Hace diez años, Alejandro Campos y Joel Rojas comenzaron Bandido a partir de una idea que nació en la universidad: explorar todo lo que podía suceder cuando la luz dejaba de ser únicamente funcional y se convertía en parte del diseño. Lo que comenzó como un proyecto entre dos estudiantes de Diseño Industrial fue tomando forma hasta convertirse en una marca mexicana de iluminación decorativa con una identidad propia.
Desde entonces, la luz se ha mantenido como el punto de partida de su trabajo. A través de materiales, formas, sombras y distintas maneras de habitar los espacios, Bandido ha construido una propuesta que habla también de curiosidad, experimentación y de la intención de hacer las cosas de una manera diferente.

¿Qué los inspiró a crear Bandido?
Joel: Creo que fue mucho por la luz. Somos una marca mexicana de iluminación decorativa y gran parte de nuestro trabajo consiste justamente en trabajar con ella. La luz es un elemento que puede transformar completamente un espacio y un ambiente: los materiales, las texturas e incluso la manera en la que percibimos un lugar y su calidad. Puede hacer que un espacio sea cómodo o incluso abrumador.
Creo que de ahí surgió nuestro interés por la iluminación decorativa.
Alejandro: Justo como menciona Joel, fue ese interés y esa intención de mejorar los espacios. La luz crea atmósferas, ambientes y sensaciones, y esa posibilidad de aportar a todo eso fue algo que nos atrajo muchísimo.
¿Por qué Bandido?
Bandido nace de un proyecto escolar en la universidad. En ese momento teníamos 23 o 24 años y nos planteábamos hacer algo diferente, algo que llevara la contraria y que no siguiera necesariamente lo que ya se había estado haciendo durante muchos años.
Buscamos un nombre con el que nos sintiéramos identificados, pero que tuviera un significado que, en principio, no tuviera nada que ver con lo que íbamos a hacer. Un bandido es alguien que se percibe como malo, alguien que hace las cosas mal, algo relacionado con lo negativo.
Queríamos darle la vuelta a ese concepto y hacer todo lo contrario. También buscábamos una palabra que se quedara en la mente de las personas y que con el tiempo pudieran vincular con la iluminación.
¿Qué significa para ustedes cumplir una década en una industria donde el diseño está en constante cambio?
Es algo muy enriquecedor y, la verdad, nos mantiene muy felices. También ha significado mantener una visión y ser muy perseverantes y pacientes. Al principio todo era una idea; ni siquiera visualizábamos hasta dónde podía llegar como empresa y como marca.
Los dos estudiamos Diseño Industrial y nuestra formación estaba enfocada en la creación y desarrollo de productos. Crear una empresa, estructurarla y hacer que fuera sustentable fue algo que fuimos aprendiendo en el camino. Creo que eso es lo que nos ha llevado a tener esta alegría y a seguir con la misma visión.

¿Cuáles han sido los principales retos desde que comenzaron hasta hoy?
Han sido miles. Realmente no podría decirte uno en específico. Desde el inicio hasta hoy seguimos retándonos y encontrando nuevos desafíos. Claro que han ido evolucionando y la complejidad también ha cambiado.
Como diseñadores nos preparan para diseñar un producto, pero no necesariamente para diseñar una empresa. Uno de nuestros mayores retos fue justamente crear una estructura que nos permitiera estar hoy posicionados a nivel nacional y apuntar también hacia lo internacional.
El reto ha sido estructurar un equipo, crear las diferentes áreas y desarrollar una organización que nos permitiera llegar al mercado y validar un producto que hoy desarrollamos, que gusta y que se utiliza. A eso se suman todos los pequeños retos del día a día: operar, ejecutar, vender y tomar decisiones. Realmente, la vida está llena de retos.
¿Qué es lo que más representa a Bandido como marca?
Yo diría que la dualidad: la luz y la sombra. Es un elemento que se repite en nuestro día a día, desde el día y la noche hasta los productos que hacemos.
Nuestras piezas emiten luz, pero también generan sombras y diferentes maneras de percibir el espacio. Creo que va mucho por ahí: los contrastes, encontrar un balance. Eso es algo que define mucho a la marca.
¿Qué los inspira al momento de crear una nueva pieza?
Somos un equipo creativo. Actualmente somos 28 personas detrás de esto y creo que todos estamos inspirados constantemente por lo que nos rodea: la cultura, los materiales y la riqueza que tenemos en México, especialmente todo el trabajo manual que todavía existe y que es algo que otros países incluso envidian.
No hay una sola cosa que nos inspire. Es nuestro día a día, lo que vivimos, lo que vemos, lo que exploramos, lo que conocemos y lo que platicamos. Es un conjunto de muchas ideas que al final sintetizamos en un producto.
Cada colección tiene una narrativa y parte de un elemento específico. Algunas están inspiradas en la naturaleza, otras en la cultura, en los propios materiales, en la dualidad entre la luz y la sombra o incluso en la luz misma.
Buscamos esa esencia de lo que nos rodea para llevarla a un producto. También nos interesa desarrollar una narrativa alrededor de cada pieza para poder contar el storytelling que existe detrás de ella.
Cuando alguien ve una de sus lámparas, ¿qué les gustaría que pensara o entendiera sobre ella?
Creo que es un factor muy importante. Es muy sencillo ver un producto y no pensar en todo lo que hay detrás de él. Algo que nuestros clientes valoran mucho es que comunicamos justamente qué hay detrás del lanzamiento de cada pieza.
Desde el momento en el que encontramos la inspiración, que puede venir de la naturaleza, la cultura o un material, hasta cómo se trabaja ese material, cuáles son sus aspectos técnicos y cuáles son sus características lumínicas.
Queremos que las personas no solamente vean el producto, sino que entiendan que detrás de él hay trabajo, un proceso y también tiempo.

