Hay sueños que comienzan como una idea y, con el tiempo, se convierten en proyectos que crecen más allá de lo que imaginábamos. Para María Cobar, fundadora de María Cacao, lo que comenzó como una producción en casa hoy tiene un espacio propio en Ciudad de México, donde el cacao mexicano es el punto de partida para crear experiencias, compartir su valor cultural y construir una comunidad a su alrededor.
Hace apenas unos meses, el proyecto abrió las puertas de su nueva casa en Tabasco 327.

Hace un año me contabas que soñabas con tener tu propia tienda. Hoy ya es una realidad. ¿Qué sientes al ver que ese sueño se cumplió?
Ha sido un proceso de mucho trabajo, porque hicimos todo de manera muy manual, sin un plan de arquitectos detrás. Nos involucramos en cada detalle. El cambio de casa fue un poco cuestión del destino, al igual que encontrar este espacio. Siempre había querido tener una casa así, donde pudiera separar las experiencias del local. Abrimos hace apenas tres meses y, aunque el proceso tomó su tiempo, finalmente se hizo realidad.
Al ver todo lo que has construido desde que comenzaste, ¿qué es lo que más te sorprende?
Todo. A veces me paro frente a la casa y simplemente me quedo mirando. Cuando veo que hay gente en el local, sentada y tomando cacao, pienso: “No puedo creerlo. ¿En qué momento pasó?”.
¿Qué es lo que más disfrutas de María Cacao?
El equipo. Más que conocer gente nueva, disfruto convivir con ellas, crecer juntas y apoyarnos. Me gusta estar dentro de ese núcleo que hemos construido.
Claro que me encanta platicar con los clientes y recibir a las personas que vienen, pero también puede ser abrumador. A veces parece que, por tener un espacio abierto al público, la gente piensa que puedes estar disponible a cualquier hora. Y no es así: también tengo que trabajar para que todo funcione. Lo que más disfruto es compartir ese proceso con el equipo, no solamente estar aquí para recibir a la gente.
Has vivido distintas etapas con el proyecto, desde tener la producción en tu casa hasta abrir este espacio. Si tuvieras que empezar de cero, ¿qué no cambiarías?
Haber empezado desde mi casa. Creo que, si no lo hubiera hecho así, no tendríamos el núcleo familiar que tenemos hoy ni una relación tan personal entre nosotras. No sé si sea algo sostenible para siempre, pero para los primeros años ha sido perfecto. Me enseñó muchísimo y nos permitió construir una dinámica muy cercana.


Uno de tus sueños era tener tu propia tienda y llevar María Cacao a otras partes del mundo. Ahora que estás cumpliendo esos objetivos, ¿cuál es el siguiente paso?
Llevamos un tiempo trabajando en Londres y estamos a punto de entrar a una de las tiendas más importantes de Inglaterra. Todavía no podemos decir cuál es, pero es una oportunidad que podría cambiarnos la vida.
También queremos tener una presencia más fuerte en Estados Unidos. Ya enviamos cacao, pero todavía no estamos tan presentes como nos gustaría. Creo que el siguiente paso podría ser abrir una tienda en Londres. ¿Por qué no?
¿Qué sientes al ver que poco a poco estás cumpliendo los sueños que tenías?
Me siento muy satisfecha. A veces nos concentramos demasiado en pensar cuál es el siguiente paso, qué queremos lograr después y qué más podemos hacer, cuando también es importante detenernos a reconocer lo que ya conseguimos.
Para mí, se trata de disfrutar cada día y resolver los problemas que tienes enfrente. Al final, cuando te vas a dormir, lo importante es sentir que hiciste tu parte. Si ese día resolviste varios problemas, atendiste bien a tus clientes y lograste que alguien se fuera contento después de tomar su cacao, eso ya es mucho.
Está increíble tener sueños y pensar en todo lo que quieres lograr, pero también hay que aprender a soltar un poco el futuro”.
Cuando termina el día, quiero sentirme satisfecha con lo que hice, en lugar de quedarme pensando todo el tiempo en lo que todavía me falta.

¿Qué significa María Cacao para ti? ¿Lo ves como un proyecto de vida al que te gustaría dedicarte siempre?
Ahora que el proyecto está creciendo, quiero concentrarme más en entender qué es María Cacao como marca. A veces la gente lo confunde conmigo y yo también puedo confundirlo, porque estoy muy involucrada en todo. Pero María Cacao no soy yo.
Con el tiempo, quiero poder separarme un poco del negocio y tener espacio para hacer otras cosas. Si algún día quiero ser mamá, casarme o dedicarme a otros proyectos, no quiero que todo dependa de que yo esté aquí. Parte de mi objetivo es que María Cacao pueda crecer y funcionar por sí solo.
Quiero que el equipo conozca la historia del proyecto, entienda por qué hacemos las cosas de esta manera y pueda explicar lo que hay detrás de la marca. Que yo pueda irme de vacaciones y que todo siga funcionando. Incluso, que el negocio pueda continuar sin mí.
Esa es mi misión: que no sea una empresa que dependa de una sola persona, de su personalidad o de su estado de ánimo. El cacao y lo que queremos transmitir a través de él son el centro del proyecto. Poco a poco quiero ir soltándolo, como cuando le enseñas a alguien a andar en bicicleta y empiezas a quitarle la mano para que pueda avanzar por sí mismo.
Después de cumplir tantos sueños y construir un proyecto como este, ¿qué significa el éxito para ti?
Para mí, el éxito es estar en paz y sentir agradecimiento. Irte a dormir con amor en el corazón y sentirte bien con la vida que estás construyendo.
Hace poco, por ejemplo, aparecí en una revista impresa. Fue increíble, pero también tuve ese pensamiento de “¿y luego?”. Me di cuenta de que, aunque es algo padrísimo y lo agradezco muchísimo, no es lo que realmente importa para mí.
No quiero que mi felicidad dependa de esas cosas. Si llegan, qué increíble; y si no, tampoco pasa nada. Lo importante es hacer las cosas porque te gustan, porque te hacen feliz y porque sientes que estás aportando algo positivo al mundo con un buen producto.
Creo que el éxito, como ser humano, tiene más que ver con ser feliz, estar en paz, cuidar tus relaciones, estar cerca de tus seres queridos y tratar bien a las personas. Eso es lo que realmente importa para mí.
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