo puede venderse joyería. Apareció en un momento muy específico de mi vida y lo tomé como una señal.
La marca, en realidad, existe desde hace cinco años; lo nuevo es la tienda física.

Si la marca ya existía, ¿qué te hizo decidir abrir una tienda física?
Más que planearla durante mucho tiempo, fue encontrar el local lo que detonó la decisión. A partir de ahí pensé: “ok, es momento”.
Yo no me dedico de tiempo completo a la joyería; tengo otras actividades y siempre he estado un poco dividida entre distintas cosas. Pero justo por eso sentí que necesitaba darle más espacio y más estructura a la marca. La tienda nace con esa intención: que sea un lugar dedicado exclusivamente a la joyería, un espacio especializado.
¿Tus piezas tienen un mensaje detrás?
La primera colección que hice se llama “Farmacéutica”. Yo estudié diseño de joyería contemporánea y, durante la pandemia, las clases se pausaron. Ese momento coincidió con reflexiones personales sobre la salud mental y temas propios que estaba atravesando.
De ahí surgió la idea de tallar píldoras en piedra, hechas a mano. La colección nace de esa mezcla entre el contexto global de la pandemia y mis propios procesos internos. De hecho, en la fachada de la tienda hay un pequeño símbolo relacionado con esa primera etapa.
Cuando empezó la pandemia me fui a vivir fuera de la ciudad y cerca había talleres de mármol. Fui personalmente a buscar las piedras para tallar las primeras piezas. Todo comienza ahí, con esa colección.
Para ti, ¿qué es la joyería más allá de un accesorio?
Creo que son recuerdos. Las piezas terminan acompañándote en momentos importantes y se vuelven parte de tu historia. También las veo como una forma de decoración personal, casi como arquitectura en pequeño formato. Son objetos que construyen presencia.

¿Cómo te gustaría que se sintiera alguien al usar tu joyería?
Me gustaría que se sintiera elegante, pero de una forma sutil. No es una elegancia estridente, sino más bien algo con carácter, con intención.
Cada persona usa las piezas por razones distintas, pero muchas tienen guiños arquitectónicos y decorativos. Me interesa que quien las use sienta que lleva algo pensado, estructurado, con diseño detrás.
¿Qué sigue para Elio?
De momento, quiero que la tienda crezca y se consolide. Me gustaría que se convierta en un referente: que, si alguien viene a la ciudad, sea un lugar recomendado para descubrir joyería de distintos diseñadores.
No todos son mexicanos, pero todos diseñan y producen en México. Cada uno tiene un estilo muy diferente, y eso es parte de la identidad del espacio: que cualquier persona pueda entrar y encontrar algo que conecte con ella.
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