¿Cuál es el material con el que más les gusta trabajar?
Creo que la respuesta sería la luz. Al final, nosotros vemos la luz como un material más y la complementamos con otros materiales, buscando siempre que sean naturales.
Nos gusta explorar e investigar el comportamiento de cada material, las temperaturas, los lúmenes y cómo cambia la luz dependiendo de dónde y cómo se aplique.
A lo largo de nuestras colecciones hemos trabajado con mármol, ónix, cerámica, madera y barro. Realmente es muy variado, pero al final la luz es algo que se comporta de manera muy distinta dependiendo de cómo la apliques, dónde la apliques y con qué material la combines. Hoy diríamos que nuestro material principal es la luz.
¿Cómo describirían estos diez años, desde el momento en que comenzaron hasta hoy?
Joel: Es como un sueño hecho realidad. Cuando comenzó todo era una idea, un proyecto universitario en el que nos preguntábamos qué pasaría si lo desarrollábamos más.
Han sido diez años de mucha resiliencia. Recibimos muchas respuestas negativas, así que fue cuestión de ser perseverantes y buscar que nos dijeran cómo hacerlo posible.
También han sido diez años de mucha gratitud. Gratitud con todo el equipo y, personalmente, con mi socio Alejandro, porque siempre hemos compartido la misma visión. Hoy lo vemos y nos damos cuenta de todo lo que hemos construido.
Diez años se dicen fácil, pero la verdad es que ha sido todo un proceso, un camino muy largo y, sobre todo, de mucho aprendizaje.
¿Qué fue algo que nunca imaginaron que iban a vivir durante estos diez años?
Alejandro: Muchas cosas. A pesar de que teníamos una idea de lo que buscábamos y de lo que queríamos, nos fuimos encontrando con situaciones que nunca hubiéramos imaginado.
Desde crear una estructura hasta algo tan sencillo como descubrir los diferentes usos que los clientes le dan a un objeto. Es muy interesante darnos cuenta de que todos percibimos las cosas de manera diferente.
Joel: Con el tiempo nos hemos acostumbrado a tener una dinámica de trabajo en la que tenemos que pensar prácticamente en todo: nuestro servicio, nuestro producto, la atención, la manufactura, la estrategia…
No hay una sola cosa. Han sido muchas experiencias y aprendizajes que seguimos viviendo hasta el día de hoy. Continuamos encontrando situaciones que no pensamos que iban a pasar y que terminan pasando.
Y creo que eso es justamente lo nutritivo y lo rico de estar haciendo esto. A veces, con el equipo, decimos: “Qué aburrido sería estar en un lugar donde todas las cosas fueran perfectas y donde no hubiera nada nuevo”, porque entonces entras en un ciclo en el que dejas de aprender.
¿Qué es lo que más disfrutan de Bandido?
Justo eso: que siempre hay algo nuevo que aprender. Creo que algo que nos caracteriza mucho es la curiosidad y gran parte del equipo tiene esa característica.
Siempre que nos estamos cuestionando algo es para descubrir con qué nuevo material podemos trabajar, cómo se ve ese material a través de la luz, qué pasa si le ponemos luz o qué cualidades y características podemos resaltar.
Ese cuestionamiento nos lleva a nuevos aprendizajes e incluso a lugares nuevos.
Algo que no imaginábamos era la internacionalización de la marca. Hoy ya estamos tocando puertas fuera de México, tanto en Latinoamérica como en Estados Unidos.
¿Qué representa Bandido en su vida?
Es justo lo que mencionas: un proyecto de vida. Es la parte profesional y también el proyecto de vida de poder crear una empresa que pueda trascender.
No solamente ahora con nosotros, sino que pueda llegar a una segunda o tercera generación. Una empresa que pueda generar empleos, posicionarse y ser un referente no solamente a nivel nacional, sino también internacional.
En la industria creativa son pocas las empresas que han sobresalido, se han internacionalizado y han perdurado durante generaciones. Y creo que algo que tenemos muy claro es que queremos que Bandido sea una empresa que pueda crecer y perdurar con el tiempo.
No estoy hablando de crear un monstruo de empresa o una transnacional con operación en todo el mundo, sino de que pueda ser un referente de lo que está pasando en el mundo.
Después de diez años, ¿qué es lo que más les sorprende de todo lo que han logrado?
Que se haya materializado. Retomando un poco la pregunta anterior, hace diez años no veíamos venir toda la trayectoria que esto iba a tener durante nuestra primera década.
Lo que sí hicimos desde entonces fue tomar la decisión de que Bandido iba a ser nuestro proyecto profesional y nuestro proyecto de vida, y que le íbamos a dedicar gran parte de nuestro tiempo.
Eso ha sido muy gratificante porque también nos ha permitido explorar materiales, aprender de la cultura, conocer a muchísimos colegas y amigos súper talentosos y compartir con ellos diferentes visiones.
Incluso nos ha permitido expandir nuestro conocimiento y cuestionar muchas de las cosas que entendíamos cuando salimos de la universidad.
Ha sido muy gratificante. Creo que no habríamos llegado a este punto si no hubiéramos tomado esa decisión desde el principio.
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