Para Miguel Rodarte, formar parte de Mal de amores significó mucho más que interpretar a Diego Sauri. Desde que llegó al proyecto entendió que estaba entrando a un universo que llevaba años esperando llegar a la pantalla y que, además, lo hacía de una manera muy especial: de la mano de Catalina Aguilar Mastretta hija de la autora Ángeles Mastretta
“Sabes que te estás enfrentando a una historia súper épica, a una novela de una de las autoras contemporáneas mexicanas más importantes que existen.”, cuenta el actor. “Pero si a eso le sumas que quien dirige y adapta la serie es la hija de la autora y tienes acceso a Ángeles de primera mano, sí sientes que estás formando parte de algo muy especial”.
Rodarte recuerda una historia que terminó de hacerle entender el peso personal del proyecto: cuando Catalina tenía 15 años le dijo a su madre que algún día dirigiría Mal de amores. “Ángeles tuvo muchísimas ofertas de otras personas que querían hacer la película o la serie. Les decía que no, porque Catalina, su hija, iba a hacerla. Se la guardó”.
Para él, esa cercanía permitió que los personajes conservaran su esencia. “Catalina creció con todos estos personajes a su alrededor, conociéndolos desde sus entrañas. Cualquier duda o desviación del personaje nos la iban a hacer saber desde la esencia pura de los creadores de la historia”.
En su caso, le tocó interpretar a Diego Sauri, un hombre que Rodarte define como “muy atípico para su época”: un sanador, viajero y librepensador que construye su familia desde una idea poco común para principios del siglo XX.
“Es un espíritu libre. No encaja en los cánones de la masculinidad de la época y tampoco cree en ellos”, explica. Esa libertad también marca la manera en la que educa a su hija Emilia. “La educa para que tenga la libertad de decidir lo que ella quiera hacer, en una época donde las mujeres solamente cumplen un rol específico asignado por la sociedad”.
Esa parte del personaje fue también una de las que más conectó con Rodarte. “Yo sí creo que el valor máximo en la vida es la libertad”. El actor encuentra además en Diego una forma distinta de relacionarse con la fuerza femenina. “Diego no se siente amenazado por la fuerza femenina. Él no busca amar a través del control y del miedo”, explica. “Lejos de sentirte amenazado porque tu mujer sea una persona fuerte, te puedes sentir fortalecido también”.
Para Rodarte, esa conversación es justamente una de las razones por las que Mal de amores, aunque ocurra durante la Revolución Mexicana, puede seguir hablando del presente. “En la medida en que uno desaprenda todo lo que viene arrastrando por siglos y pueda apreciar la fuerza de la mujer como un complemento y no como una competencia, un desafío o una amenaza, creo que esos hombres van a empezar a vivir de mejor manera en este mundo”.
Y después de una producción que describe como una verdadera familia, la sensación con la que se queda es sencilla: “Me deja muchísima gratitud. Como actores todo el tiempo estamos deseando que nos lleguen personajes de este tipo, historias de este tipo y producciones de este tipo. No se puede pedir más”.
Fotos: Cortesía Netflix
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