En una industria donde la comparación es casi inevitable, Dalex ha aprendido a moverse desde otro lugar. No desde la prisa ni desde la competencia, sino desde su propio proceso. “No estoy pendiente de lo que hace el otro, porque cada carrera es diferente”, dice. Para él, la clave ha sido enfocarse en lo suyo, sin distraerse con el ritmo ajeno.
Esa claridad también se refleja en su evolución creativa. Aunque reconoce que su esencia sigue intacta, esa mezcla de sensualidad y R&B que lo caracteriza, hoy se siente más maduro. Más seguro. “Al principio se me hacía complicado grabar, ahora fluyo. Se me hace fácil”. No siempre fue así. Hubo nervios, frustración y un proceso largo detrás: casi diez años antes de que llegara su primera canción fuerte. Pero fue precisamente esa constancia la que le permitió encontrar su lugar.

Dentro del estudio
Hoy, el estudio es su espacio favorito. Ahí crea, experimenta, se suelta. Si antes el escenario tenía más peso, ahora es el proceso lo que más disfruta. “Me encanta crear música, esa es mi parte favorita”, asegura.
Hablar de su trayectoria también implica recordar una etapa muy específica dentro del género: esas fiestas, esa energía colectiva, ese momento donde su música comenzó a formar parte del soundtrack de toda una generación. Lo describe como algo muy cercano a lo que en Puerto Rico llaman “marquesina”: encuentros, música alta y espacios improvisados. Una época que, de alguna forma, hoy empieza a resignificarse. “Siento que esa esencia está regresando, pero evolucionada”.
Volver a encontrarse
Esa idea de evolución es central en su discurso. No le interesa repetirse. Aunque el público muchas veces pida volver a fórmulas pasadas, él lo tiene claro: “Soy de los artistas que no les gusta hacer lo mismo otra vez. Uno va cambiando”. Su búsqueda está en innovar sin perder identidad.
Ese equilibrio, entre lo que le gusta y lo que conecta con la gente, es constante. Sabe que hay sonidos que le apasionan, pero también entiende el contexto. “La gente quiere bailar, quiere disfrutar, entonces busco un balance”. No se trata de seguir tendencias, sino de encontrar su propia esquina dentro de lo que está sucediendo.

Un propio ritmo
Sus influencias hoy son diversas. Escucha mucha música en inglés, pero también reconoce el momento que viven varios artistas latinos. Aun así, su mayor inspiración sigue siendo personal. “Me inspiro en lo que vivo, en mis experiencias”. Y hay algo que no cambia: la sensualidad, el romantiqueo, esa narrativa íntima que define su música. “Eso no lo puedo cambiar”, afirma.
Su más reciente lanzamiento, “BeYKota” junto a Boza, marca un giro intencional. Después de explorar sonidos más suaves, decidió volver a lo bailable, a la energía. Pero más allá del sencillo, el momento que atraviesa es más profundo: una nueva etapa.
Tras salir de una disquera donde pasó tiempo sin lanzar música, hoy se encuentra en un lugar distinto, con un equipo que apuesta por él. Y eso se nota en su impulso. “Ahora quiero sacar música más constante, más para la gente”.
Su intención es clara: no busca solo sonar, sino acompañar. “Quiero que la gente disfrute, que viva momentos bonitos con mi música”. En medio de todo, su música quiere ser eso: un espacio ligero, un respiro.
Lo que viene es movimiento. Lanzamientos constantes, colaboraciones, giras. España, Italia, Estados Unidos. Pero más allá de la agenda, hay algo que atraviesa todo este momento: una certeza distinta.
Me siento más preparado que nunca para dar el cien por ciento”.
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