Cuando hablamos de amar hay cosas que no se pueden explicar. Sentimientos que solo se viven. Cuando alguien dice “te amo hasta la luna y de regreso”… por un segundo, aunque suene a cliché, esa frase tiene sentido.
Este dicho viene de un dato curioso: el corazón genera suficiente energía al día para mover un camión veinte millas. Veinte millas de emociones, de latidos, de memoria que vibra por alguien más. En toda una vida, esa energía alcanza para llegar a la luna y volver.
Hay gente que ama sin pausa. Sin la necesidad de subir fotos, sin etiquetas, sin regalar flores por obligación. Ama en detalles: saber cómo le gusta el café. Recordar la canción que no puede dejar de escuchar. Estar bien entre risas y silencios.
Amar con todo lo que el corazón significa es eso. Un esfuerzo cotidiano, una presencia constante.
Saber extrañar, saber regresar
Amar también es saber que va a doler. Que en el camino habrá distancia y silencio. Que extrañar no es debilidad, sino señal de que algo valió la pena. Saber regresar es un acto de valentía. Esperar el momento indicado es un ejercicio de paciencia y fe.
Amar es atreverse. Es arriesgarse a dar sin garantía de retorno. Es saber que no siempre vas a ganar, pero aun así quieres jugar la partida. Porque amar hasta la luna y de regreso implica entregarte sin miedo a lo que vendrá.
Momentos que se guardan
A veces, lo que más marca no son los momentos grandes o planeados, sino los íntimos. Los que nadie ve. Esos que pasan casi sin que te des cuenta, pero se quedan tatuados en el alma.
El amor también es eso: una colección de vivencias y momentos que nos marcan. Que nos acompañan cuando algo termina pero vuelven de pronto con una canción, un olor, un sabor, un restaurante o una calle. Y no sabes por qué… pero se sienten igual que ese primer día.
No es solo amor romántico. También es tu mamá esperándote despierta aunque llegues tarde. Es una amiga que te ve y sabe lo que necesitas. Es ese alguien que no tiene que estar para que lo sientas cerca.
Para amar hay que latir
Y hay que hacerlo con todo. Porque si el corazón está hecho para amar con esa fuerza, ¿por qué amar a medias? Hay distancias que solo se recorren con el alma. Amar hasta la luna y de regreso es una promesa: la de darte todo lo que el cuerpo puede crear.
Y eso, créeme, es más que suficiente.
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