Debo aceptar que hablar de intimidad y salud sexual es una de mis actividades favoritas, pues considero que hace mucha falta hablar más al respecto, tanto como hace falta que la gente se atreva a opinar y a escuchar sobre el tema sin incomodarse o peor aún, sin que les dé pena.
¿Por qué algo que todos en algún momento hemos vivido, sentido o experimentado tiene que ser tan privado? ¿Por qué aquello que a veces genera tantas dudas no puede ser cuestionado y explicado? Hemos avanzado en tantas cosas como sociedad, pero cuando se trata de intimidad y de sexualidad pareciera que seguimos detenidos en un momento sin poder avanzar.
Incluso, más allá de indagar en una conversación sobre intimidad, ¿a cuánta gente no conocemos que no puede siquiera decir en voz alta el nombre de un órgano sexual?
Por lo antes mencionado y muchos más tabúes que hay de por medio, es que hoy me atrevo a escribir este texto, porque todo merece ser llamado por su nombre, porque nuestras conversaciones merecen ser dichas en voz alta y por qué nuestra sexualidad merece ser liberada.
Y como dato: cuando hablo de sexualidad no necesariamente lo hago en un contexto de dos o más, sino desde el lado más íntimo y personal, pues es ahí en donde todo empieza.
Hablemos en voz alta
Conforme pasa el tiempo y mientras más nos conocemos, resulta cada vez más cómodo poder hablar de todo en voz alta. Esto aplica desde una forma de pensar, compartir un gusto propio y, claro está, nuestra sexualidad. Porque decir que en el sexo algo te gusta de cierta manera o que en ese momento tienes cierta preferencia, es igual a decir en voz alta si prefieres un helado de fresa o chocolate. No son más que palabras que forman enunciados. El problema está cuando le damos una connotación negativa por ser un tema íntimo.
Y no, no digo que tengamos que estar compartiendo con todo el mundo aquello que nos gusta en la intimidad, pero que si se llega a suscitar no nos tengamos que incomodar.
Además, en ocasiones, decir las cosas en voz alta tanto frente a otros como solo para nosotros es una forma de afianzar la propia identidad y reforzar la autoridad de nuestra voz y pensamiento. Solo por ello vale la pena hacerlo.

Hablemos de placer
Primero que nada, debemos aclarar que el placer es algo meramente personal. Aquí no importa lo que opinen los demás, lo único importante es lo que tú quieras, como tú te sientas y lo que a ti te guste. 
Y es que el placer está en todo, desde un gusto propio, una comida, un pasatiempo y, claro está, la sexualidad. Incluso, me atrevería a decir que el placer sexual es de los más importantes, pues es aquel que vives a flor de piel y que te puede hacer sentir muy bien.
El placer es un viaje de autodescubrimiento, de auto cuidado y del muy anhelado amor propio. Por ello es que el placer merece vivirse, sentirse, experimentarse y compartirse.

Hablemos de Lelo
Antes que nada debemos aclarar que Lelo no es solo una compañía de juguetes sexuales, no, lo suyo es más grande e importante, Lelo es una marca comprometida con el bienestar integral y la salud sexual.
A la fecha he tenido oportunidad de acompañarlos en un par de eventos en los que no solo integran de forma perfecta la sexualidad con un plan de bienestar integral, sino que además, hablan de tantos temas que muchos ni se imaginan que pueden impactar en nuestra sexualidad. Es por ello que lo suyo va más allá de los juguetes y el placer, pues Lelo nos invita a conocer y aprender. Y sí, por conocer y aprender también me refiero a partir de nuestro cuerpo, gustos y deseos.
Recuerdo la primera vez que fui a un evento de Lelo, cuando un amigo se incomodó al ver los juguetes sexuales expuestos, como si se tratara de algo malo o feo que estuviera dañando su panorama, aún contemplando que los diseños de Lelo resultan muy estéticos. La realidad es que no había tal problema, simplemente en él había mucha pena.
En otra ocasión, unos amigos vieron un juguete que yo tenía en casa, lo cual no es ningún secreto. Algunos se sorprendieron, otros se incomodaron, pero lo que más me gustó fue que todos preguntaron. Aquella conversación fue maravillosa. Hoy podría asegurar que gracias a aquel momento, un par de ellos ya tienen su Lelo.
Y no, este texto no es para promover la venta de juguetes sexuales, es para abrir la conversación, para recordar que el placer es natural y que es válido experimentar. Ya si lo quieren hacer de la mano de Lelo, les puedo asegurar que lo van a disfrutar, pero ante todo, se trata de conversar y recordar que está bien querer saber y sentir más.
Porque hoy, hablar de sexualidad no solo es tocar el tema del placer y el self-care sino que también es hablar de bienestar emocional.